jueves, marzo 26, 2009

El holocausto de Dresde

DRESDE sufrió los bombardeos más terribles de toda la guerra. En la noche del miércoles de ceniza de 1945, la RAF arrojó sobre la ciudad 3.000 toneladas de bombas explosivas e incendiarias. Sus habitantes murieron quemados, aplastados por las ruinas o ahogados por las emanaciones del gas y del humo.

En su escala de terror, la aviación Aliada anglo-norteamericana, sometió a DRESDE al bombardeo más brutal de todos los realizados durante la segunda guerra mundial contra una ciudad que apenas contaba con industrias y que no tenía ninguna guarnición militar. ¿Por qué se llevó a cabo el bombardeo sobre una población indefensa si con él no se obtenía ninguna ventaja militar? En Dresde no se trataba de atacar a tropas enemigas, de aniquilarlas en su avance, ni de eliminar fábricas de armamento, sino de matar a mujeres y niños que solamente podían rezar, ya que no poseían armas para defenderse.
¿Por qué? Por muy objetivo que se quiera ser, el bombardeo de Desde aparece a los ojos del espectador neutral como una clara demostración de odio que alcanzó todo lo contrario de lo que había pretendido.
Después de la guerra, el mismo general HARRIS, jefe supremo del Bomber Command y considerado como el “inventor” de los bombardeos contra las poblaciones civiles, declararía: “La idea de lo podríamos quebrantar la moral del pueblo enemigo mediante terribles bombardeos resultó completamente equivocada”.

