viernes, octubre 23, 2009

VI – LA GENERACIÓN LLAMADA “DEL 98”, LA INST1TUCIÓN LIBRE, DEL ATENEO


En los albores del siglo XX, los primeros declaradamente divorciados de su pueblo, de su patria, y de la cultura hispánica fueron precisamente los pertenecientes a la llamada “GENERACIÓN DEL 98”.

Por CONSTANCIO EGUÍA RUIZ

Uno de los principales, RAMIRO DE MAEZTU, más tarde convertido a la hispanidad y a la religión, y últimamente mártir del bolcheviquismo, nos describía cierto día el pensamiento y la finalidad de aquel movimiento pesimista y protestarlo. Avergonzados aquellos hombres de que en Convite y en Santiago los barcos españoles no hubiesen sido tan fuertes como los norteamericanos, se preguntaron el porqué de nuestra debilidad, y pensaron hallar el porqué de nuestra debilidad, y pensaron hallar su remedio en ideales de bienestar y de ilustración, los cuales encerró JOAQUÍN COSTA en la fórmula sabida de “escuela y despensa”. Y miraron al extranjero, como los “Amigos del País” del siglo XVIII, creyendo muy adelantadas fuera de España las ciencias y las artes, suscitaron, sin darse cuenta de ello, el ideal de desespañolizarse, para alcanzar a las demás naciones en la carrera del progreso.

Bien se ve, desde luego, lo que había de revolucionario y destructor de las nuevas doctrinas, ya que por buscar en lo de fuera cultura, riqueza, higiene del cuerpo, se daba de mano en lo de dentro al ideal antiguo, al ideal eterno español, la cultura y la higiene del espíritu, fuente de verdadera riqueza.
De ahí vinieron dos males. Uno fue, formarse una formarse una generación de pleno derrotismo, la cual sobre el desprecio del pasado español engendraba la impotencia práctica de la misma redención que mostraba desear, ya que ahogaba en germen la única rehabilitación posible, la de la tradición cristiana y española. Otro mal, y no menos grave, fue el perderse las ilusiones o esperanzas puestas en todo régimen de verdadero gobierno, y aguzarse así el concepto individualista de la democracia y de la libertad, tan simpático al carácter español. Uno y otro mal abría las puertas al socialismo anárquico, porque éste declara al pueblo en lo humano, árbitro y señor de su destino, al parar que le arranca de cuajo aquel espíritu vital y profundo que le daba su continuidad histórica.
Entre aquella generación o casta de hombres novecentistas, o del 98, los había discípulos o descendientes directos de SCHOPENHAUER, y estos eran, naturalmente una raza extraña de desencantados de la vida (aquí, de la vida española).porque la doctrina de aquel filósofo conduce directamente a ese remate.

“La vida es mala, y hay que trabajar por suprimirla; ella, o es esfuerzo cualquiera que sea”. Pero se daban también entre aquella gente no pocos pedantes, adoradores de NIETZSCHE, y, éste, asimismo, por caminos bien diversos, había conducirlos al pesimismo. NIETZSCHE no lleva directamente a esa conclusión fatalista. Pero, al exaltar, por el contrario, “la vitalidad de la planta humana”, y querer hacerla, a tuertas o a derechas, “lo más tropical posible” en sí y en los otros, y querer brutalmente con todo lo malo, y lo cruel, y lo cínico, si ello contribuye a la vitalidad del hombre, y al rechazar la verdad, la virtud y el bien, si se cree que perjudican a esa vitalidad egoísta, ¿quién no se asustará de las consecuencias de tal doctrina y no se despedirá de vivir suave y honradamente? ¿Quién no se hará fatal y pesimista?
Ciertamente, ese excesivo optimismo en la teoría nos eleva a las grandes decepciones y nos coloca, como orgullosos inadaptados, frente a una realidad que destila para nosotros amargura y desilusión. Por otro lado, el culto a la fuerza por la fuerza, de que hacen gala los nietzscheanos es al fin un corolario del concepto optimista de la naturaleza humana que profesó el liberalismo. Y sabido es que, a la postre, la fe demasiada en la naturaleza abandonada a sí misma produce una ciencia y una literatura sumamente triste, desencantada y pesimista, de la cual fueron ya ejemplo los románticos, y en la práctica llega hasta las convulsiones sociales que presenciamos.
Por eso, la vera España temblaba y se entristecía ante las desviaciones lamentables de aquella generación de escritores de “fin del siglo”, que, buscando el alma española que suponían perdida, no daban con el tuétano de ese espíritu. De ellos los principales, deplorando lo que veían, soñaron a su modo una reconstrucción ideal de España. Pero, ¿con qué resultado en sus lectores?
El mismo GANIVET, graciosamente ingenioso y más español que otros, cuando emitía “la fuerza creadora de su idea reconstructiva”, nos solía dejar humillados y maltrechos con su sátira escéptica y amarga. UNAMUNO, en medio de sus propias inquietudes contradictorias, nos venía siempre a declarar que precisamente en la interna lucha religiosa había él descubierto la característica subjetiva del español. ORTEGA Y GASSET no se hartaba de predicar la renovación de la masa hispana, pero había de ser, (condición desesperante) bajo el influjo externo y europeo de unos pocos. JOAQUÍN COSTA, cuya voz era siempre para España una excitación a la conquista de la fuerza, no le proponía para ello otro instrumento más que las armas de los tiempos nuevos, los libros, la economía, la despensa, y también cierta justicia ruda, pero justicia no encuadrada en las virtudes cardinales. Y parecidas a estas era las predicaciones patrióticas de otros muchos escritores de aquellas calendas.

