martes, mayo 04, 2010

*LA CONQUISTA ROMANA* (ver DP nº 254)

Parece sorprendente, a primera vista, que entre las mil ciudades de GRECIA y de ITALIA haya habido una capaz de someterlas a todas. 


Editó: Lic. Gabriel Pautasso

Este acontecimiento se explica, sin embargo, por las causas ordinarias que determinan el proceso de negocios humanos. La sabiduría de ROMA – como toda sabiduría – ha consistido en saberse aprovechar de las circunstancias favorables que encontraba.
En la obra de la conquista romana pueden distinguirse dos períodos. Uno concierta con el tiempo en el que viejo municipal aún tenía mucha fuerza: entonces fue cuando ROMA hubo de superar los mayores obstáculos. El otro pertenece al tiempo en el espíritu en que el espíritu municipal andaba muy decaído: la conquista se realizó entonces fácil y rápidamente.

1. ALGUNOS CONCEPTOS SOBRE LOS ORIGENES y LA POBLACIÓN DE ROMA.  Por FUSTEL DE COULANGES, La Ciudad Antigua, p. 461, cap. II.
Los orígenes de ROMA y la composición de su pueblo merecen notarse, pues explican el carácter particular de su política y el papel excepcional que, desde el comienzo, desempeñó entre las demás ciudades.
La raza romana estaba extrañamente mezclada. El fondo principal era LATINO y originario de ALBA; pero esos mismos albanos – según tradiciones que ninguna crítica nos autoriza a rechazar – procedían de dos pueblos asociados, pero no confundidos: uno era de raza ABORIGEN, verdaderos LATINOS; el otro, de origen, de origen extranjero, y se le decía venido de TROYA con ENEAS, el sacerdote fundador: éste era poco numeroso, según todas las apariencias pero respetable por el culto y las instituciones que había aportado, (El origen troyano de ROMA era una opinión admitida aun antes de que ROMA ESTUVIESE EN RELACIÓN CONSTANTE CON ORIENTE. Un antiguo adivino, en cierta predicción que se refería a la segunda guerra púnica, dio a los romanos el epíteto de trojugena, TITO LIVIO, XXV, 12).
Estos albanos, mezcla de dos razas, fundaron a ROMA en un sitio donde ya se le elevaba otra ciudad, PALLANTIUM, fundada por los griegos. La población de PALLANTIUM se quedó en la nueva cuidad, conservando los ritos del culto griego. (Tito Livio I, 5 y 7. Virgilio, VIII. Ovidio, Fast., I, 579. Plutarco, Cuest. Rom., 76. Estrabón, V, 3, 3. Dionisio, I, 31, 79, 79, 89.) También había, en el lugar donde más tarde estuvo el CAPITOLIO, una ciudad llamada SATURNIA, que se creía fundada por los griegos. (Dionisio, I, 45; I, 85; Varrón, De lengua lat.,        V, 42; Virgilio, VIII, 358; Plinio, Hist. Nat., III, 68. )
Así, pues, todas las razas se asocian y confunden en ROMA: hay latinos, troyanos, griegos; pronto habrá hasta SABINOS y ETRUSCOS. Véanse las diversas colinas. El PALATINO es la ciudad latina, luego de haber servido de asiento a los compañeros de HÉRCULES, se convirtió en la de los SABINOS de TACIO. El QUIRINAL recibió su nombre de los QUIRITES sabinos o del Dios sabino. El CELIO parece haber sido habitado desde el origen por los ETRUSCOS. (De los tres nombres de las  3 tribus primitivas, los antiguos siempre creyeron que un nombre era latino, otro sabino y el tercero etrusco). ROMA no parecía ser una sola ciudad; parecía una confederación de muchas ciudades, cada una de las cuales se relacionaba por su origen con otra confederación. Ella era el centro donde los latinos, etruscos, sabelios y griegos se encontraban.
Su primer rey fue un latino; el segundo, un sabino, según la tradición; dícese que el quinto fue hijo de un griego; el sexto, un etrusco.
Su lengua era un compuesto de los elementos más diversos, predominando el latino; pero las raíces sabelias eran numerosas, y se encontraban más radicales griegas que en ningún otro de los dialécticos de la Italia central. En cuanto a su nombre mismo, no se sabía  qué lengua pertenecía. Según unos, Roma era una palabra troyana; según otros, palabra griega; existen razones para suponerla latina; pero algunos antiguos lo creían etrusca.
