lunes, noviembre 10, 2008

10 de Noviembre 1834 – 10 de noviembre - 2008: Día de la Tradición


JOSÉ HERNÁNDEZ nació el 10 de noviembre de 1834 en el hogar formado por los jóvenes esposos RAFAEL HERNÁNDEZ e ISABEL PUEYRREDÓN, quienes vivían en el caserío de Perdriel, hoy partido de San Martín, en casa de VICTORIA PUEYRREDÓN, hermana de ISABEL y familiarmente llamada mamá Totó.
Fue bautizado el 27 de julio de 1835, en Buenos Aires, con el nombre de JOSÉ RAFAEL.

LA DIPUTACIÓN POR LA CAPITAL

Fue este diario el primero que publicó la lista de candidatos probables para Diputados al Congreso por la Capital.
En esa lista figuran los nombres de los Señores MIGUEL NAVARRO VIOLA, NICOLÁS CALVO, EXAQUIEL PAZ, JOSÉ HERNÁNDEZ y otros que reputábamos dignos de ser presentados de la Capital de la República en el Parlamento.
El Comité Central ha sido consecuente con nuestras opiniones, previsiones y deseos al proclamar los mismos ciudadanos que hace veinte días designábamos.
Una excepción debemos reprochar al Comité, no como agravio a nuestras opiniones, sino a la del pueblo, de la que hemos sido legítimos intérpretes, y es la postergación de la candidatura del Sr. D. JOSÉ HERNÁNDEZ.
Son pocos, muy pocos, los hombres públicos, que con mejores títulos, más honorabilidad y más competencia que HERNÁNDEZ puedan ir a ocupar un asiento en el Congreso, que hace muchos años que debía haberlo ocupado para haberlo ocupado para utilidad y honra del país.
Los antecedentes políticos de Don JOSÉ HERNÁNDEZ no son de hoy, hace veinte años que viene militando en la mejor causa, sin defeccionar un día, sin desviar un paso en el norte de su carrera política.
En la última discusión que vino a suscitarse con motivo de la Capital de la República, fue el Sr. HERNÁNDEZ el que descolló por sus ideas, su palabra, su influencia personal y la autoridad de su persona.
HERNÁNDEZ ha disipado nubes del horizonte, preocupaciones de la conciencia y prevenciones del espíritu.
Lo hemos oído en las notables sesiones de la Legislatura de Buenos Aires, en sus discusiones en los círculos sociales y en sus conversaciones familiares.
La solución del grave problema le debe mucho a HERNÁNDEZ, como le deben otros incidentes ulteriores a que ha contribuido con entusiasmo y desinterés; de ahí están las actas de las sesiones de dos años de la Legislatura en que dominan sus ideas sensatas, sus aspiraciones nobles y la influencia de su simpática persona.
Como escritor es singular; sus obras se leen en todos los ámbitos de la República; sus versos son citados por los más eminentes literatos en sus obras maestras y cantados en las payadas del gaucho en la pulpería; son la lección moral en la escuela, la tradición narrada en el hogar, la rapsodia popular en el festín y la máxima sentenciosa en la hora del castigo; son el consuelo del viajero al través de la Pampa y el fantasma zumbador en las horas terribles de la pesadilla del criminal.
JOSÉ HERNÁNDEZ como inteligencia, como ciudadano laborioso, como trabajador incesante del progreso, como orador, como hombre honrado, simpático y popular debe ir al Congreso.
No comprendemos ciertas aberraciones en hombre que se abrogan el derecho de dirigir la opinión; ni comprendemos tampoco esa oscuridad en la conciencia y esa docilidad en la voluntad del pueblo, para obedecer a sugestiones tan contrarias a la justicia y a sus propios intereses.
Nuestras palabras puede no significar nada, pero que conste que como uno de los tantos órganos de la opinión, no somos cómplices en la injusticia que se hace con el Sr. HERNÁNDEZ; su persona es casi una necesidad en el Congreso y ya lo conocerán el pueblo y el Gobierno, cuando se busquen en el seno del Parlamento hombres de ciencia especial y de honradez a toda prueba.
Si la forma genuina y constitucional no estuviese subvertida por unos cuantos, si el pueblo llegase a los comicios su idea y voluntad propia, HERNÁNDEZ sería elegido por unanimidad absoluta, porque no hay quien no lo quiera y estime, salvo cuatro ambiciosos. –
(Las Provincias, edición del 2 de febrero de 1882. Buenos Aires), de FERMIN CHAVEZ, “José Hernández”, 2ª edición, volumen 1, Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, págs. 30, 213, 215.