Pues ¿qué se había de seguir de semejantes principios de resurgimiento, fundadas en el desprecio de la ESPAÑA TRADICIONAL y en la concepción MATERIALISTA de la cultura y de la historia? Que, más o menos tarde, despistado pueblo español, desconfiado de sí mismo, y sumiso en la materia, emplease sus energías más bien en suicidarse ante el fracaso de su impotencia. ¿Es algo diverso de un suicidio de esta clase la revolución COMUNISTA que descargo sobre ESPAÑA?
Otro peldaño directísimo hacia nuestra REVOLUCIÓN COMUNISTA lo pusieron desde sus varios organismos demoledores los intelectuales de la famosa “INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA”. Tal vez no ha existido en España jamás un artefacto tan diabólicamente dispuesto para dar al traste con el sentido cristiano y español de nuestro pueblo, como esta colección de doctores sui generis, inficionados todos ellos de raíz de libros, en ambientes extraños y más o menos comprometidos. La fuerza de su veneno se iba enseñoreando poco a poco a poco de toda la España llamada culta, tanto dicente como docente. Y el tósigo era tanto más nocivo para ella, cuanto que se lo iban inyectando suave y disimuladamente, pareciendo más bien que la lamían y halagaban con cariño.
LA “INSTITUCIÓN LIBRE” fue fundación, ya bastante antigua, de DON FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS en colaboración con DON GUMERSINDO ASCÁRATE y otros hombres conspicuos de significación claramente izquierdista y anticristiana. Y aunque ya desde el principio tendieron ellos, como quienes eran, a DESCRISTIANIZAR y a DESHISPANIZAR a los discípulos que sus padres incautos o mal intencionados ponían en sus manos; fue sólo más tarde, hará unos veinte o treinta años, cuando los hombres de la Institución comenzaron a influir poderosamente; justamente desde el día que se dieron maña para lograr pingües pensiones sobre el presupuesto del Estado. Hiciéronlo por vía de subvención a una serie de organismos por ellos creados y por el Gobierno de la nación opulentamente pagados y sostenidos. Y el colmo de tales subvenciones culturales fue, en efecto, el momento decisivo y culminante de su predominio.
Todo el mundo fue conociendo desde entonces, dentro y fuera de España, sus bien dotadas obras: la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, el Instituto de Material científico, el Museo Pedagógico nacional, el Museo de Ciencias Naturales, la Estación de Biología Marina de Santander, la Escuela Superior de Magisterio, el Instituto Esuela, la Residencia de Estudiantes, masculina y femenina, y otra porción de organismos culturales, dependientes en absoluto de la INSTITUCIÓN LIBRE y desligados por lo tanto de la inspección y monopolio del Estado. Más bien era la INSTITUCIÓN LIBRE la que amenazaba, por su parte, con monopolizar casi completo la enseñanza pública española; ya que habiendo copado casi en pleno el Consejo de Instrucción Pública, que últimamente se llamó “de Cultura”, comenzó a disponer a su capricho de los jurados para concursos para oposiciones a cátedras; y, teniendo ganados a su merced a muy altos personajes de la política, pudo ya influir notablemente en el nombramiento de los mismos Ministros de Instrucción Pública, autoridad máxima en la materia. Empezó, pues, de ese modo, a correr sin tasa el dinero de la nación por esa vías tortuosas y verdaderamente siniestras.