Los nombres de las familias romanos atestiguan también gran diversidad de origen. En tiempos de AUGUSTO aún había una cincuentena de familias que, remontando en la serie de sus antepasados, se incorporaban a los compañeros de ENEAS. (DIONISIO, I, 85. JUVENAL, I, 99; SERVIO TULIO, ad AEN., V, 117, 123). Otros decían descender de los arcadios de EVANDRO, y desde tiempos inmemoriales los hombres de estas familias llevaban en el calzado, como signo distintivo, una media luna de plata. (PLUTARCO, Cuest. rom., 76). Las familias POTICIA y PINARIA descendían de los que se llamaron compañeros de HÉRCULES, y sus sucesores en el culto hereditario de este dios. (TITO LIVIO, I, 7; IX, 29). Los TULIOS, los QUINTIOS, los SERVILIOS, vinieron de Alba tras la conquista de esta ciudad. Muchas familias asociaron a su nombre un sobrenombre que recordaba extranjero; así los SULPICIOS CAMERINOS, los COMINIOS AURUNCOS, los SICINIOS SABINOS, los CLAUDIOS REGILENSES, los AQUILIOS TUSCOS. La familia NAUCIA era troyana; los AURELIOS, sabinos: los CELIOS procedían de Preneste; los OCTAVIOS eran originarios de Velitras. 
El efecto de esta mezcla de poblaciones diversas fue que ROMA tuvo de lazos de sangre con todos los  que conocía. Así podía decirse latina con los latinos, sabina con los sabinos, etrusca con los etruscos y griega con los griegos.
Su CULTO NACIONAL también era un conjunto de varios cultos, infinitamente diversos, cada uno de los cuales la ligaba a uno de estos pueblos. Tenía los cultos griegos de EVANDRO y HÉRCULES,  y se vanagloriaba de poseer el PALADIÓN troyano. Sus penates estaban en la ciudad latina de SAVINIO. Desde su fundación adoptó el culto sabino del dios CONSO. Otro dios sabino, QUIRINO, se implantó tan fuertemente en ella, que lo asoció a su fundador, ROMULO. También tenía los dioses de los etruscos, sus fiestas, sus augurios y hasta sus insignias sacerdotales.
En un tiempo en que nadie tenía derecho de asistir a las fiestas Religiosas de una nación si no pertenecía a ella por nacimiento, EL ROMANO POSEÍA LA VENTAJA incomparable de poder concurrir a las ferias latinas, a las fiestas etruscas y a los juegos olímpicas. (Los romanos afectaron muy pronto referir su origen a TROYA; véase TITO LIVIO, XXXVII, 37; XXIX, 12. Asimismo se dieron prisa en atestiguar su parentesco con la ciudad de SEGESTA (CICERON, In Verrem, IV, 33; V, 47); con la isla de SAMOTRACIA (SERVIO, Aen., III, 12), con los peloponenses (PAUSANIAS, VIII, 43); con los griegos (ESTRABÓN, V, 3, 5).
Luego la religión era para ella un lazo poderoso. Cuando dos ciudades poseían un culto común, se llamaban parientas: debían considerarse como aliadas y prestarse mutua ayuda; en esta antigüedad no se conocía otra unión que la establecida por la religión. Así. ROMA conservaba con gran cuidado todo cuanto podía servir de testimonio a este precioso parentesco con las otras naciones. A LOS LATINOS les presentaba sus tradiciones sobre RÓMULO; a los sabinos su leyenda de TARPEYA y de los TACIOS; alegaba ante los griegos los viejos himnos  que poseía en honor de la madre de EVANDRO, himnos que no comprendía, pero que persistía en cantar. También conservaba cuidadosamente el recuerdo de ENEAS; pues si por EVANDRO podía llamarse parienta de los peloponenses, por ENEAS lo era de más de treinta ciudades desparramadas por toda ITALIA, SICILIA, GRECIA, TRACIA, y ASIA MENOR, que tuvieron a ENEAS por fundador, o eran colonias de ciudades por él fundadas, y teniendo consecuentemente un culto común con ROMA. Puede verse en las guerras que hizo un culto común  con ROMA. Puede verse en las guerras que hizo en SICILIA contra CARTAGO y en GRECIA contra FILIPO, qué partido sacó de este antiguo parentesco.
La población romana era, pues, una mezcla de diversas razas, su culto un compuesto de muchos cultos, su hogar nacional una asociación de múltiples hogares. Era casi la única ciudad cuya única religión municipal no la aislase de las demás. Tenía parentesco con toda ITALIA, con toda GRECIA. No existía casi ninguno pueblo que no pudiera admitir en su HOGAR.

