martes, abril 27, 2010

A LOS GAUCHOS


POR UN BICENTENARIO  GAUCHO

Raza valerosa y dura
que con pujanza silvestre
dio a la patria en garbo ecuestre
su primitiva escultura.
Una terrible ventura
va a su sacrificio unida,
como despliega la herida
que al toro desfonda el cuello,
en el raudal del degüello
la bandera de la vida.

Es que la fiel voluntad
que al torvo destino alegra,
funde en vino la uva negra
de la dura adversidad.
Y en punto de libertad
no hay satisfacción más neta,
que medírsela completa
entre riesgo y corazón,
con tres cuartas de facón
y cuatro pies de cuarteta.

En la hora del gran dolor
que a la historia nos paría,
así como el bien del día
trova el pájaro cantor,
la copla del payador
anunció el amanecer,
y en el fresco rosicler
que pintaba el primer rayo,
el lindo gaucho de Mayo
partió para no volver.

Así salió a rodar tierra
contra el viejo vilipendio,
enarbolando el incendio
como estandarte de guerra.
Mar y cielo, pampa y sierra,
su galope al sueño arranca,
y bien sentada en el anca
que por las cuestas se empina
le sonríe su Argentina
linda y fresca, azul y blanca.

Luego al amor del caudillo
siguió, muriendo admirable,
con el patriótico sable
ya rebajado a cuchillo;
pensando, alegre y sencillo,
que en cualesquiera ocasión,
desde que cae al montón
hasta el día en que se acaba,
pinta el cubo de la taba
la existencia del varón.

Su poesía es la temprana
gloria del verdor campero
donde un relincho ligero
regocija la mañana.
Y la morocha lozana
de sediciosa cadera,
en cuya humilde pollera,
primicias de juventud
nos insinuó la inquietud
de la loca primavera.

Su recuerdo, vago lloro
de guitarra sorda y vieja,
la patria no apareja
preocupación ni desdoro.
De lo bien que guarda el oro,
el guijarro es argumento;
y desde que el pavimento
con su nivel sobrepasa,
va sepultando la casa
las piedras de su cimiento.

Leopoldo Lugones


“En nuestra llanura se han dibujado rasgos de nobleza. La figura ecuestre sin la cual quedaría incompleto el panorama donde se inscribe la pampa le confirió a estas tierras relieve de nobleza. Desde la más remota antigüedad ha tenido el caballo una profunda significación.  
Nos refieren viejas historias que Dios creó el caballo para el hombre; de ahí la compenetración mítica de ambos dada en el centauro; diéronle los antiguos un sentido esotérico al noble bruto. Sin necesidad de ahondar en ríos ocultos  podemos atender a lo evidente; Es el equino el único medio que lo transporta al hombre al hombre “a su medida”. El panorama visto desde un caballo adquiere una perspectiva y una dinámica particular, no de características ficticias, como desde un medio mecánico o incluso desde otro animal, sino reales, con un matiz distinto del pedestre; matiz que pareciera ser misteriosamente acorde al hombre mismo, lo que confirmaría aquello de “…creado para el hombre”.
Ahora bien; el interrogante que enseguida se nos presenta es serio: ¿Por qué en todo momento histórico vemos unido lo noble al caballo? En Occidente el noble es fundamentalmente caballero; en ningún momento de la historia europea se desatan los lazos que unen al hombre noble con el noble bruto. En la antigüedad (Grecia, Roma, en la Edad Media e incluso en los tiempos modernos y contemporáneos) la caballería ha sido siempre el último reducto en caer ante el avance arrollador de lo degradante. La causa de esto lo podemos buscarla en parte, en el hecho de que esa nueva forma de percepción de la realidad que proporciona el caballo es de privilegio; no está hecha conforme a lo vulgar sino a lo noble. El mero hecho de montar a caballo implica una suerte de iniciación; iniciación en el manso dominio  de la bestia que con el tiempo llega a convertirse en una compenetración total, capaz de fundir hombre y caballo. Se trata en cierto modo del animal más sensible de la creación; hasta un niño puede conducirlo. El caballo ennoblece, enaltece,  enorgullece al jinete.
Rasgos de nobleza, habíamos dicho se han dibujado sobre la pampa. Hasta el más pobre gaucho poseía este atributo noble. El verdadero estanciero – servidor de la tierra al estilo feudal -, el soldado que guerreó en las luchas civiles, los conquistadores del desierto fueron todos hombres de a caballo.
El que cabalga se afirma sobre el caballo, sobre la tierra y paradójicamente, sobre sí mismo. Cabalgar supone amar la lejanía. Supone también flotar por sobre las cosas rastreras y minúsculas. La mirada altiva – expresión de nobleza – que levanta el árabe sobre el desierto y nuestro gaucho sobre la pampa debe nacer de alguna manera de esa situación especial que se da en la altura vertical y viviente que sólo puede proporcionar la magnificencia de la figura ecuestre. J.V.S.

*Fuente y Extracto de: “Tres reflexiones sobre la pampa”, Revista Hostería Volante nº 20,  Año IX, julio 1967, La Plata, p. 23*.

¡POR EL BICENTENARIO 1810-2010 DE LA ARGENTINA, SALUD!

*EDITO: gabrielsppautasso@yahoo.com.ar DIARIO PAMPERO Cordubensis e INSTITUTO EMERITA URBANUS. Córdoba de la Nueva Andalucía, 21 de Abril del Año del Señor de 2010. En el día fundacional de ROMA, 754-749 a. C. – 21 de abril – 2010. SOPLA EL PAMPERO. ¡VIVA LA PATRIA! ¡LAUS DEO TRINITARIO! ¡VIVA HISPANOAMÉRICA!  Gratias agamus Domino Deo Nostro! gspp.