Alcanzaron pensiones subidísimas los prohombres de la INSTITUCIÓN, como directores de la misma: un COSSÍO, UN BOLIVAR, UN ALTAMIRA, UN RUDIO, UN BARNÉS, UN MOURELO, UN CASTILLEJO, UN JIMÉNEZ, etc., etc., … A varios de ellos y de sus paniaguad se les regalaron cátedras universitarias sin oposición alguna. Se puso en sus manos la prensa venal de gran especulación. Se les facilitaron medios para viajar por el extranjero y captarse nombradía y conocimiento en esferas culturales de otros países. Y mientras con esos medios extraordinarios los tales PRÓCERES institucionistas se apropiaban fuera de España. La exclusiva docencia española; muchos modestos sabios católicos de verdadero mérito veían en su impotencia que se les negaba lo más preciso para desenvolverse ellos mismos. Y, lo que aún es peor, veían que, a pesar de sus esfuerzos, la juventud hispana de uno y otro sexo, guiada por tales institutores, comenzaba a desviarse de los rumbos tradicionales de la vida clásica española. El trabajo de zapa de aquellos hombres funestos, se había enseñoreado de los centros docentes, y estaba modelando a su arbitrio el espíritu de aquella estudiosa juventud, y por ende la futura alma de la Patria.
Y NADA VALÍA que con cauta malignidad se hubiese captado y escogido para colaboradores o pensionados de la INSTITUCIÓN algunos hombres de derecha. Estos eran, en verdad, una mínima parte, y por ventura no los más distinguidos, y lo que es más importante, nada montaban como vocales en las decisiones de la Junta suprema. De suerte que, con ellos y sin ellos, fue minándose, en efecto, día por día, el espíritu juvenil de la España católica, y preparándose la explosión comunista y anárquica. Y es maravilla que, últimamente, al estallar la reacción gloriosa, haya todavía respondido tanta juventud, quier ilesa, quier contraria, el llamamiento supremo de la Religión y de la Patria. La Providencia de Dios nos ha deparado el remedio.
Y esa misma Providencia es, sin duda alguna, la que acabó de desenmascarar también a los hombres del “Ateneo de Cultura” de Madrid, otro gran foco de corrupción y aún de conspiración que padeciera España en estos últimos tiempos.
Días hubo en que el “Ateneos de Cultura” (que así se llamaba) fomentaba una cultura enraizada en la tradición hispánica e identificada con su espíritu. Eran los días de MENÉNDEZ y PELAYO el gran maestro, de BONILLA SAN MARTÍN (en esta parte bien orientado) y de sus fieles discípulos. Pero hace cosa de cinco o seis lustros, que le salió al Ateneo como un quiste maligno. Fue una tertulia o pandilla especial de literatos o periodistas inquietos y amargados, que tomaron posesión plena de aquella docta casa, no para hacer precisamente cultura española, sino para “hacer política”, la política más baja y antiespañola que conociera España.
No hablamos aquí de los socios modestos y sensatos que frecuentan la magnífica Biblioteca, o asistían a las clases y conferencias. Nos referimos tan sólo a los inquietos y bulliciosos que atronaban el salón llamado “La Cacharrería”, punto de unión y sede de muchas medianías fracasadas y de muchos vanidosos petulantes. Aquella especie de mentidero universal era el centro de las discusiones más atrevidas y de todos los más rabiosos prejuicios y sectarismos. El ambiente pútrido y disolvente de la Masonería se mascaba en aquella sala. Todo allí conspiraba a derribar por todos los medios el orden establecido; y al mismo tiempo que se blasfemaba de Dios en la tribuna, se atacaba, entre aplausos y ovaciones inenarrables, al Jefe del Estado, única persona que no podía defenderse.
El Ateneo era en los últimos tiempos de la Monarquía, presidido por don MANUEL AZAÑA, un centro de conspiración republicana y antiespañola, subvenciono por los gobiernos de Su Majestad. El triunfo de la República fue su propio triunfo. Los tertulianos de la “Cacharrería” se esparcieron para tomar su porción en el alegre reparto de los altos cargos. Y puede decirse que la tertulia ateneísta, durante la República, HA ESTADO GOBERNANDO, O DESGOBERNANDO a España y llevándola al abismo con suprema inconsciencia; hasta que ha despertado la espada vengadora del Ateneo, y la ha querido salvar arracándola de las garras del SOCIALISMO, antes que el fracaso de los gobernantes acabase de envolver a la nación entera en su propia RUINA…

*En suma, dice publicista OSCAR R. WAST en su libro “Jesuitas, opus dei, cursillos de cristiandad. (Origen y Finalidad)” México DF, 1971, 217 páginas, a modo de conclusión: “Observamos a JOSÉ ESCRIVÁ DE BALAGUER en sus origines (década de 1920) como capellán de estudiantes en Madrid y profesor de la escuela de periodismo de “El Debate”, periódico que pertenecía a la A.C.N.D.P. El terreno espiritual de España en ese momento es un intrincado laberinto donde el laicismo y el liberalismo – con parte de la INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANSAS”, que dirigió GINER DE LOS RÍOS con auténtico sentido de maestro y que tuvo en distintas generaciones de españoles pensantes un influjo decisivo. Nos permitimos transcribir algunas citas de J. CÉSAR CHÁVEZ mencionando al Instituto y a su director GINES DE LOS RÍOS. (Cfr. JULIO CÉSAR CHÁVEZ: “Itinerario de Manuel Machado” Ed. Nacional, año 1968. En este libro a propósito de la vida del poeta se inserta el desenvolvimiento del Instituto Libre de Enseñanza, páginas 32 y siguientes: La Institución “no era sólo una escuela, sino un Centro de carácter social y político, en muchos cosas semejante a un Orden religiosa, en el que un grupo de científicos del siglo XIX trató de impulsar de una nueva España”. (Páginas 54, 55)*.

GRATIAS AGAMUS DOMINO DEO NOSTRO!

Editó Gabriel Pautasso
gabrielsppautasso@yahoo.com.ar
DIARIO PAMPERO Cordubensis

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