2. Primeros engrandecimientos de ROMA. (753-330 antes de Cristo).
Durante siglos en que la religión municipal estaba vigorosa en todas partes, ROMA reguló su política en ella. Se dice que el primer acto de la nueva ciudad fue raptar algunas mujeres sabinas: la leyenda que parece muy inverosímil, si se piensa en la santidad del matrimonio entre los antiguos. Pero ya hemos visto que la religión municipal prohibía el matrimonio entre personas de ciudades diferentes, a menos que esas ciudades tuviesen un lazo de origen o un culto común. Estos primeros tenían derecho de casamientos en ALBA, de donde eran originarios; pero no con sus otros vecinos, los SABINOS. Lo que RÓMULO quiso conquistar desde el primer momento no fue algunas mujeres, sino el derecho de casamiento, es decir, el derecho de contraer relaciones regulares con la población sabina. Para esto fue necesario establecer entre ella y él un lazo religioso: RÓMULO adoptó, pues, el culto del dios sabino CONSO, y celebró una fiesta.  La tradición añade que durante esa fiesta raptó a las mujeres; de hacerlo así, los casamientos no se hubiesen podido celebrar; según los ritos, pues el primero y más necesario acto de matrimonio consistía en la TRADITIO IN MANUM, esto es, la entrega de la hija por el padre; RÓMULO hubiese fracasado en su empeño. Pero la presencia de los
Sabinos y sus familias en la ceremonia religiosa y su participación en el sacrificio establecían entre ambos pueblos un lazo tal, que el CONNUBIUM no podía rechazarse. No había necesidad de un rapto material: el jefe de los romanos había sabido conquistar el derecho del casamiento.  
El joven que ha vestido togam virilem, es un hombre hecho: ya se encuentra en el pleno desarrollo de su personalidad. Un día reflexiona y piensa que ha llegado para él también de formarse una familia, para lo cual debe elegir una esposa (uxor) entre las niñas romanas que pasean en el foro o van por la mañana apresuradas  al templo. Los nombres son bellos todos: CORINNA, CORNELIA, MARTIA, CAMILLA. Por fin la niña se encuentra: es hermosa, buena, y tiene también dote. Entonces el joven, después de comunicar su propósito al padre y a la madre, se resuelve al acto solemne de los esponsales (sponsalia). Visita al padre de la niña y le dice: ¿Prometes darme a tu hija como esposa? SPONDES TUAM NATAM UXOREM MIHI?
El padre, si está conforme, contesta: PROMETO (SPONDEO). El compromiso está formalizado: como símbolo de fidelidad la niña pone al dedo el anillo con que el joven le ha obsequiado; y éste recibe a la vez regalos de la prometida. Desde aquel día él se llama SPONSUS, y ella SPONSA. A esponsales sucede la boda. Si se trata de PATRICIOS, la ceremonia se desarrolla del siguiente modo: la futura esposa, que no tiene más de quince años, deja la víspera su traje de soltera, la toga praetexta y la consagra junto con sus crepundia a los LARES de a familia. Al acostarse se pone un vestido especial, la tunica RECTA y una red encarnada (reticulum). A la mañana siguiente viste el raje de boda: es un largo ropaje blanco, liso, que cae hasta los pies, y encima una palla o manto que, graciosamente recogido sobre la cabeza, envuelve su rostro y deja caer sobre la frente sus cabellos divididos por la mitad. Pero la palla en lugar de ser blanca como la usan las matronas, e de color azafrán, o más bien de llama amarillenta, lo cual ha sido causa de que se llame flammeum. El hecho de que por primera vez a mujer se cubre con la palla como con un velo el día de la boda ha merecido a éste el nombre de NUPTIAE, del verbo NUBERE que significa VELAR. . El pie va calzado con un brodequin también de color amarillo.  
Los prometidos acompañados de sus padres, de diez testigos y de los testigos y de los invitados, que se alinean bajo los pórticos del SACRARIUM, se adelantan hacia el altar. El Flamin de JUPITER ofrece a JUNO, que preside las bodas, un sacrificio en el cual las libaciones se hacen con vino mezclado con miel y leche, y en que figura un pan de trigo llamado FAR, llevado y presentado por la novia. Esta ofrenda hace que el matrimonio CONFARREATIO.
Al salir del sacrarium las dos familias se encierran con los testigos en el escritorio o tablinum para tratar y hacer la escritura de la dote (dos).
Al aproximarse la noche, en el momento en que VESPER, la estrella de Venus, aparece en el cielo, la esposa es conducida a casa del esposo.
Tres jóvenes nacidos de matrimonio patricio (paraymphi) fingen arrancar a la joven de los brazos de su madre: Dos la toman cada uno por una mano y el tercero se coloca delante de ella con una antorcha de espino blanco para alejar los maleficios.
Se forma el cortejo nupcial que avanza al resplandor de la multitud de antorchas. La procesión es muy ruidosa y animada por cantos FESCENINOS, bromas muy libres que los muchachos hacen llegar a oídos de la joven esposa.
Llegados a la casa del marido, cuyo umbral está adornado con coronas y cintas de lana, una voz de adentro pregunta: ¿QUIÉN ERES? ¿QUÉ QUIERES? Y la esposa contesta: “ALLÍ DONDE TÚ SEAS CAYO, yo seré CAYA ( ubi tu Gaius, ibi ergo Gaia)”, queriendo con ello significar que va a entrar en aquella casa como soberana y señora (domina).  
Una vez entrada, recibe las llaves (claves), la rueca (colus) y el huso de hilar (fusas), como símbolo de las ocupaciones que la esperan.
Luego se celebra la cena nuptialis, una comida esplendida, alejada en el interior de la casa con música de flautas y de liras, y afuera por los cantos del pueblo (Populus), que espera a que el novio se asome y le tire nueces (nuce). De allí el uso de los confites nupciales.
El pueblo luego se dispersa cantando el saludo augural:

boni
Cónyuges, bene vivite. 

Al siguiente se remata la fiesta con un banquete de gala (repotia) del cual participan parientes y amigos.
Otras formas de matrimonio son la compra-venta (coemptio), cuya significación primitiva está simbólicamente representa por la balanza, y el usus por el cual el matrimonio era considerado duradero después que por su expresa y libre voluntad, la esposa había vivido un año en casa del esposo.
 * CANTO NUPCIAL *

Tollite, o pueri, faces:
Flammeum video venire:
Ite, concinite in modum;
-          Io Hymen Hymenaee io,
-          Io Hymen Hymenaee.  

Así, el historiador DIONISIO, consultó los textos y los himnos antiguos, asegura que las SABINAS se casaron según los más solemnes ritos, lo que confirman PLUTARCO y CICERÓN. (DIONISIO, II; PLUTARCO, RÓMULO, 14, 15, 19; CICERON, De Rep., II, 7. Si se observan atentamente los relatos de estos tres historiadores y las expresiones que emplean, se reconocerán todos los caracteres del matrimonio antiguo; por eso nos inclinamos a creer que esta  LEYENDA DE LAS SABINAS, transformada con el tiempo en la historia de un rapto, fue en su origen la leyenda de la adquisición del CONNUBIUM con los sabinos. Así parece haberlo comprendido CICERÓN: Sabinorum connobia conjunxisse. De Orat., I, 9).
Es digno de notarse que el primer esfuerzo de los romanos haya tenido por resultado hacer caer las barreras que la religión municipal colocaba entre ellos y un pueblo vecino. No ha llegado hasta nosotros ninguna leyenda análoga referente a ETRURIA; pero parece seguro que ROMA tenía con este país las mismas relaciones que con el LACIO y la SABINA. Su intención consistía, pues, en unirse por el culto y por la sangre a los que la rodeaban. Deseaba celebrar el connobium con todas las ciudades, y prueba que conocía bien la importancia de este lazo es que no toleraba que las otras ciudades sometidas por ella le celebrasen entre si. (TITO LIVIA, IV, 43; XXIII, 4).
ROMA entró en seguida en guerra en una larga serie de sus guerras. La primera fue en contra los sabinos de TACIO, y se terminó con una alianza religiosa y política entre ambos pequeños pueblos. (Sacris communicatis, CICERÓN, De Rep., 11, 7). En seguida declaró la guerra a ALBA: los historiadores dicen que ROMA osó atacar a esta ciudad, aunque fuese colonia de ella. Quizá por ser colonia consideró necesario para su propia grandeza el destruirla. En efecto, cada metrópoli ejercía sobre sus colonias la supremacía religiosa, y como la religión ejercía entonces tanto IMPERIUM, mientras ALBA subsistía en pie, ROMA SÓLO PODÍA SER UNA CIUDAD DEPNDIENTE, y sus destinos serían por siempre por siempre limitados.  
Destruida ALBA, ROMA no se contentó con dejar de ser una colonia; pretendió elevarse a la categoría de METRÓPOLI, heredando los derechos y la supremacía religiosa que ALBA había ejercido hasta entonces sobre sus treinta colonias del LACIO. ROMA sostuvo largas guerras por obtener la presidencia del sacrificio de las víctimas. Los reunió, pues, bajo su  supremacía religiosa, de superioridad y de dominación que en aquel tiempo se concebía.
Elevó en su recinto un templo; hizo que los latinos acudiesen a celebrar allí los sacrificios, y hasta atrajo a los sabinos. (TITO LIVIO, I, 45. DIONISIO, IV, 48, 49). Así acostumbró a ambos pueblos a compartir con ella y bajo su presidencia las fiestas, las oraciones, las carnes sagradas de las víctimas. Los reunió, pues, bajo su supremacía religiosa.
