miércoles, septiembre 23, 2009

Dos movimientos nacionales

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*Revista MEMORIA, recordar es un deber, olvidar es una culpa. Junio-julio de 1997, Año IV, nº 21, Contratapa. 16 páginas. Director: ANTONIO CAPPONETTO, Secretario de Redacción: VÍCTO EDUARDO ORDÓÑEZ. Buenos Aires. Argentina*

La influencia del fascismo y del nacionalsocialismo



Por Horia Sima



Apenas había empezado el movimiento legionario rumano a difundir sus principios entre las masas populares – afirma HORIA SIMA – cuando ya los antiguos partidos políticos descubrieron su punto vulnerable: “Es una imitación del fascismo. El movimiento ha importado su doctrina de Italia y tiende a introducir en la vida pública ideas y costumbres ajenas a la concepción de vida del pueblo rumano. Al no estar anclado en las realidades nacionales, el movimiento desaparecerá de por sí, después de unas débiles manifestaciones ante un público insensible a sus llamamientos”. La profecía de estos “peritos” en los problemas políticos de Rumania no se cumplió. En pocos años, el movimiento arraigó en todo el país. El pueblo se sentía atraído hacia él, probablemente por la Legión no imitaba a nadie a nadie, precisamente por poseer un carácter auténticamente rumano.
Cuando empezó a brillar la estrella HITLER en el cielo de Europa, la acusación de fascismo pareció demasiado blanda a nuestros adversarios. Encontraron una culpa más grave aún para el movimiento: “Es una sucursal del nacionalsocialismo alemán en Rumania”, decían. Según afirmaban, uno de los más abyectos papeles: servir como instrumento a los planes de expansión y de dominación de una potencia extranjera, traicionando los intereses del pueblo rumano. “Finalmente, nosotros “recibimos dinero”, somos “asalariados de los hitleristas”, dice CORNELIU CODREANU, cuando se refiere las infamias que difundían sus adversarios. La ofensiva de las calumnias le repugnaba profundamente. La mala fe de que de que eran capaces los viejos hombres públicos está demostrada sobradamente en el hecho de que, en el otoño de 1919, cuando empieza a afirmarse en la vida política CORNELIU CODREANU, nadie en Rumania conoció la existencia de HITLER. MUSSOLINI había de emprender la marcha sobre de Roma tres años más tarde. En verdad que la fundación del movimiento legionario tuvo lugar el 24 de junio de 1927, pero el proceso político y espiritual que determinó su nacimiento es mucho más remoto. El movimiento legionario rumano tiene su origen en el movimiento nacionalista estudiantil que brota en todas las Universidades rumanas después de la PRIMERA GUERRA MUNDIAL y alcanza su apogeo en 1922.

