martes, agosto 31, 2010

*INAUGURACIÓN DEL MONUMENTO AL FUNDADOR DEL COLEGIO, DR. IGNACIO DUARTE y QUIRÓS*.




*PALABRAS DEL RECTOR, ING. RAFAEL BONET 31 – X – 1940.  Al cumplirse 70 años*  

Editó: Lic. Gabriel Pautasso

Saludo al señor Ministro de Justicia e Instrucción Pública, investido de la alta representación del Poder Ejecutivo de la Nación, y pongo en sus manos el corazón de esta juventud.
Vamos por un instante a golpear en la puerta del templo de la historia. En acto íntimo, con unción religiosa, dejaremos caer el laurel de la ofrenda sobre el plinto del monumento que emerge ya, palpitante de luz, en su sueño de siglos. Llegamos envueltos en la atmósfera cálida y fragante del santuario que en nuestro interior hemos levantado para adorar aquello que nos da el vigor en la ascensión del espíritu, aquello que es la razón de ser del existir en plenitud de bien y de verdad.  
Golpeamos y otras manos invisibles repiten los golpes suavemente. Se escucha a nuestro alrededor un rumor de voces y de cantos balbucientes, tal vez una oración, una elegía. Más lejos un grito, esa fuerte expresión que raya el alma; el grito, esa fuerte expresión que raya el alma; el grito revelador de un fuego interior, trémulo de esperanza, de piedad, de perdón, acabándose en sí mismo. Miramos: una columna, una sombra. Y el rumor se acentúa, y aquella sombra de almas que fueron, seres penetrados de honda gratitud, que dijeron un día esa santa palabra, que se elevaron serenos bajo el divino influjo eucarístico en la hora solemne de alcanzar el infinito; aquella sombra, como una teoría espectral que se insinúa desde lejos, desde la eternidad, se agrega a nosotros en este bello y delicado instante para venerar el espíritu del Padre del Colegio en el sitial consagrado por la fe y el amor.
Aquellos que supieron de su presencia luminosa; aquellos que recibieron la educación “en virtud y letras”, como lo manda y lo escribe el sacerdote insigne, el DR. IGNACIO DUARTE y QUIRÓS, y se cumple, hoy como ayer, en este recinto que es su templo, en este MONSERRAT que es el suyo y en nuestras almas que son su aposento; se unen y se confunden con nosotros, empujados por el mismo designio, para rendir en esta hora cristalina el homenaje reverente de su Colegio, de su Córdoba amada; homenaje que traduce, en su expresión más pura, la estrofa inmutable del amor, esculpida en lo hondo de nuestros corazones y cuyo profundo sentido moral, vibra como un estremecimiento de alas recién abiertas, en el alma de esta juventud monserratense, que eleva en lo alto las armas de DUARTE.
Ya está en el bronce. Inmortal en su esencia, sus hijos harán de él un símbolo. Frente al monumento, juventud del MONSERRAT, recogeos para dar al ritual de la alabanza todo el fervor debido, cuando la mirra consagratoria lo envuelva sutilmente en su halo de perfume. Llegad hasta él con alta dignidad, reverenciad el espíritu del Padre. Sobre la egregia figura, caiga el rocío de vuestro amor, embellecido de fe y de virtud.
DUARTE representa, en la historia de la cultura del país, la fuerza trascendente de más vigor que aparece en el claro oscuro de la Colonia. Dilatado y de límites inciertos, despoblado y sin rutas, el Virreinato representaba una realidad dura y hosca, frente a los propósitos de los hombres mejor dotados para desarrollar una empresa. Núcleos aislados de indios y españoles, de vida primitiva y simple, salpicaban precariamente la vasta soledad pampeana. En ese desierto de incertidumbres, de dudas, de miedo, de noches en acecho, largas y dolorosas, cobijado el pensamiento en el rincón misérrimo, frente a la cruz consoladora; los taumaturgos de la fe, ungidos por aquel dolor que iluminó el mundo, por aquél dolor humano y divino que se ofrendó a las almas en sublime caricia salvadora, para empujarlas hacia arriba, hasta azularlas en plenitud de belleza; los sacerdotes de Cristo elevan el credo sublime de la religión en el silencio inconmensurable de la Colonia. No saben adónde van; sólo saber que deben caminar, caminar siempre en esta inmensidad desconocida, hasta morir en la heroica cruzada, dejando en los espíritus sencillos el alivio de alcanzar la paz y la esperanza en el mañana.  
