lunes, abril 04, 2011

*LA FORMACIÓN IDEOLÓGICA DEL PERONISMO*.

“Ha llegado la hora de no tener más ideología que la patria ni más partido que la patria misma”. (JUAN DOMINGO PERÓN, 1973)

Editó: Lic. Gabriel Pautasso

*PERÓN y la legitimidad política (1943-1955)*

Por JUAN FERNANDO SEGOVIA

*EDICIONES DEL COPISTA *

Córdoba: Del Copista, 2007. 294 p. Correos-e: elcopista@arnet.com.ar 

I.                   *EL TIEMPO DE PERÓN*

“Ha llegado la hora de no tener más ideología que la patria ni más partido que la patria misma”. (JUAN DOMINGO PERÓN, 1973)


El panorama inmediato de advenimiento del peronismo está constituido por el mundo de la segunda guerra mundial y las secuelas de la posguerra. Observando este escenario, la historia de la humanidad, dice PERÓN, está pasando  por una encrucijada, el mundo “está sometido al caos y a la desesperación”, producidos por la guerra mundial, situación en la cual sólo ha permitido a la Argentina vivir en una “ínsula de paz y de felicidad”.  La guerra creaba una peligrosa “confusión espiritual”, con el añadido riesgo que, en ese panorama, se infiltraran ideas exóticas, antinacionales, o, en palabras de PERÓN, “inquietudes ajenas a nuestra tradiciones”. En 1950, el panorama se ve más claro: la oposición  ideológica y política del occidente capitalista y el bloque soviético comunista señala una disyuntiva: o la guerra sangrienta o la infiltración ideológica. En este enfrentamiento, el comunismo lleva las de ganar si occidente no renuncia al individualismo capitalista, oponiendo una valla a los peligros de la infiltración ideológica.  EVITA resume la percepción angustiosa del momento, definiéndolo con sencillez: son “horas inciertas”.  

Y eso no se debe solamente a la crisis de la guerra en sí misma; es también la consecuencia de la subsiguiente crisis de la posguerra. Pocas veces PERÓN dejó trasmitir una visión catastrofista: salimos de una conflagración universal y ya estábamos a la puerta de la tercera gran guerra mundial. En su conferencia sobre defensa nacional de 1944, calificaba de utópica la idea de que la guerra podía evitarse; la historia mostraba que a pesar de las teorías, a corto plazo siempre aparecía una nueva conflagración. La idea es persistente. “Si ese cataclismo nos va a hacer rodar un poco, que rodemos todos juntos, que no nos disgregamos”. En 1953 la hipótesis de “una gran hecatombe” que golpea a las puertas, se repite junto a los anuncios de la inminencia de la tercera guerra mundial. La necesidad de inculcar la sensación de una profunda crisis, de constantes y severos trastornos, de graves u hondas convulsiones, ponía en marcha la teoría de la defensa nacional para la guerra, en un país adormecido y débil, que años de postración y explotación habían dejado sin capacidad de respuesta. Pero la clave está en que el enemigo es ahora interno, pues siempre hay quienes piensan en “la destrucción de la unidad nacional” y buscan ese fin por medios subrepticios. 

La manera corriente de representar ese escenario universal convulsionado por guerras reales o imaginadas, es presentarlo sometido a las fuerzas de una revolución. El mundo de PERÓN era un mundo en constante revolución, un mundo que vivía un proceso de cambio, de metamorfosis y de ajuste permanentes. PERÓN percibía que la enorme revolución mundial aparejaba grandes e inéditas transformaciones; intuía su época como el tiempo del cambio social por excelencia; y, consciente de ello, estaba entusiasmo con la idea de dominarlo. Es un proceso de doble lectura: en un primer momento, PERÓN describe un horizonte internacional – al que ARGENTINA no es ajeno – de crisis y revoluciones que trastocan el viejo orden, esta lectura es hacia fuera; sin embargo, el discurso no queda completo sin la lectura hacia adentro, esto es, el gobierno peronista hace lo que debe hacer para que la revolución venga contenida en los canales de la evolución que las políticas oficiales impulsan, especialmente por la unidad nacional. Un ejemplo: en 1948, decía a los legisladores que había tomado “las riendas del gobierno en medio de un mundo agobiado por la miseria, por la inflación y por otras dificultades que se oponían al retorno a la vida normal”, pero que había conseguido encarrilar la prosperidad nacional. Por eso, era el momento de unidad nacional, sin diferencias. “Ante los peligros que amenazaban la paz del mundo, hago una nueva exhortación a la concordia interna”; esto es, estar “cada día más unidos para hacer frente a cuanto pueda atentar contra la integridad física y espiritual de nuestra Argentina”.
La historia contemporánea,  desde la perspectiva de PERÓN, podía dividirse en ciclos revolucionarios: la revolución francesa acabó con la aristocracia y elevó a la burguesía; la revolución rusa terminó con la burguesía y encumbró a las masas proletarias. De éstas es el futuro del mundo, pues como el mundo evoluciona hacia lo social, la revolución y los gobiernos deben tener un contenido cada vez más social.  