Pero entonces era ya demasiado tarde; casi todas las ciudades alemanas de alguna importancia estaban destruidas y convertidas en montones de cenizas, cascotes y ruinas. Cientos de miles de seres humanos habían perecido bajo aquellos tremendos bombardeos. Miles de seres fueron abrasados vivos por el fósforo de las bombas incendiaras y millones de ellos perdieron sus hogares. Durante la guerra, aproximadamente 537.000 civiles alemanes resultaron muertos por el bombardeo aliado. En Gran Bretaña se estima que perecieron 60.000 civiles a causa del bombardeo alemán. SESENTA Y UN CIUDADES ALEMANAS , que contaban con una población total de 25 millones de habitantes, resultaron totalmente destruidas. En Gran Bretaña, la destrucción a gran escala se limitó a las partes céntricas de Londres, Coventry y a Plymouh.
En febrero de 1944 se decidió el bombardeo a Dresde (en Alemania oriental), una hermosa ciudad barroca cuya población normal de medio millón de personas había crecido con varios cientos de miles de refugiados que huían del avance soviético . De hecho, los rusos ya estaban apenas 100 kms. de la ciudad completamente indefensa. Sir ROBERT SAUNDBY, vicecomandante del Comando de Bombardeos, no pudo creer lo que veían sus ojos cuando llegó la orden de bombardearla. Tan alterado estaba, que solicitó la confirmación al Ministerio del Aire. Su mensaje fue enviado a CHURCHILL, quien se hallaba en Yalta. Ansioso por impresionar a los soviéticos, CHURCHILL respondió confirmando que se bombardease a Dresden en la primera oportunidad que se presentase.
La RAF atacó en la noche del 13 de febrero de 1945, con un plan cuidadosamente elaborado que preveía la creación de un huracán de fuego igual al que, por pura causalidad, había devastado a Hamburgo. El área del blanco, constituido por el centro de la ciudad, fue el primero marcada con bombas indicadoras. La primera de estas indicadoras cayó sobre el mayor complejo hospitalario de Sajonia – desde una altura de menos de 800 pies. Tras ello siguió un ataque masivo que “alfombró” toda el área dejando la ciudad en llamas. El segundo ataque, mayormente con bombas incendiarias de termita, se programó para tres horas de modo tal modo los bomberos (que arribarían también de otras ciudades para apagar el fuego) resultasen víctimas del ataque. No hubo ninguna oposición en absoluto. Ningún caza alemán y ningún fuego antiaéreo. La ciudad era “un pato sentado”. La tormenta de fuego pudo ser vista a 300 km. de distancia.
Al día siguiente, las 1.350 Fortalezas Volantes de la USAF atacaron la ciudad alemana durante el día, a pesar de que las llamas aún estaban ardiendo. Los cazas escoltas tenían instrucción de descender al nivel de los tejados y barrer “blancos de oportunidad”. Abrieron fuego sobre masas de gente que atestaban las rutas fuera de Dresden y sobre casi cualquier cosa visible. La costa del río, repleta ya de cadáveres, a la cual muchos sobrevivientes habían llegado huyendo de las llamas, constituyó un blanco especial. Un grupo de niños, del famoso coro de la Iglesia de Kreuzkirche, fueron masacrados en la calle del zoológico. Prisioneros de guerra británicos, que habían sido puestos en libertad ya que sus campos de internación estaban ardiendo, fueron ametrallados también. Uno de los aviones voló tan bajo en su afán de masacrar a los sobrevivientes que chocó contra un vagón de ferrocarril y explotó.
A PESAR de las condiciones de visibilidad diurna, un Grupo de Bombardeo perdió su ruta y propinó, por error, un bastante duro ataque a Praga. El hecho fue un drama especialmente para el navegante de uno de los aviones quien había nacido y crecido en la ciudad y que había huido a Norteamérica para escapar de la invasión alemana.
El ataque simultáneo a la cercana CHEMNITZ fue menos exitoso, La mayoría de las bombas sobre Hof y Sonnenberg por error. Varios aviones atacaron a CHEB, en Checoslovaquia, a PLAUEN y a MAGDEBURG.
A la noche del mismo día, las tripulaciones británicas que habían tenido solo seis horas de sueño después del ataque a Dresden, recibieron instrucciones de realizar otro ataque a Chemnitz. A las tripulantes del Grupo nº 1 se les informó que:
“Esta noche vuestro blanco será Chemnitz. Iremos allá a atacar a los refugiados que se están concentrando, especialmente después del ataque de anoche contra Dresden”.
Esa noche, 730.000 bombas incendiarias fueron arrojadas pero con un resultado sensiblemente inferior al holocausto de Dresden. En su vuelo de regreso, loa aviadores de la RAF pudieron ver las llamas que continuaron ver las llamas de Dresden que continuaba ardiendo. En realidad, la ciudad ardió durante siete días y ocho noches, de acuerdo al diario de un prisionero de guerra inglés que se hallaba allí.
Durante varios días después del ataque, Dresden se mantuvo cubierta por una niebla de humo y hollín. Una constante lluvia de cenizas, húmedas y negras, cayó sobre la campiña circundante. Prisioneros de guerra ingleses en el “Stalag IV B” A 40 KM de la ciudad, resultaron cubiertos con partículas de vestimenta carbonizada y papel calcinado durante 3 días.
De toda la provincia partieron inmediatamente convoyes transportando provisiones. En la ciudad los esperaban escenas increíblemente macabras.
Dos trenes, repletos de niños evacuados, habían recibido impactos directos. Los cuerpos de los pequeños se hallaban apilados, en montículos, en el patio de la estación, resultaron muertos. Cien de ellos murieron quemados vivos por las bombas incendiarias y el resto pereció asfixiado por las emanaciones y el humo.
De los 19 hospitales más importantes de Dresden, 16 resultaron dañados y 3 totalmente destruidos. En la escuela de Vitzhum, que estaba siendo usada como hospital de emergencia, sólo 200 de los 500 pacientes resultaron evacuados a tiempo. Los 300 sin evacuar murieron en sus lechos. En la maternidad de Johannstad resultaron muertas 200 personas, pero sufrieron tantas y tan horribles mutilaciones que sólo 138 pudieron ser identificados.