Y por esas caminos espinosos, en la aldea elegida, donde el Angelus del campanario de LOYOLA, derramada, por vez primero, la sinfonía del misterio en los crepúsculos, nace, a principios del siglo XVII IGNACIO DUARTE y QUIRÓS, de ilustre prosapia. Nació aquí, en Córdoba de la Nueva Andalucía, en la heredad de sus mayores. Conoció y percibió en toda su magnitud las expresiones delirantes de la lucha cruenta del evangelizador y del indio. Penetró en el fondo de las almas que gritaban inconscientes la ausencia de una moral; llegó hasta la intimidad de aquellos corazones deshechos en la tristeza de un vivir oscuro, sin Dios, sin verdad, sin esperanzas, rodando en la prolongada noche de la ignorancia.
DUARTE mojó sus dedos venerables en el llanto de aquellos ojos que se abrían por vez ante la revelación de la luz de la eternidad, consustanciada en el acto místico del santo, infundido de piedad, profundo en la invocación magnífica del verbo. Sus manos húmedas de esas lágrimas, bendecían a los huérfanos de toda caridad.
Presente en todos los sitios de la desesperanza, de la tragedia, arrancaba del abismo con el solo esfuerzo de su palabra persuasiva, los seres que se hundían en aquella vida monstruosa, instintiva y brutal, y los conducía de la mano, como hermanos perdidos, hasta el templo, hasta su propio hogar, y los prodigaba las enseñanzas necesarias a una nueva conformación de hábitos y costumbres; despertaba en ellos nobles sentimientos y los acercaba al sagrado fuego de la religión. Su corazón, acariciando al niño, - repitiendo a D´ANNUNZIO – “se cerraba como un nudo y se abría como un cáliz”. Su profundo amor por el adolescente se percibió desde su niñez y es ésa su mayor gloria. Esa vocación de Padre con la que se arrobaba al modelar paternalmente la pura sustancia del alma juvenil en la plástica de una dignidad capaz del bien, la practicó hasta morir, con el mismo fervor de los primeros días; porque él supo que esa elevada misión, representaba la más excelsa de las caridades y su corazón, que se abría como un cáliz, se volcaba en blanduras de lirios cuando su espíritu se extasiada en la obra cumplida de PADRE, MAESTRO y SACERDOTE.
DUARTE, SACERDOTE Y SANTO, integra su vida inmortal por su acción de EXCELENCIA ética y bienhechora, en una curva siempre ascendente, cuya trayectoria representada por la más jerarquía del intelecto y de la virtud, escribe en el tiempo, en caracteres imperecederos, uno de los poemas más sobresalientes que registra la historia de nuestra patria. DUARTE, movido de sólo impulso de la caridad, funda esta Casa para educar en virtud y letras. Alta misión de iluminado. Su espíritu imbuido de la fuerte sustancia de los sagrados libros, extrae el sentido de las palabras de SAN MATEO,: “los que instruyen en la justicia a muchos, serán como estrellas en perpetuas eternidades”. Y la Laudación Primera refiriéndose a estos imperativos, dice: “Fue impulsado a fundar esta Casa de estudios superiores donde se formarían en toda justicia y en todas las virtudes los nobilísimos adolescentes de todas estas provincias”.
¿Qué había dentro de este Padre excepcional?
Había todo: una magnitud espiritual, extendiéndose al infinito, plena del más profundo conocimiento del alma humana, y movida por una fuerza divina, cuyo foco central encarnaba el amor. Es del amor la obra de DUARTE, es la caridad su creación, es de la piedad su esencia. Su acción se resume en su obra. Por ser obra del espíritu, dice PASCOAES, “es invencible y sólo ella triunfa y se propaga” . Y la Segunda Laudación  consigna: “IGNACIO, sacerdote, cultivó todas las virtudes: fue casto, puro, modesto, prudente, deseosísimo de la salvación de los demás, castigador de crímenes, abogado y padre de los pobres. Así cuando él se dedicaba en casa, a los libros y a la contemplación de las cosas celestiales, se podía, con toda justicia, dudar si era más santo en casa o en el templo. Por eso DUARTE mereció ser venerado e imitado y llamado por el Rey Católico en las Cédulas reales, por las que se concedía fundar nuestro Colegio, Sacerdote, santo y docto”.  