“Ha muerto todo prejuicio burgués y nace una nueva era en el mundo, en la cual han de afirmarse día a día los derechos, la responsabilidad y la intervención de las masas obreras en la solución de los problemas fundamentales”.

La revolución mundial presentaba la ocasión de aprovechar las transformaciones prometidas y la ARGENTINA debía iniciar un proceso de adaptación a las novedades y primicias. En 1944 calificaba a la ocasión como momento decisivo en la historia de la humanidad y del país; era una época en la que debían buscarse nuevas estructuras en lo político, lo social y lo económico. En 1946, expresa: “El mundo, señores, vive momentos de reestructuración, de profunda evolución, que solamente los miopes o los simples pueden ignorar en estos momentos que posiblemente en otros tiempos no ha tenido. Esa responsabilidad de la clase trabajadora debe llevarnos a una profunda meditación sobre la acción a desarrollar en el futuro”.
Hay una sola ley a la que responder: “Hay que seguir la evolución”. Pero no es fácil, porque si bien se puede advertir el proceso de transformación no se puede vaticinar o profetizar su “fisonomía definitiva”; empero, PERÓN puede leer algunos de los cambios que este proceso acarrea; en lo social, se abolirán los privilegios; en lo político, llegará el tiempo de la democracia auténtica; en lo económico, advendrá la armonía entre trabajo y capital.
El signo de los tiempos era la revolución social; en mundo en crisis anunciaba una nueva era. El significado de esta evolución revolucionaria era tan profundo que marcaba un cambio clave: el fin de la política y el comienzo del tiempo de lo social; “estamos asistiendo – remarca PERÓN – al final de la organización política y al comienzo de la organización social”. Traducido al panorama de la realidad argentina, la revelación del sentido de los cambios en el mundo, adquiría un contenido específico: el peronismo es el anuncio del fin de la dominación oligárquica, eso que EVITA llamó “el siglo oscuro y doloroso de la oligarquía egoísta y vende-patria”.
Porque cuando PERÓN  encontró a su pueblo, éste había perdido todas las esperanzas de un futuro mejor, “SUS FUERZAS MORALES, MATERIALES Y CULTURALES SE ESTABAN PERDIENDO EN UNA NOCHE QUE NO TENÍA AURORA”.  Eran los momentos de la explotación oligárquica, moral y material, que PERÓN ARROJÓ PARA SIEMPRE DE LA HISTORIA. 


*La crisis del liberalismo argentino abrió paso al  peronismo, el cual generalmente se ha entendido como un populismo y variante inconclusa de la aspiración fascista, que sustituyó el Estado de derecho por un vínculo entre el líder y la masa. El autor controvierte esta generalizada interpretación, siguiendo minuciosamente el discurso de PERÓN en un contexto ideológico nacional y universal. En este libro, SEGOVIA penetra en las ideas de JUAN PERÓN y de EVITA, y las expone sistemáticamente, según se van entrelazando en el discurso de ambos, al hilo de las variantes modernas de la legitimidad política.

Para SEGOVIA, ni la legitimidad peronista puede entenderse sólo desde el liderazgo de PERÓN, ni el peronismo histórico PUEDE REDUCIRSE A UNA EXPERIENCIA POPULISTA. El autor estudia detenidamente cómo, al carisma del líder, el peronismo agregó una legitimidad de tipo nacional consagrada en el Estado peronista, y acabó REFORMULANDO UNA LEGITIMIDAD DE TIPO TRADICIONAL por la transformación de los vínculos políticos en una relación cuasi religiosa. EL PERONISMO DEVIENE ASÍ UNA FORMA POLÍTICA-IDEOLÓGICA SINGULAR, PROPIAMENTE ARGENTINA AUNQUE UNIVERSALMENTE MODERNA, UE INTENTA RECUPERAR FUERTES LAZOS COMUNITARIOS EN UNA SOCIEDAD INDIVIDUALISTA, AL SECULARIZAR CREENCIAS RELIGIOSAS ARRAIGADAS EN LA SOCIEDAD ARGENTINA DE MEDIADOS DEL SIGLO XX.*

Editó: gabrielsppautasso@yahoo.com.ar DIARIO PAMPERO Cordubensis. INSTITUTO EMERITA URBANUS. A 31 DE MARZO  del Año del Señor de 2011. Fiesta de SAN JUAN DE CAPISTRANO. COMFESOR. ¡VIVA LA PATRIA! ¡LAUS DEO TRINITARIO! ¡VIVA HISPANOAMÉRICA! gspp.