EL “MARTIN FIERRO”

El poema gauchesco MARTÍN FIERRO, obra maestra en su género, es una de las cumbres de la literatura argentina, y consagrada como valor universal. Sin embargo, su más sólido precio es el de “testamento y mandato político de la argentinidad”. Su timbre específico es el llanto varonil de un pueblo, de un ser nacional vencido, pero no domeñado. El clamor contra un crimen casi consumado, pero que no pudo matar a la víctima.
El asesinado era el pueblo argentino, pero su alma vivía y se manifestó en el poema confiando en la Divina Providencia, a la espera de la Resurrección.
En Caseros-Monte Palomar fue vencida la Argentina, y en seguida comienza su tarea, impuesta por los vencedores, de transformar al pueblo, para alejarlo de Dios y entregarlo a lo material. El pueblo se resiste, y el alma de la resistencia está en lo gaucho. Es entonces cuando MITRE y SARMIENTO optan por destruir al criollo. La persecución es atroz, y cuando cae el último montonero (FELIPE VARELA) y toda resistencia armada es imposible, comienza el relato de JOSÉ HERNÁNDEZ. Ha dejado la lanza y el gemir de la guitarra irá acompañando en las sierras y las pampas, en los valles y cuchillas, en los fogones y en las taperas, el relato de la iniquidad:
“Soy guacho”; “Nadie me puede quitar aquello Dios me dio”; “Atiendan la relación que hace un gaucho perseguido”;

Yo he conocido esta tierra
En que el paisano vivía
Y su ranchito tenía
Y sus hijos y mujer…

Explica luego la vida tranquila de la familia criolla y las faenas de campo con que se sustentaban los hogares:

Ricuerdo… ¡qué maravilla…
Cómo andaba la gauchada
Siempre alegre y bien montada
Y dispuesta pa el trabajo…
Pero al presente… ¡barajo!...
No se la ve de aporriada…

Eran los tiempos buenos tiempos de la PATRIA robusta, cuando gobernaba ROSAS, y

El gaucho más infeliz
Tenía tropilla de un pelo…


Pasa después a referirse a la actualidad (de 1852 a 1872, y ahora…):

Estaba el gaucho en su pago
Con toda seguridá,
Pero aura… ¡barbaridad!...
La cosa anda tan fruncida,
Que gasta el pobre la vida
JUIR DE LA AUTORIDÁ;


Y cuenta cómo se efectúa la persecución, para terminar preso, asesinado o de soldado en la frontera, mientras la esposa y los hijos quedan en el abandono, el rancho se convierte en tapera y sus tierras la ocupan los extranjeros.
El origen de los males no lo ignora, y es por esto que en lugar de Gran Bretaña dice INCALAPERRA.
Termina el poema así:

Por ser ciertas las conté
Todas las desgracias dichas:
Es un telar de desdichas
Cada gaucho que usté ve…

PERO PONGAN SU ESPERANZA
EN EL DIOS QUE LOS FORMÓ…


Seis años después publicó la segunda parte, o La vuelta de Martín Fierro, donde relata que con otro gaucho (CRUZ) decide ir a vivir entre los indios salvajes, la vida bárbara de éstos, la vuelta al pago, el encuentro con los hijos y los consejos que les da. En esta parte indica cómo debe proceder quien quiera salvar al pueblo argentino, y confía, como criollo de ley, en el Ser Supremo:

Y HAN DE CONCLUIR ALGÚN DÍA
ESTOS ENRIEDOS MALDITOS…
DIOS HA DE PERMITIR
QUE ESTO LLEGUE A MEJORAR.

Editó Gabriel Pautasso
DIARIOPAMPERO Cordubensis,

Córdoba de la Nueva Andalucía, 10 de noviembre de 2008. Cátedra: Juan Bautista Thorne.

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