Su fundación nace y rica: fuerte bajo el imperio del credo de Cristo; rica por el arcón que prodigó sus manos largas y blancas derraman hasta el último maravedí.
Así nace su Colegio, creación heroica, porque es de héroes esa voluntad, imponiéndose vidente en el desierto inhóspito de aquel amanecer del intelecto. DUARTE interroga el destino, de frente  ante la inmensidad que lo rodea. Penetrado del hondo sentido histórico de la civilización europea, con profundo saber filosófico, ungido con aquellas virtudes que le dan la propia luz para proyectarse sin sombras como las estrellas; de rodillas ante el altar de su madre, de su SANTA de MONSERRAT, formula un voto de esta fundación como el mayor homenaje de fe y de amor.
El santo se detiene con la mirada fija en el rostro de la MADRE; su alma, que ha recogido el dolor ancestral de los que sufren y dejaron sus vidas entre sus manos, parece que escapara de su forma tangible y se elevara embellecida de hondo misticismo, en la plegaria que formula trasuntando todo aquel dolor humano, bendecido y santificado en su sacerdocio.
Se recoge en sí mismo. Perdura en su frente un haz de luz. Repite en armonioso rezo la oración para todos, la oración que sólo aquellos labios podían expresar, porque esos labios sólo se abrían para decir a los hombres las palabras del Maestro.
Finaliza el siglo XVII. (1687-2010). El Colegio de DUARTE va a llenar su alta función en la vida estudiantil del Virreinato. La orientación de los estudios respondía necesariamente al espíritu de la época. Nuestro Colegio seguiría la tradición cultural de la Península: LA ENSEÑANZA de las LETRAS DIVINAS y HUMANAS, bajo un régimen absoluto de normas y preceptos morales y religiosos. Ya lo había dispuesto su Fundador: “EDUCAR en VIRTUD y LETRAS”. El contenido humanista de este concepto director explica suficientemente la tendencia en la formación de la juventud, cumplida con todo esmero y decoro en el Colegio.
Han pasado los siglos, del Siglo XVII al XXI. El instituto de DUARTE ha mantenido esa tradición hasta nuestros días. Ha respondido, eso sí, en todo momento, a la evolución de las costumbres y de los métodos de enseñanza, con un criterio armonioso de adaptación. SU PLAN  de ESTUDIOS (1927-1979) EN VIGOR desde hace catorce años (1927-1940), estructurado sobre las humanidades clásicas, es, a nuestro juicio el mejor condicionado para su fin.
El valor educativo de la antigüedad clásica (GRECIA y ROMA) en lo que respecta al estudio de sus lenguas, dice MONTOLIÚ, “proviene no sólo de su valor sustantivo de humanidad jamás superado en ningún otro período de la historia, sino también del hecho de que esta antigüedad         clásica es una época de culturada cerrada en sí misma, llegada hasta su término final y habiendo cumplido totalmente su evolución. Esto da un valor de experiencia insustituible para la juventud”.  
Resulta imposible y hasta aventurado pretender realizar obra de alta jerarquía en todos los órdenes de la especulación mental, sin el conocimiento directo y madurado de aquella cultura que conserva el frescor de una fuente inagotable, cuyo rumor inunda de voces permanentes el eterno andar de la humanidad, dando a los espíritus que procuran enaltecer su acción, el alimento sustantivo de su perenne belleza.  
