sábado, marzo 21, 2009

El ataque a La Tablada

La respuesta del Ejército.

A partir del mediodía de ese 23 de enero comenzaron a aproximarse el resto de las unidades de la Xª Brigada de Infantería y otros elementos, como las tropas especiales (comandos). Al mando de toda la operación fue designado el general Arrillaga, quien inicialmente estableció su puesto de comando en el Puente 12, sobre la ruta y quien, durante el combate, ordenó adelantarlo hasta la primera línea.
Después de tomar contacto con las tropas que resistieron el ataque inicial y reconocer el lugar de la acción, el comandante de la operación ordenó que se estableciera un segundo cerco interno con tropas del Ejército que complementaba el que había establecido inicialmente las fuerzas policiales.
Las tropas especializadas como “comandos” fueron designadas con prioridad de empleo. Algunos “carapintadas” también comandos, se unieron a la operación para recuperar el cuartel. Unidades de artillería y caballería y luego paracaidistas traídos de Córdoba intervinieron posteriormente en la operación. La primera acción fue atacar los terroristas que se encontraban en la guardia de prevención donde, horas antes, había caído herido de consideración el teniente coronel Nanni.
En tanto, los terroristas parapetados en la Compañía. B y en el Casino de Suboficiales, disparaban sobre las tropas sin cesar y en forma indiscriminada, mientras mantenían como rehenes a soldados y suboficiales capturados por ellos en su irrupción inicial. Esta situación tornó más compleja la operación ya que además de recuperar el cuartel, había que rescatar con vida a la numerosa cantidad de rehenes en poder de los terroristas que, luego se supo, eran 123.
Participación de extranjeros y terroristas argentinos instruídos en Nicaragua.
Existe variada información acerca de que el coronel cubano Renán Montero (identificación real Andrés Barahona López) que combatió en Bolivia; intervino en el diseño de la operación del “Ejército Guerrillero de los Pobres” en Salta (1963/64); participó luego en Nicaragua con el cargo de jefe de la 5ª División de Inteligencia y que se desempeñó como jefe del sector donde actuaron los argentinos, fue quien, apoyado por Daniel Ortega, habría sido el autor intelectual del ataque a los cuarteles de La Tablada.
En un reportaje de entonces, (revista Gente, edición especial) un oficial del Ejército que combatió decía: “[…] usaban palabras que acá no conocemos como “rastreo” que es muy usado en Centro América. Acá decimos “rastrillaje”…"además escuché a alguien hablar con acento centro americano […]".
En el Anexo adjunto con el registro de muertos se pueden observar que hay 7 que habían pertenecido al Ejército Sandinista, además de un paraguayo y una brasilera. [1]
Se alcanza la victoria
Por la tarde del mencionado día 23 los comandos lanzaron un ataque a la Compañía B para recuperarla. Durante ese intento “uno de los soldados que mantenían secuestrado se escapó saltando por una ventana y un comando se arrojó sobre él para cubrirlo de los disparos terroristas” (relato de un oficial que estuvo combatiendo). Dos horas después la compañía fue recuperada aunque su sala de armas que se estaba incendiando, posteriormente, explotó. Todos los soldados fueron rescatados.
En las últimas horas de la tarde, las tropas especiales lanzaron su ataque para recuperar el Casino de Suboficiales, subiéndose sobre la torre de un tanque de guerra para poder penetrar desde el piso superior y combatir hacia abajo. En este ataque fue herido el teniente comando Ricardo Roberto Rolón, quien fue rescatado bajo el fuego enemigo en estado grave y falleció poco después en el Hospital Militar Central.
Por falta de equipos de visión nocturna el ataque debió ser detenido al oscurecer. Seguidamente se intimó rendición a los terroristas, que respondieron con intenso fuego.
Durante la noche los subversivos intentaron romper el cerco. En ese intento dos terroristas se toparon con los comandos y en un intenso intercambio de disparos a muy corta distancia fueron abatidos mientras caía gravemente herido el sargento comando Ramón Waldimiro Orué quien, luego de varios días de sufrimiento, falleció el 2 de febrero en el HMC.
Dos comandos infiltrados durante la noche lograron escuchar las conversaciones de los terroristas cercados y comprobaron la baja moral de los atacantes. Una ambulancia que transportaba dos heridos fue alcanzada por disparos de los terroristas y resultó asesinado el sargento ayudante Ricardo Raúl Esquivel, que estaba intentando sacarla del fuego desatado por los subversivos.
A la mañana siguiente, 24 de enero, se intimó nuevamente rendición a los atacantes y, al no recibirse respuesta, se inició el último asalto al Casino de Suboficiales. Instantes después los terroristas se rindieron y se entregaron, usando como escudo humano a soldados y suboficiales que aún mantenían secuestrados.
Con esta rendición cayó el último reducto terrorista de importancia. Posteriormente comenzaron las operaciones de limpieza y eliminación de francotiradores. La policía, fuera del cuartel, detuvo a parte del “grupo de agitación”.
Después de obtener información básica fueron allanadas las quintas y casas donde se habían concentrado los terroristas. Allí se encontró numerosa documentación y planes que abarcaban acciones terroristas de otros militantes del MTP en Córdoba, Rosario y NO argentino. Los que sobrevivieron al combate resultaron detenidos o huyeron al Uruguay y posteriormente a Nicaragua. Gorriarán Merlo que coordinó la operación militar con las otras operaciones subsidiarias, inicialmente se ocultó en la localidad de la Reja (provincia de Bs. As.), luego pasó al Uruguay desde donde se trasladó a Nicaragua y finalmente marchó a México, donde años después fue detenido.
Comentarios de otro combatiente hecho a periodistas posteriormente.
“El calor era agobiante”, dijo un combatiente de las fuerzas legales después del combate. “[…] Teníamos mucha sed... la adrenalina, el humo, el combate... tomé litros de agua y no me bastaban, quería más...” … “Supe que iba a ser un combate cruel y salvaje. Vi el salvajismo de esa gente por la forma en que encontramos muertos a nuestros soldados. Tenían una cantidad tremenda de impactos en sus cuerpos. Normalmente, para matar a un hombre, se requieren entre tres y cuatro disparos de Fal como máximo, pero cuando se ve una cabeza destrozada por cinco o seis impactos, y luego cinco o seis impactos más perforando el cuerpo... uno ya sabe cuál es el grado de brutalidad que existe. Ese salvajismo iba más allá de lo que puede verse en cualquier combate. Eran salvajes por la forma como mataban y remataban a nuestros heridos. No respetaban ninguna regla de combate. Le dispararon incluso a la ambulancia que evacuaba heridos […]”
SALDO FINAL.
[1] No todos eran argentinos, el mismo Gorriarán en sus Memorias reconoce que algunos integrantes argentinos de la organización terrorista habían pertenecido al “Ejército Sandinista” y combatieron en algún caso, hasta alcanzar el grado de capitán en la guerra revolucionaria marxista de Nicaragua. (Causa Nro 1722 Juzgado Federal de San Martín. Secretaría Nº 31)

Editó Gabriel Pautasso
gabrielsppautasso@yahoo.com
Diario Pampero Cordubensis nº 227

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