domingo, octubre 31, 2010

LUCHAMOS y PERDIMOS p. OTTO SKORZENY

AUTOBIOGRAFÍA DEL LIBERTADOR DE MUSSOLINI

Editó: Lic. Gabriel Pautasso

Con estas líneas se concluyen las memorias del hombre que pasó a la historia al realizar la increíble hazaña de la liberación de MUSSOLINI. Después de VIVE PELIGROSAMENTE, OTTO SKORZENY se convirtió más tarde de su proeza en el Gran Sasso, en el hombre de confianza de HITLER para la realización de las más difíciles acciones bélicas. Misiones de extraordinaria importancia, así como los sucesos del 20 de julio de 1944, ocurridos a raíz del atentado contra HITLER, y las vicisitudes posteriores al fin de la contienda, momento en que SKORZENY FUE DETENIDO como presunto “criminal de guerra”, hasta su partida en 1948, son relatados con toda fidelidad por el fue llamado por sus adversarios “el hombre más peligroso de Europa”

+ A TODOS LOS CAMARADAS CAÍDOS EN LA GUERRA 1939-1945+ OTTO SKORZENY.

El Mando Supremo de la Marina de Guerra me había invitado en la Navidad de 1943 a un hogar de reposo para tripulaciones de submarinos. En Zuers, junto  a la montaña de Arl, estuvimos esquiando durante ocho días con buena nieve. Mientras tanto en Friedenthal se había realizado el trabajo preparatorio para una colosal guerra del papel, y al regresar empecé mi tarea en las oficinas del Mando Supremo de las Waffen SS. En nuestra patria toda unidad militar precisaba disponer de su KStN y KAN. Para los lectores que no gusten de abreviaturas las escribimos íntegramente: Comprobación de Efectividad de Guerra y Comprobación de Equipos de Guerra. Constituían gruesos cuadernos destinados al uso de cada compañía.

Mi buen capitán VON FÖLKERSAM  - que había ascendido – y yo, nos habíamos propuesto crear también para nuestra unidad especial las correspondientes KStN  y KAN y hace que las autorizaran: con nuestra escasa experiencia de subordinados creíamos entonces que las entregas de personal y material se obtenían fácilmente. Después de una espera de varias semanas y frecuentes discusiones, en las que había que luchar por cada hombre, cada pistola y cada coche, alcanzamos nuestra meta. Debíamos ir a buscar las autorizaciones. Esperábamos obtener por fin la recompensa a un trabajo tenaz.

Aquel día representó para FÖLKERSAM – como para mí y todos mis colaboradores – una gran desilusión: La KStN y la KAN fueron autorizadas y se ordenó oficialmente la formación del batallón de cazadores nº 502. El comandante de la reserva OTTO SKORZENY asumió el mando del batallón. La frase final inscrita en la orden de constitución me ha quedado bien grabada en la memoria. Nos conmovió profundamente, y no sabíamos si reír por la aparente broma de mal gusto o maldecir al mundo entero. Decía así: “No obstante, la oficina del Mando Supremo de las Waffen-SS llama expresamente la atención acerca del hecho de que no debe contarse con una entrega de personal ni de material”.

Teníamos, por lo tanto, sólo un papel mojado. Después de haber digerido el primer disgusto, nuestro antiguo grito de guerra “fácil para nosotros” nos devolvió nuestro buen humor y apreciamos adecuadamente la situación. Tomamos dos decisiones: la primera, tratar de comprender el engaño de dicha frase; segunda, elegir cuanto antes una base más amplia, es decir, la WEHRMACHT entera, como fuente de reclutamiento. Esta fue la causa de que más tarde, en mis unidades estuvieran representadas cada uno de las cuatro partes de la WEHRMACHT: Ejército, Marina, Fuerzas Aéreas y WAFFEN-SS.

De forma un tanto divertida conseguí que colaborase conmigo mi futuro AI (oficial de Estado Mayor), el aquel entonces teniente WERNER HUNKE. El departamento “Lejano Oriente” de la Oficina VI buscaba un buen jefe para la sección China. De manera complicada, y aún hoy para mí inexplicable, se habían enterado en la misma en la de que en una división de Finlandia existía un hombre con las cualidades que se requerían. Después de laboriosas gestiones y mucho papeleo el experto en asuntos chinos, WERNER HUNKE, fue trasladado a la Oficina VI, para dedicarse desde entonces al servicio de información política. Con gran asombro de todos los participantes se descubrieron en seguida dos circunstancias: en primer lugar, que HUNKE había nacido en China, pero había abandonado el país de los mandarines a la edad de un año y medio; en segundo, que no tenía deseos de dedicarse al servicio de información. Le conocí y me gustó. El mismo día de conocerle fue trasladado, como jefe de compañía, al batallón de cazadores n1 502; y nosotros le aplicamos un apodo de auténtico sabor chino: “PING-FU”.