Si por si acaso seccionáramos los vasos por donde circula la savia de aquellas raíces de las que la humanidad extrajo el perfume que dio a los seres una vitalidad más fuerte, un armonioso equilibro de las facultades, una radiante serenidad del intelecto, un sentido moral capaz de la ascensión permanente del espíritu; las generaciones así educadas caerían en la noche sin estrellas, bajo el frío de un crudo racionalismo, y carecerían de aquel contacto creador, fresco y puro, de esa civilización que ennobleció al hombre imprimiéndole un sello máximo de perfección. Serían, permíteseme el símil, como esos seres ausentes de infancia, del período inapreciable de la vida, en que la madre teje para la sutil urdimbre del tesoro mágico de nuestra sensibilidad: BONDAD, TERNURA, FINEZA; valores primarios en nuestra realidad de hombre, que ella extrae cuidosamente del fuego de su amor en un esfuerzo heroico, humano, y divino. Esos seres así constituidos, sin el nexo vital del primer período, tendrán que padecer la torturante noche de silencio prolongando sin el amor de la madre. No habrá en ellos en ellos esa poesía de la sensibilidad, que decora las maneras y atenúa los impulsos.
El río no puede ignorar su fuente y razonando con LAMARTINE, es un misterio, pero es un hecho, que la imagen de lo bello, que el tipo de lo bello, que el sentimiento de lo bello se repiten con mayor evidencia y fuerza en las obras maestras de la antigüedad. Esto no se demuestra, se siente”.
MARCEL PLAISANT decía, en un memorable discurso pronunciado en la Cámara francesa: “CONVENCIDO de la nobleza de la función que corresponde a la enseñanza secundario, quiero creer que jamás seremos bastante exigentes en la formación de la ÉLITE y en la decoración del espíritu. Es necesario elevar al pueblo para extraer de sus filas más humildes esa aristocracia que es indispensable para el perpetuo rejuvenecimiento de la verdadera democracia. Si se me permite pedir prestado la peroración de un orador romano, recordaré las bellas palabras que figuran en la defensa de SESTIO:  “Que la salvación de la ciudad repose sobre los mejores, sobre los que son grandes por su inteligencia, grandes por el carácter, grandes por el alma, porque esos hombres son los verdaderos defensores de los principios, de las libertades, de las tradiciones de la República”.
Sobre estos principios que fijan claramente una posición en la enseñanza media y que la experiencia nos permite subrayarlos como eficaces en sus resultados, reposa nuestro régimen educacional que custodia, alienta y dirige nuestra ilustre Universidad.  
Jóvenes premiados: HORACIO ALBERTO OLIVA VÉLEZ y EDUARDO RICARDO YOFRE. Sé que vosotros corazones laten fuertemente. Os veo embargados de una emoción que por vez primera vibra en vuestros seres: es la exteriorización de la virtud que se abre en flor sobre vuestras frentes, fruto del esfuerzo, de la constancia, de la dignidad.  
El insigne honor os obliga a una consagración sin desmayos en la dura ascensión de la montaña. Las armas de DUARTE, que ennoblecen el oro de la medalla, os escudan hasta ahí donde la integridad de vuestros procederes esté en consonancia y conserva el sentido de su mandato superior. El camino para ser hombres y llegar a la perfección lo tenéis abierto; y consiste en hacer de cada piedra del camino, una obra escultórica luminosa de amor y de belleza. Mantened el ritmo en la exaltación de los grandes valores del espíritu por el bien y la verdad. Vivid el poema del hombre y haced cada día un verso musical y profundo, que trasunte ese calor humano, generoso y bueno que nos hable de paz y Dios.
Esta estatua no llega tarde. Hace un siglo hubiera sido una gran estatua para un modesto Colegio. Hoy es una estatua modesta en un gran Colegio. Igual que el hombre despierto, con claro criterio y fuerte espiritualidad, que antes de construir su casa prepara cuidadosamente el marco decorativo que habrá de embellecerla y prestigiarla, cubriendo de árboles el predio, trazando con cariño las avenidas y canteros del jardín familiar, donde l casa será el lógico y precioso coronamiento; así, en estos veinte años, hemos procurado con asidua labor, ampliar los claustros, elevar las paredes, multiplicar las aulas, decorar externamente el edificio, y más que todo eso, interpretando la razón del Instituto, le hemos devuelto, solemnes y sonoras, las enseñanzas clásicas, caras al FUNDADOR, a la vez que custodiábamos el tesoro tradicional de la cristiana formación por él encomendada, y recién después de cuatro lustros de continuo bregar, cuadruplicada su población escolar, consideramos que la figura prócer de nuestro amadísimo Padre hallaría un digno recinto y un coro maravilloso de hijos amantes y reconocidos, presentes aquí a su alrededor.