ROMA es la única ciudad que haya sabido aumentar su población con la guerra. Practicó una política desconocida al resto del mundo greco-italiano, incorporándose todo lo que vencía. Transportó con ella a los habitantes de las ciudades rendidas, y de los vencidos hizo poco a poco romanos (es el destino manifiesto de ROMA). Al mismo tiempo envío colonos a los países conquistados, y de este modo sembró a ROMA por todas partes, pues sus colonos, aun formando ciudades distintas desde el punto de vista político, conservaban con la metrópoli la comunidad religiosa: ahora bien, esto era bastante para que estos colonos se viesen obligados a subordinar su política a la de ROMA, a obedecerlo y  ayudarla en todas sus guerras.
Uno de los rasgos característicos de la política de ROMA  consistía en adoptar todos los cultos de la de las ciudades vecinas. (¡eran ecumenistas, como ahora!). Se preocupaba tanto de conquistar a los dioses como a las ciudades. Se apoderó de una JUNO de VEYES, Etruria, de un JUPITER de PRENESTE, de una MINERVA de los FALISTOS, de una JUNO de LANUVIO, de una VENUS de los SAMNISTAS y de otras muchas que no conocemos. (TITO LIVIO, V, 21, 22; VI, 29; OVIDIO, Fast., III, 837, 843. PLUTARCO, Paral. De las hist. gr. y rom., 75).
“Pues era costumbre de ROMA – dice un antiguo, CINCIO, cit. por ARNOBIO, Adv. Gentes, III, 38 – recibir las religiones de las ciudades vencidas; unas veces las difundía entre sus gentes, y otras les concedía un puesto en su religión nacional”.
MONTEQUIEU aplaude a los romanos, como un refinamiento de hábil política, el no haber impuesto sus dioses a los pueblos vencidos. Pero esto hubiese sido absolutamente contrario a sus ideas y a las de todos los antiguos. ROMA conquistaba a los dioses de los vencidos y no les daba los suyos. Conserva sus protectores y procuraba aumentar su número. Quería poseer más cultos tutelares que cualquier otra ciudad.
Por otra parte, como la mayoría de estos cultos y dioses se tomaban a los vencidos, ROMA estaba en comunión religiosa, por medio de ellos, con todos los pueblos. Los lazos de origen, la conquista del CONNUBIUM, la de la presidencia de las ferias latinas, la de los dioses vencidos, el derecho que pretendía tener de sacrificar en Olimpia y en Delfos, eran otras tantos medios con los que ROMA preparaba su dominación. Como todas las ciudades, tenía su religión municipal. Fuente de patriotismo; pero ella era la única ciudad que la utilizaba para su engrandecimiento. Mientras que la religión aislada a las otras ciudades, ROMA tuvo la habilidad o la buena fortuna de emplearla para atraer hacia ella todo y dominarla todo.

 *BIBLIOGRAFÍA ESPECÍFICA:

*JOSÉ CARATTI, Cultura y Nomenclatura Latina, Imprenta de la Universidad, 1959, Córdoba, la edición a cargo del DR. SILVINO PAUTASSO.
*JOSE CARATTI, GRAMÁTICA LATINA, 3ª edición, Imprenta de la Universidad, Córdoba, 1931
*JOSÉ CARATTI, GRAMÁTICA LATINA con Diccionario Latino-castellano, Editorial ASSANDRI, Córdoba, 9ª EDICIÓN, varios años.
*A. GUASCH, Gramática Latina, 2ª Edición, Buenos Aires, 1940.
*FUSTEL DE COULANGES, LA CIUDAD ANTIGUA, Emecé Editores, Buenos Aires, 1966.
*PIGANIOL, André, HISTORIA DE ROMA, Eudeba, Buenos Aires,  1961.
Editorial Universitaria de Buenos Aires.

DIARIO PAMPERO Cordubensis INSTITUTO EMERITA URBANUS. 
Córdoba de la Nueva Andalucía, 12 de mayo del Año del Señor de 2009. 
Fiesta de San Gregorio Nacianceno. 
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Revisado: 15 de abril del 2010.