En febrero de 1944 se sumó a mis funciones una nueva actividad que se podría llamar como de “Armas Especiales”. Después de que parte de ITALIA bajo de la dirección de MUSSOLINI, siguió luchando a nuestro lado, se habían estrechado las relaciones entre la WEHRMACHT italiana y la alemana. Tuvimos también noticia por la ABWEHR alemana de la actividad de una de las mejores unidades italianas, la “X FLOTILLA MAS”.

Entonces estaba bajo el mando del capitán de navío Príncipe VALERIO BORGHESE, miembro de una  de las más aristocráticas familias italianas. 
Esta unidad había desarrollado varios de los llamados medios de “combate especial” para su aplicación al mar. Contaban entre otros, con las pequeñas embarcaciones explosivas, cuyo piloto, poco antes de alcanzar su objetivo, era lanzado junto a su silla fuera de la embarcación y con un torpedo especial donde se sentaban dos buceadores que podían dirigirse bajo el agua contra el buque enemigo. Valientes comandos italianos ya habían realizado con esta arma dos ataques muy comentados en los puertos de Alejandría (Egipto) y Gibraltar (España). También había sido formada en la “X-Flotilla-MAS” una unidad de hombres-ranas, que, buceando, podía podían alcanzar un buque enemigo para adherirle una carga explosiva. Esta estratagema se mejoró con el invento de dos austríacos, el Brigada HASS y el Brigada N., ya conocidos antes de la guerra, estudiantes ambos por el aquel entonces. Se colocaban en los pies unas aletas de goma, y obtenían fotos muy interesantes bajo el agua. Estas aletas aumentaban la velocidad natatoria y les ahorraban energía física. El capitán alemán H., de la sección de Abwehr nº II había hundido él sólo mas de 50.000 toneladas en bruto de buques mercantes enemigos.

Cierto día recibí la orden de visitar al vicealmirante HEYE. Me recibió un hombre pequeño, muy vivo, de unos cincuenta años. Tenía el mando de las recién formadas “unidades de acciones especiales de la marina de guerra” (KdK). Algunos miembros escogidos de mi batallón debían participar en el entrenamiento. 
Las ideas fundamentales que fueron expuestas por el almirante, con el que pronto me unió una buena relación de trabajo y al que concedí mi confianza, eran convincentes y me impresionaron. La marina alemana, exceptuando a los submarinos, las unidades de lanchas rápidas y de minadores, no tenía ninguna posibilidad de actuar frente a grandes formaciones, ni de atacar a las flotas enemigas en la guerra del mar. Sólo las misiones de transportes y avituallamientos importantes le quedaron reservadas. Existían muchos soldados y oficiales de la marina cuya energía y espíritu bélico requerían actuaciones de cualquier índole.  
Partiendo de las experiencias de los italianos, el almirante HEYE y sus colaboradores crearon en pocos meses nuevas y eficaces armas especiales. La idea fundamental era aprovechar, en lo posible, lo existente y perfeccionarlo. Todo debía realizarse con la máxima rapidez, pues sabíamos que era cuestión de tiempo.

La guerra tocaba a su fin. Existían en Alemania bastantes hombres dispuestos a sacrificarse y a participar voluntariamente en una empresa peligrosa y con frecuencia solitaria. Todos querían luchar para la victoria alemana. ¿No era fascinante para cualquier hombre valiente atacar junto con algunos compañeros a los potentes barcos enemigos? Los constructores de la marina de guerra utilizaban los torpedos normales, descargaban la carga explosiva, colocaban una cúpula de vidrio y una manivela de dirección, montaban un segundo torpedo cargado debajo del primero, y el “torpedo humano tripulado” con el nombre de camuflaje negro y con 10 millas marítimas de alcance, aproximadamente, quedaba dispuesto.  