De tal suerte, ESTATUA DE DUARTE y QUIRÓS deja de ser un frío monumento más en la vida artística de CÓRDOBA para centralizar una obra viviente, de perfil seguro, de prestigio resonante, honra de CÓRDOBA y de la Patria Argentina. Y glosando el verso admirable de HORACIO : “Nec magis expressi vultus pera enea signa Quam per vatis opus animus adparet” : “La mente del vate se revela más por la obra, que por el rostro expresado en la estatua de bronce”. Diremos también nosotros que la fisonomía augusta de nuestro FUNDADOR  está interpretada menos por el buril del escultor, que por el reflejo perenne de su mente previsora y provisora, en las almas de los alumnos, en las enseñanzas de los maestros, en los afanes de los rectores, en las aulas y en los claustros, en las bibliotecas y gabinetes, en fin, EN LA MAGNÍFICA IRRADIACIÓN DE LA OBRA SECULAR DEL MONSERRAT.
*CENA DE DESPEDIDA A BACHILLERES. 4-XI-1938*

*…Y cuando se ha reasumido en lo infinito, cuando ya no es más que azul de inmensidad su grande alma, sobre la tierra florecida y fructificada por su por vasta fatiga, siguen cruzando aún – nubes ubérrimas preñadas de lluvia y de aurora – sus ideas, sus doctrinas, sus páginas que exaltan nuestros espíritus, como al proyectarse sobre el área campal, la sombra del cóndor hace levantar las frentes”.*

*LEOPOLDO LUGONES*
Nuestra campana, la campana de todas las horas, ha dejado de sonar. Su llamado familiar nos dice del principio y el fin de un sagrado deber.
Para vosotros, jóvenes bachilleres, el son de la campana será desde hoy un recuerdo de algo intensamente vivido. Entonces, su eco se repetirá en vuestro diario vivir, para que os ayude a cumplir las obligaciones de ciudadano y la vida no os ponga faltas ni suspensiones por incumplimiento de deberes y el honor, celoso guardián, os llame siempre para exaltar la lección de hombría de bien.
Los bachilleres de año pasados se retiraban del Colegio silenciosamente. Ni una palabra, ni un hecho singular subrayaba esa partida. Maestros y alumnos vivían esa hora confusa, indeterminada, de la separación de almas que seguramente en su fondo, aspiraban a un adiós que hiciera converger por un instante siquiera los afectos nacidos en el aula. ¿Cómo era posible esa separación, fría, indiferente, cuando se ha convivido seis años en intensa acción cultural? ¿Cuándo mediante una labor continua y de superior consagración de los maestros se ha llegado a plasmar en forma adecuada las jóvenes inteligencias? Si un simple contacto amistoso obliga a un adiós de manos apretadas en la puerta del hogar, esta larga conversación creadora, de seis años, que principia en vosotros perfilando un mundo nebuloso y termina elevando el espíritu hasta sentirse en la magnífica posesión de hombre, ¿puede clausurarse en silencio? Vosotros frente a la vida, frente a nuevos panoramas incógnitos todos, y nosotros, docentes que hemos cumplido una jornada que exige revisión, una conversación en pleno que traduzca la suma de todos los recuerdos de nuestra tarea al servicio de la juventud, debemos, tocados de íntima emoción, maestros y alumnos, juntar los corazones, alargar los brazos hasta sentir que ellos envolvieron todo el cuerpo en hermosa unión, para consagrar este instante trascendente de mutua amistad, fecunda en ideales y divina en su esencia; porque ella evidencia el más noble de los esfuerzos del hombre para el hombre, y deshoja en afecto y gratitud sobre la frente de los maestros que supieron dirigiros con verdad y con amor.
Os he reunido aquí por primera vez bajos estos venerables claustros de nuestro hogar común, donde la patria se siente mejor y es amada con más profundidad. He querido que vuestra partida posea el sello de un adiós que no muera. He querido que el abrazo de despedida mantenga vibrante en cada uno de vosotros la presencia del alma del Colegio en vuestras almas y la llevéis a esa presencia sin fatiga. He querido que se sienta y se concrete la unificación total de nuestros espíritus en un solo motivo, transparente de noble idealismo, “tal como en la misma gota de miel los jugos de diversas frutas”.