La aparición de la Falange Española fue saludado con una lluvia de calumnias de la máquina calumnias de la misma especie: “un movimiento fascista” o “una copia del fascismo italiano”. JOSÉ ANTONIO puso de relieve las falsedades de sus calumniadores en el discurso de la Falange y de las J.O.N.S. : “No te preocupes mucho porque nos digan que imitemos. Si lográsemos desvanecer esa mentira, pronto inventarían otra. La fuente de la insidia es inagotable”. Volviendo en el mismo discurso sobre el mismo tema, emplea una expresión aún más fraterna: “Todos saben que mienten cuando dicen de nosotros una copia del fascismo italiano…”. (Obras completas de José Antonio de Rivera. Edición cronología. Recopilación de Agustín del Río Cisneros. Madrid, 1951, Pág. 167).
Indudablemente existen ciertas semejanzas entre todos los movimientos nacionales en la manera de enfocar los problemas de la nación: pero no son resultado del transplante de una idea de un país a otras. MUSSOLINI tenía razón cuando decía que “el fascismo no es una mercancía de exportación”. Las afinidades de concepción entre los movimientos tienen otro origen. Se deben solamente a un estado de espíritu general, a un fenómeno de proyección europea. Estos movimientos no se han imitado entre sí, sino que cada uno respondió conforme a las peculiaridades de su pueblo al llamamiento que la HISTORIA ha dirigido a todas las naciones. El sentido nacional existe en estado latente en el seno de cada pueblo y no le falta más que el ambiente histórico para entrar en efervescencia. Si el fenómeno nacionalista se ha manifestado con tanto vigor después de la primera guerra mundial, es debido a que sólo en esta época se han reunido las condiciones necesarias para su florecimiento. Con la entrada de las masas en la Historia, el nacionalismo ha recibido también un nuevo impulso. Encontró una base más amplia para afirmarse. En los siglos pasados, la conciencia de los pueblos no tenía más órgano de manifestación que la clase restringida de sus dirigentes. Con la participación de las masas en la vida política, la conciencia de los pueblos entra en una fase de expansión. Las masas populares no han modificado solamente el paisaje social de la nación, sino que son responsables también de la aparición del nacionalismo. Con su penetración en la vida del Estado, salen a la luz también los caudales de energía de los pueblos. El movimiento nacional es la única fórmula para que las masas sean integradas en el Estado nacional. Si el dinamismo de un pueblo no es captado por el nacionalismo, las masas se alejan de l nación y el terreno queda libre para el comunismo.
No se puede atribuir a una imitación el parentesco de ideas entre los movimientos nacionales: el nacionalismo es un valor inimitable. Esta manera de afirmarse en la Historia obliga a los pueblos a buscarse a sí mismos, con el fin de descubrir su propio ser (ser nacional). Para poder determinar los objetivos que perseguirán en el campo político, las naciones deben explorar previamente su interior para saber quiénes son y cuál es su identidad histórica. El genuino sentido de Patria obliga a cada pueblo a partir de su mismo ser, de sus propios recursos interiores.
Por el camino de la búsqueda de sí mismo, un país puede llegar más rápidamente que otro a la posesión de las verdades nacionales, tal como ocurrió en Italia. Más aún: la experiencia fascista pudo servir de ejemplo a otros pueblos para intentar la misma aventura espiritual, la búsqueda de su ser histórico. Pero esto no es imitación, sino el impulso que un pueblo recibe de otro para encaminarse hacia su originalidad creadora, hacia una vida más auténtica. JOSÉ ANTONIO explica claramente en qué se resume la supuesta imitación del fascismo: “España, contagiada de este calor, no va a imitar a Italia: va a buscarse a sí misma; va a buscar en las entrañas propias lo que Italia buscó en las suyas” (Obras completas de José Antonio Primo de Rivera, pág. 204).
He aquí la única lección que dio el fascismo a los demás pueblos: ¡Realizados a vosotros mismos! ¡Haced el inventario de vuestras propias posibilidades! ¡Sacad de la oscuridad y del olvido lo que os pertenece a título perentorio, vuestros valores inmutables, y echadlos en la balanza de la Historia!
La doctrina nacionalista no es una moda política y no ha sido inventada por el fascismo. MUSSOLINI no ha hecho mas que dar valor de circulación a una categoría política y espiritual existente desde los más remotos tiempos en el seno de su pueblo, en un momento en que el ambiente histórico favorecía su erupción en la vida pública.
Las mismas condiciones históricas han favorecido la afirmación del espíritu nacional en todos los otros países de Europa. Si en Italia no se hubiera manifestado el fenómeno, con seguridad que “el Fascismo” hubiera brotado en otro país. El fascismo, apunta con destacada lucidez JOSÉ ANTONIO, debe ser interpretado a escala europea. “El fascismo es una inquietud europea…, una manera nueva de concebir todos los fenómenos de nuestra época e interpretarlos con sentido propio” (Obras completas de José Antonio Primo de Rivera, pág. 129).
Esta inquietud europea ha sido provocada por la aparición de las masas populares en la vida pública. Se trata de un fenómeno general. En todos los países el Estado tuvo que soportar la presión desde abajo hacia arriba de las multidades, y con ellas, la conciencia nacional de los pueblos recibió un nuevo impulso, el impulso de las nuevas categorías de ciudadanos. En la lejana Rumania, CORNELIO CODREANU llega a las mismas conclusiones. Un movimiento nacional está íntimamente relacionado con el grado de conciencia que han adquirido las masas de la nación, experiencia que hoy día han vivido ya todas las naciones. “Un pueblo en su totalidad llega a la conciencia de sí mismo, de su misión y de su destino en el mundo. En la historia de los pueblos sólo hemos encontrado unos destellos pasajeros. Desde este punto de vista, hoy día nos hallamos ante unos fenómenos nacionales permanentes” (Codreanu: Pentru Legionari, págs. 312-313).
Un movimiento nacional que elige el camino de la imitación se altera y se anula. Cada uno debe recorrer su propia trayectoria. Los adversarios, para desacreditar los movimientos nacionales, les pusieron bajo una etiqueta común la palabra “fascistas”. Querían insinuar que sólo eran reproducciones en serie del fascismo italiano. En una falta de honradez política en unos y una pereza intelectual en otros. Quien analiza con objetividad estos movimientos, descubrirá lo mucho que les separa debido al ambiente particular en el cual se han desarrollado y a la individualidad del pueblo en que han nacido.
Uno de los grandes principios confesados por todos los nacionalistas del mundo – independiente del país de origen – es que la nación no empieza a existir más que desde el momento en que se vuelve hacía sí misma y valora sus energías propias. Pero esta misma premisa fundamental, esta afirmación del ser absoluto nacional, provoca las diferencias entre los movimientos nacionales. En virtud de ese principio, cualquier movimiento nacional debe desarrollarse independientemente, debe llegar a una concepción propia en su realización política. Y esto no por celos, no por un absurdo espíritu de independencia, sino debido simplemente a una necesidad interior. Una nación que anda por los senderos abiertos para otros pueblos pierde su perfil espiritual y traiciona su misión histórica.

*HORÍA SIMA: Dos movimientos nacionales, págs. 17-23).


Editó Gabriel Pautasso
gabrielsppautasso@yahoo.com.ar
DIARIO PAMPERO Cordubensis nº 304

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