Los primeros torpedos tripulados representaron un arma bastante rudimentaria e imperfecta. Pero nuestra confianza en la sorpresa del enemigo estaba justificada. Al mismo empezaron las pruebas de perfeccionamiento, y en pocos meses se construyeron torpedos tripulados, capaces de sumergirse como un submarino de pequeño tamaño.

El primer ataque de esta nueva arma, en el que también participaron algunos hombres de mi batallón, constituyó un éxito completo. En la madrugada de un día de verano de 1944 veinte hombres de las unidades de acciones especiales empujaron hacia el agua sus pequeñas embarcaciones en la parte norte de la cabeza de puente aliada, cerca de ANZIO (ITALIA). Sin ser vistos, enfocaron sus objetivos hacia los barcos de guerra y de transportes anclados, y tiraron de la palanca para soltar el torpedo inferior. Pocos segundos más tarde se oyeron las explosiones, y la formación de buques de transporte salió bruscamente de su tranquilidad. Un crucero con averías, una lancha torpedera hundida y más de 30.000 toneladas de buques de transporte hundidas o averiados. Esto fue obra de un escaso número de soldados decididos. Siete hombres volvieron en seguida con sus torpedos y otros seis enfilaron hacia la cabeza de puente enemiga. En las noches siguientes regresaron a sus líneas arrastrándose entre las posiciones enemigas. Siete soldados habían hallado su tumba en el mar. Diversas misiones posteriores consiguieron otros pequeños éxitos en el mar Mediterráneo y en la costa del canal de la Mancha. El enemigo, naturalmente, se enteró pronto de la escasa consistencia de las pequeñas cúpulas de vidrio de los torpedos tripulados, y advirtió el peligro que  representaban. Allí donde aparecían, disparaban sobre las mismas desde todas sus baterías. Algunas veces tuvo éxito este truco: por la noche, echaban al agua, desde un avión, si el viento y las corrientes eran propicias, algunas cúpulas de vidrio que pudiesen flotar. Un nutrido fuego enemigo era concentrado de pronto sobre las inofensivas dianas. Mientras tanto se acercaban silenciosamente desde otra dirección los peligrosos torpedos tripulados.  

Los participantes que sobrevivieron del ataque en ANZIO fueron conducidos al cuartel general del Gran Almirante DÖENITZ, para recibir allí sus merecidas condecoraciones. Fue un noble gesto del Gran Almirante el invitarme personalmente a la pequeña fiesta, dada para honrar a los componentes de mi batallón. Todos los soldados de marina que intervinieron en el ataque fueron también mis huéspedes en Friedenthal. Se organizó un acto de fraternización, tan alegre y húmedo, como suelen ser los que se celebran entre los viejos y auténticos lobos de mar.  

No es mi propósito describir aquí todas las armas especiales y acciones de las unidades especiales de la marina de guerra. Sólo quiero exponer algunos hechos, ya que como técnico sentía gran admiración por todas las ideas nuevas y veía en el empleo de estas armas una posibilidad de acaba en algunos lugares con la pasividad de la lucha defensiva. Y sólo el hecho de que tales inesperadas actuaciones especiales se efectuasen con unos pocos soldados alemanes bastaba para infundir a los aliados cierta intranquilidad en todos los frentes. Una consecuencia inmediata podría haber sido la paralización de algunas fuerzas que ya no estaban total y exclusivamente disponibles para objetivos de ataque, por ejemplo.  

Por otro lado, si un enemigo extrae de su sistema de combate – que desde hacía varios meses era puramente defensiva – la fuerza y la tenacidad para realizar algunos ataques, esto siempre es para el bando enemigo una señal de que la voluntad de combatir aún no se ha extinguido y que, por tanto, no cabe despreciar al contrario. Nuestras lanchas explosivas, que representan una notable mejora sobre la construcción italiana, actuando bajo el nombre de camuflage “LINSE”. Se adoptaron las instalaciones electrónicas de control a distancia ya fabricadas para los pequeños explosivos “GOLIATH” que hicieron posible dirigir dos lanchas explosivas sin tripulación desde una lancha tripulada. Era también técnicamente perfecta la solución de que el cuerpo explosivo, una vez llegado a su objetivo, se hundiese y sólo llegase a estallar a una profundidad determinada. Con ello se aumentaba varias veces el efecto del explosivo especial y se le causaba al barco enemigo una vía de agua casi siempre casi siempre aniquiladora. También con las “LINSEN” se llevaron varias actuaciones en el mar Mediterráneo y en el frente de invasión no conocidas por el público.  