Esta mesa ha sido tendida para rendir un homenaje al amor. La decoran los colores de la Patria y los del manto sagrado de la Madre del Colegio, bajo cuya advocación nació y perdura en el tiempo. El ambiente es preciso a la reverencia. La preside el Señor Rector de la Universidad, DR. SOFANOR NOVILLO CORVALÁN. Su prestancia intelectual adquiere en este lugar singular significado. La eminencia de su dignidad eleva el rango del ágape cordial y su espíritu, animado siempre de esas inquietudes que tienden a la formación moral de la juventud; deja fluir, en la emoción que lo embarga, el hondo cariño que profesa a esta Casa donde se siente todavía maestro.  
Señor Rector: No sin una feliz coincidencia este banquete se celebra en el día que la Cristiandad consagra a SAN CARLOS BORROMEO, Patrono de la Universidad de Córdoba. Para la gran mayoría de estos jóvenes, entre esta despedida del Colegio y la bienvenida que Vos les daréis en nombre de la Universidad, no habrá más intervalo que el de un corto y merecido reposo.
Os ruego, señor, que reservéis un lugar preferente a estos hijos nuestros formados según el corazón de DUARTE y la mente de TREJO, pues ellos serán el baluarte de las mejores tradiciones y la vanguardia de las más arduas conquistas del saber.
Esta mesa tiene un sentido ajeno a todo designio utilitario. Los hombres que la rodean están perfectamente definidos; son afines en el propósito que les anima: por eso su rítmica cohesión. Árbol y fruto, expresión total de un complejo de vida y de esperanza, de acción y sueño; de jugos y armas; realidad sustantiva que se enorgullece en el decoro de su alcurnia nobilísima y exalta la virtud que florece en su contenido intrínseco. Virtud en el fino cristal con que simbolizó este abrazo; virtud en su sonoridad que repite voces de primavera; virtud en su transparencia que no nubla su contenido; virtud en el preludio del sueño juvenil armoniosamente subordinado al motivo musical de nuestra alma Mater; virtud en la acepción heroica, empenachando el espíritu para alcanzar los dominios de Dios.
JUVENTUD: en vosotros se manifiesta esplendoroso el canto de la vida, vierte en el coro el poema humano; grito de alegría que juega en los labios mostrando la fuerza corporal y el optimismo de vuestras ilusiones. Sois primavera y por lo mismo tibieza, exaltación desmedida, conjunto de esperanzas, torbellino de sueños de sueños que se confunden y se mezclan en la mañana de este día colmado de sugestiones creadoras.
JUVENTUD: La Novena Sinfonía, el monumento excelso de la música, vierte en el coro la poesía inmortal de SCHILLER, el Himno a la Alegría. Poesía y música se complementan en la obra magistral: música para la Alegría, himno para la Alegría. Bajo su influjo las almas se embellecen, vuelven al ritmo del amanecer, un poco de frescura en los afanes y una claridad llena de esperanzas en los crepúsculos.  
Dadnos JUVENTUD, aquello que es toda pureza en vuestros corazones; volcadla sin reservas en esta reunión para trasmutar el cansancio de nuestras vidas. Anhelamos que el entusiasmo que os embarga se extienda sobre esta mesa ofrendado en flores, para aumentar las flores que la decoran. Dejad hablar el corazón. Los aquí formados en estos nobles claustros saben del perdón y del amor. Dadnos JUVENTUD, la poesía de vuestras ilusiones.