Durante varios días después del ataque, las calles quedaron cubiertas de cadáveres. La prioridad número uno consistió en desenterrar los sótanos de las casas derrumbadas ya que muchas personas se habían refugiado en ellos. Algunas de ellas todavía estaban vivas. Pero cuando un sótano fe abierto, el soldado rumano (Rumania era aliado de Alemania) que había estado cavando se negó a bajar. Más tarde, un oficial descendió por las escaleras y encontró que los últimos peldaños estaban un tanto resbaladizos. De hecho, todo el piso del sótano se hallaba cubierto por una capa de entre 25 y 30 cms de espesor, hecha de una mezcla de sangre, carne y huesos. Una pequeña bomba explosiva de alto poder había cruzado limpiamente los 4 pisos del edificio para terminar explotando en el sótano. El oficial mencionado sólo pudo dar la orden de que se cubriese todo con cal clorada y se dejase secar. La estimación de las personas muertas en aquél ligar fijo en 200 la cantidad probable de víctimas.
Las cuadrillas de rescate hallaron también docenas de personas dentro de los tanques de agua de emergencia que habían sido construidos en las principales plazas de la ciudad. La gente se había tirado dentro de esos tanques en su desesperación por apagar el fuego de sus ropas y, en el pánico, no había podido salir de nuevo. Sólo estaban muertos.
La plaza de Lindenau Platz se hallaba cubierta de cadáveres. Cientos de cuerpos desnudos (gente que se había arrancado la ropa ardiendo) se hallaban esparcidos alrededor de un refugio de espera de tranvías. En la plaza de Seidnitzer Platz, 200 personas sentadas exactamente en la misma posición en la que habían estado durante la noche del ataque. Sólo que estaban muertas.
Los animales se escaparon del zoológico de la ciudad y de un circo estable. Llamas andinas. Leones y caballos deambulaban por las calles. Los cuervos se comían los cadáveres de caballos de circo muertos sobre la costa del río.
Muchas de las víctimas estaban tan achicharradas y carbonizadas que, literalmente, hubo que despegarlas del asfalto derretido y palear sus restos. Muchos cuerpos se habían achicharrado a menos de la mitad de su tamaño normal. Este tipo de restos tuvo que ser metido dentro de bolsas de papel traídas de una fábrica de cemento de las cercanías.
La tarea de contar, identificar y sepultar a las víctimas de u holocausto de estas dimensiones resultó espantosa. Se creó toda una oficina pública especial para tratar de dominar a la situación. Pero, al final, sólo se pudieron hacer estimaciones acerca del número total de muertos ya que la identificación terminó por demorar los trabajos de sepultura con el consiguiente peligro de las epidemias. Los cadáveres terminaron siendo apilados en las calles de la ciudad; o, al lado de las vías del ferrocarril, y carros tirados por caballos los transportaban hasta enormes tumbas masivas abiertas fuera de la ciudad. Sin embargo, la tarea resultó ser de tal magnitud que camiones policiales tuvieron que se llamados de lugares tan distantes de Berlín para dar abasto.
Después de semanas enteras aún no se había conseguido terminar. El hedor de carne putrefacta invadió la ciudad. Ratas increíblemente enormes podían verse merodeando por las ruinas, sus cuerpos manchados con cal seca.
En un momento dado, las autoridades se vieron forzadas a cremar los cuerpos en plena calle. La zona alrededor del Altmarkt fue acordonada y grandes piras funerarias se construyeron utilizando vigas y ladrillos de edificios derrumbados para hacer las hornallas. Nueve mil cadáveres fueron cremados de esa forma.
Siete u ocho grandes recipientes conteniendo alianzas, mayormente de oro, habían sido dispuestos para facilitar las tareas de identificación. Los anillos, con un valor aproximado cerca de un millón de libras esterlinas, cayeron en las manos del Ejército Rojo que los secuestró como botín de guerra cuando los soviéticos invadieron Dresden, el 8 de mayo de 1945.
Los 300 empleados públicos que trabajaban en la oficina de identificación fueron despedidos cuando los soviéticos se hicieron cargo de la administración pública. Durante el interrogatorio del Jefe de la oficina en cuestión, el comandante soviético insistió en que las fuerzas aéreas anglonorteamericanas no podían constituir un arma de guerra tan eficaz.
A raíz de esta opinión suya, se rehusó a aceptar la estimación de 135.000 muertos, hecha por las autoridades alemanes, y, con esa cifra total parsimonia, procedió a tachar el primer dígito de esa cifra.
No obstante, el ataque a DRESDE ha entrado en la Historia como el BOMBARDEO más atroz que jamás haya sido llevado a cabo. De acuerdo a las estadísticas oficiales, el ataque con bombas incendiarias a Tokio mató “solamente” a 84.000 PERSONAS y la bomba atómica de HIROSHIMA a “sólo” 71.000 personas.
Posiblemente fue la horrenda magnitud de esta masacre lo que inhibió a los aliados a los Aliados de enjuiciar a los alemanes por haber organizado el “Blitz” sobre Londres. El doble criterio involucrado en una acusación así, habría sido simplemente demasiado obvio. Sin embargo no les pareció así a los soviéticos quienes, en Nüremberg, demandaron que se acusase al Mariscal GOERING de haber cometido ese crímen. El argumento soviético decía:
“Los ataques alemanes fueron la obra de criminales de guerra nazis quienes hicieron llover la muerte sobre trabajadores inocentes y sobre sus mujeres e hijos. Los ataques aliados, por el contrario, fueron llevados a cabo por las fuerzas vengadoras de la democracia A LOS EFECTOS DE HACER SALIR A LAS BESTIAS FASCISTAS DE SUS MADRIGUERAS Y ERRADICAR AL IMPERIALISMO Y AL NAZISMO”.
A MODO DE IRÓNICO EPÍLOGO A ESTA SANGRIENTA HISTORIA, hace algunos años atrás se supo que un miembro del “GRUPO SIONISTA 62”, GERRY GABLE, invadió el domicilio del autor de un libro sobre Dresden que es el historiador inglés DAVID IRVING, una de las columnas del revisionismo histórico mundial, a fin de determinar si el mencionado autor (con que años de cárcel) era
O no – un “nazi secreto”. Muchos datos citados han sido extractados de este ponderado documentado libro, THE DESTRUCTION OF DRESDEN – LA DESTRUCCIÓN DE DRESDE, publicado por WILLIAN KINBER, en 1963, en Londres. GERRY GABLE trabajaba como “investigador” para el programa de fin de semana “London Programme” de la televisión londinense.