Otra arma especial eran los submarinos de bolsillo (o enanos) que antes que nosotros fueron utilizados por los japoneses y en una ocasión por los ingleses en Noruega. Había varios tipos con los que también se efectuaron algunos ataques, hasta el fin de la guerra, ciertamente con graves pérdidas para nosotros. Hasta ese momento se trabajo en mejorarlos.

En la primavera de 1944 todos hacíamos cálculos acerca de la inevitable invasión sobre el continente europeo. En mayo de 1944 vi estas fotografías aéreas de los puertos del sureste de INGLATERRA y participé en los vaticinios o conjeturas cuando se comprobó por vez primera en las fotos la existencia de largas hileras de delgados rectángulos colocados uno al lado del otro. Sólo después de algún tiempo se llegó a aceptar como válida la teoría la teoría de que se trataban de puertos artificiales transportables, destinados a la invasión.

Era lógico que a mi Estado Mayor le preocupase la forma de evitar el avituallamiento enemigo en la próxima invasión. Primero pedí al Almirante HEYE que me informara acerca de las opiniones del alto mando de la Marina de guerra, del lugar donde podía surgir la invasión según el criterio de la Marina. Me dieron la lista ordenada de diez sectores de la costa, en la península de CHERBURGO, con detalles exactos de las posibles zonas de desembarco que figuraban como más probables. Esta predicción, cuya exactitud se demostró más tarde, seguramente se había difundido en todos los puestos militares.  

El capitán VON FÖLKERSAM trabajaba entonces bajo mis órdenes como Jefe de mi Estado Mayor en un programa que había de ser realizado simultáneamente en las supuestas zonas de desembarco. Nos proponíamos transportar ya entonces algunas pequeñas unidades de KdK a los sectores costeros que estaban en peligro y preparar la lucha contra previsibles cuarteles generales y centros de trasmisiones enemigos. Habíamos pensado emplear cargas explosivas que podríamos poner en actividad en cualquier momento del desembarco por medio de unos nuevos aparatos de radio desde nuestros propios aviones.

Siguiendo la vía oficial militar, este plan tenía que ser presentado al alto mando del OESTE para su autorización. Después de varias reclamaciones obtuvimos la respuesta de la “ocupadísima” oficina de PARÍS. Reconocían que en el fondo nuestro plan seguramente era bueno y realizable. A continuación el gran “pero”, que culminaba en la negación, y que trato de reproducir lo más fielmente posible: “Es probable que los necesarios trabajos preparativos para su plan no pueden mantenerse en completo para las tropas de ocupación alemanas estacionadas en la costa. Y toda la preparación de esta clase podría destruir en dichas tropas la creencia en la absoluta impenetrabilidad del muro del ATLÁNTICO. Por esta razón debe denegarse la autorización para dicho plan”. Debajo figuraba la correspondiente firma ilegible. Creo que semejante fundamentación no se quiere hoy considerar como auténtica o no se cree posible que lo sea; quizás en el fondo existían otros motivos detrás de todo el asunto. Pero precisamente por esto lo expongo aquí. Para ser comprendido mejor, quiero manifestar expresamente que nunca creí que la realización de nuestros planes hubiera hecho fracasar el desembarco. ¿Pero no es acertado pensar que muchos planes similares de servicios oficiales inferiores quizás se denegaron por motivos parecidos? Sabíamos que la futura operación de desembarco implicaría la decisión final de aquella guerra, y que allí se  debía echar el resto en la balanza.
¿Qué utilidad podía tener más tarde el desesperado valor de algunos marineros del Almirante HEYE, que actuaron junto a LE HAVRE en medio de las más duras circunstancias, y casi demasiado tarde? ¿Qué utilidad podía tener el que algunos héroes desconocidos fuesen conscientemente más allá del límite de sus armas especiales, para llegar al enemigo y por propia voluntad renunciasen al regreso, exponiéndose a una muerte casi segura)? (p. 7 - p. 15).
  
*EDITÓ: gabrielsppautasso@yahoo.com.ar DIARIO PAMPERO Cordubensis Nº 368. 
INSTITUTO EMERITA URBANUS. Córdoba de la Nueva Andalucía
Sopla el Pampero. ¡VIVA LA PATRIA! ¡LAUS DEO TRINITARIO! ¡VIVA HISPANOAMÉRICA! Gratias agamus Domino Deo nostro! gspp.*