Frente al propóleo del templo estáis viviendo el secreto de vuestros destinos. Vais a caminar solos. Los maestros de vuestra formación os dan el último abrazo, estremecidos de hondo cariño. Debéis llegar a toda costa a los altares del templo, allí donde flota la mirra que arde en los pebeteros de la consagración. Debéis llegar a ellos por el esfuerzo propio, camino del bien, de la verdad y de la belleza.  Ya sabéis algo del dolor y del amor. Sabéis también de las ponzoñas que deforman el espíritu; pero sabéis por sobre todo, que lleváis a conciencia un bagaje de ideas, de sugestiones nobles, de útiles enseñanzas adquiridas en este grande hogar de la cultura. Sabéis también que sois dueños de una concepción del mundo, suficiente para percibir con claridad la aspiración vocacional, y poséis un intelecto ágil, capaz de soluciones  adecuadas. Vais a caminar y por fuerza tenéis que luchar. La vida sería una cosa estúpida y sin sentido si no se manifestara en una permanente vibración de fuerzas opuestas. La lucha se presenta en dos formas fundamentales: la que tenéis que librar dentro de vosotros mismos y aquella  que se desarrolla en la vida exterior. Ambas deben ser concurrentes en su acción para lograr la ascensión del espíritu, porque ascender en el imperativo impuesto en la existencia del hombre. Es necesario luchar con tenacidad contra el fuego invasor de nuestros instintos, hasta apagarlo; contra esas resistencias que destruyen al ser moral; para que así, los superiores valores del alma, embellecidos en la verdad y en el bien, por obra del esfuerzo continuado con alta dedicación, traduzcan, en cada momento de lustras vidas, el divino lenguaje de Dios, en el hombre que os corresponde crear en su juventud.
Tenéis que luchar hoy más que ayer. En todos los órdenes de la actividad, las exigencias crecen a medida que avanzamos. La muerte de la propia emulación creará la tristeza del aislamiento. Si sentís que hora a hora declinan vuestras fuerzas morales, romped la apatía. Escudriñad por un instante el propio y rico acervo cultural adquirido en estos claustros; interpretad y extraed de la palabra de los profesores su profundo sentido humano; recordad esta noche donde los corazones se juntaron, palpitantes en un sentimiento común, cuya esencia en el tiempo dará a vosotros el impulso trascendente para seguir adelante en vuestro  destino, “Todo parece más hermoso – dice GAUTIER -, cuando es visto a la distancia y las cosas toman un relieve especial si son observadas en la cámara oscura del recuerdo”.
BACHILLERES: esta hermandad creada entre vosotros, dulce hermandad, sincera amistad, sea siempre fresco deleite de fuente, exquisita fragancia de flor siempre abierta. Mañana, ya agrupados en los estudios según vuestra vocación, no olvidéis estas bellas palabras dichas en la oración que SAN GREGORIO NACIANSENO escribió en honor de SAN BASILEO, su cordialísimo amigo  y compañero de estudios en Atenas:
“Nos guiaba una esperanza igual de adquirir doctrina y sin embargo toda envidia habíamos desterrado, ardiendo tan sólo en emulación. Nuestra disputa no versaba sobre a quién correspondiera el honor de ocupar el primer lugar, sino el de cederlo al compañero, ya que tanto uno como otro, reputábamos como propia la gloria del amigo. Dijérase que una sola alma fuera de ambos y que llevara dos cuerpos. Un  pensamiento único nos guiaba, el de adquirir virtud. Si no fuera arrogancia decirlo, éramos el uno para el otro como regla y norma de conocer y distinguir lo bueno de su opuesto. Nuestra plática no era ya con lo licenciosos y libertinos, sino con los mejores y más honestos jóvenes; tampoco usábamos con los bulliciosos, sino con los amantes de la quietud y de la paz. En cuanto a las disciplinas, nuestro gusto no se inclinaba hacia los más agradables, sino a los más excelentes”.
Un estudiante del Monserrat posee una mente creadora y una voluntad constructiva. El espíritu del claustro ha plasmado en vuestro mundo el principio cimental de una jerarquía moral, imperecedera e intransferible. Tenéis el deber de ser hombres y la consigna de dignificar el templo de DUARTE y cuidar de vuestros nombres.
Y ahora, el lema de FOUQUET: “¡¿Quo non ascendam?!, “¿Adonde no me será lícito ascender?”. Ya que sentís profundamente esta incitación, no olvidéis nunca que debéis acompañaros en esa ascensión del honor y del patriotismo.
*EDITÓ: gabrielsppautasso@yahoo.com.ar ALERTAS en el bunker, SOPLA EL PAMPERO, con el aceite hirviendo por la PATRIA HISPANOAMERICANA y ARGENTINA, gspp.*