AHORA, TODOS SOMOS “NAZIS SECRETOS”

“Las noticias y rumores sobre los sucesos de DRESDEN ensombrecieron todavía más las tinieblas que se habían lanzado sobre Alemania con la tormenta del Este. La aviación Aliada se lanzó también sobre Sajonia en cuya región se acogían precisamente los que venían desde el Este.
Pero la nueva inseguridad y nueva angustia no estaban solas.
Con más dureza que el incendio de Dresde pesaba un sentimiento creciente que GOEBBELS había puesto hasta la incandescencia desde hace tiempo, y que quería avivar ahora a la vista de lo sucedió entre el Vístula y el Oder: era el convencimiento de que por parte de los occidentales se buscaba el aniquilamiento de Alemania y de los alemanes. DRESDE parecía demostrar que las potencias occidentales no iban a hacer otra cosa; ¿pues qué otra significación había para semejante ataque asesino sobre DRESDE ahora que se adivinaba la derrota, sino el frío y bien calculado aniquilamiento? Bastaba con decir que lo que se buscaba era paralizar el mayor centro de tráfico y transporte que subsistía tras el frente oriental alemán. Pero no sólo fueron las estaciones, cosa que podía pasar, aunque precisamente éstas eran el centro de tráfico para los perseguidos sin hogar: ¿no sabían esto los mariscales de Aire del otro lado? ¿También resultaba objetivo el centro de la ciudad y la pradera del Elba? ¿Tenían que morir cuarenta mil personas en noche y una mañana para atajar una vía de transporte a los ejercitos soviéticos en su avalancha de destrucción, saqueos y violaciones?
Todo esto no tenía otro objetivo que la destrucción consciente y lanzaba a los alemanas ahora más que nunca en brazos de la esperanza propia de los acorralados: la esperanza en el milagro desconocido, inconcebible, pero ardientemente deseado, de que si se perseveraba, pese a todo, se lograba la victoria.
JURGEN THORWALD, Comenzó en el Vistula. Luis de Caral, Editor. Barcelona, 1967, pág. 113.

JOSÉ Ma MUNDET, “Europa en llamas”. Diridida JOSÉ ANTONIO LLORENS, Prólogo de MANUEL AZNAR, Barcelona, 1975, págs. 490-492.
RICHARD HARWOOD, “LAS DEMOCRACIAS ASESINAS”. Editorial Avanzada, s/f.

Editó Gabriel Pautasso
gabrielsppautasso@yahoo.com.ar
Diario Pampero Cordubensis nº 179

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