martes, mayo 01, 2012

El Combate de Obligado - 20 de Noviembre de 1845 ¡Vae Victis!

Editó Gabriel Pautasso

Amanecer con banderillas de gasas rosadas, celestes y violetas, colgadas del horizonte, presagiando una mañana cargada de energías tempestuosas. Ligera niebla que se esfuma en las aguas del Paraná.
Nubes que vuelan bajas, temerosas de llegarse hasta los espacios abovedados. Viento caliente, que pasa bajo y rápido, diciendo cosas en lenguaje sensualista y procaz. Sol que sube detrás de los montes, proclamando su deseo de hacer sufrir a los hombres y a las bestias. En la costa y detrás de ella, entre los juncos, un movimiento inquieto; órdenes y contraórdenes, baterías que apuntan hacia el río, fusiles, espadas relucientes y espadas herrumbrosas, trabucos, facones, boleadoras…rostros duros, curtidos, cruzados por cicatrices trazadas en Chile, Perú, Ecuador, Uruguay… Rostros blancos, trigueños, pardos, morenos, aindiados. Algunas caras de mejillas delicadas finas, aristocráticas.

Casi todas las manos duras, velludas y nerviosas; algunas pocas delicadas, pero enérgicas.

Sufrimiento, cansancio, sacrificio. Pero en todos un ansia grande por la pelea, un deseo magnífico por enfrentar al enemigo, un impulso incontenible por dar la ida y la sangre por la Patria.

Aquel 19 de noviembre de 1845, espera que el Paraná sea remontando por buques que, llevando al topo banderas extranjeras, pretenden cruzar sin más razón que su fuerza, las cálidas argentinas. Para impedirlo, DON JUAN MANUEL DE ROSAS, en defensa de la Soberanía Nacional, ha enviado un pequeño ejército al mando del general MANSILLA, del que forman parte los coroneles CRESPO, ALONSO ALZOGARAY, EDUARDO BROWN – hijo del célebre Almirante -, FELIPE PAPACIO y JUAN BAUTISTA THORNE, quienes mandan las cuatro baterías con diez y ocho cañones en total, servidas por 160 artilleros y 60 de reserva acompañadas por un millar de milicianos.

La consigna es impedir el paso de la escuadra anglo-francesa, debiendo lucharse hasta agotar los esfuerzos. Para obstruir el paso de la flota agresora en ese lugar en que el río tiene una anchura de ochocientos metros, se ha colocado una línea de pontones, barcos desmantelados y fondeados en línea amarrados con gruesas cadenas.

Sosteniendo el extremo de la línea opuesta las tres líneas de cadenas están amarradas al bergantín “El Republicano”, de seis cañones, al mando del capitán TOMÁS CRAIG, mientras que en el otro extremo de la línea tendida está amarrado a la propia costa. Tres lanchones armados con cañones de escaso calibre “El Restaurador”, el “Místico” y el “Lagos” prestarán apoyo al bergantín, al pie de una veintena de cañones aguardando con ansiedad el momento de entrar en acción.

La infantería oculta entre los árboles y matorrales, debe oponerse a cualquier desembarco. Se ha dado a la tropa de permanecer en silencio, de un batir acelerado de cientos de corazones hasta que el general made lo contrario. Boyeros, picaflores, tacuaritas, cantan y saltan entre las barrancas.

De pronto, en medio de un profundo silencio, de un batir acelerado de cientos de corazones,, de una ansiedad infinita, aparece sobre las aguas la flota enemiga. Avanza cautelosa pero con aire de firmeza y de resolución. Son diez poderosos buques, orgullosos y desafiantes, con más de 100 cañones. La tropa argentina está absorta. Tiene el aliento conteniendo. Le es dado contemplar, por azar de laa historia, un espectáculo extraordinario e inolvidable: jamás había visto una escuadra de guerra tan potente.

Piezas de artillería de gran poder y tonelaje, arboladuras impotentes. Apena ver rl “San Martín” prisionero con bandera francesa. Los puños se crispan con rabia. Saltan los corazones. El silencio construye imágines de luchas a muerte. El odio contra el enemigo extranjero que ha violado con insólita impertinencia las urgentísimas aguas del Paraná adquiere en los federales inaudita pujanza.

Son las nueve y media de la mañana. El General MANSILLA arenga con pocas palabras a la ardiente tropa; BROWN, THORNE y CRESPO lo rodean:

“¡ARGENTINOS! ALLÍ ESTÁ EL ENEMIGO, PODEROSO Y AUDAZ! ESTÁ PENETRANDO EN EL CORAZÓN MISMO DE LA PATRIA Y LO DESTROZA, MÁS QUE CON SUS MÁQUINAS INFERNALES, CON EL ORGULLO DE SUS BANDERAS! ¡ARGENTINOS! ¡NO PUEDEN PASAR POE ESTA VUELTA DE OBLIGADO! ALLÍ VIENEN HENCHIDOS DE OFENSA PARA VOSOTROS, DE DESPRECIO PARA NUESTRA TIERRA Y EL CONVENCIMIENTO DE QUE LOS HOMBRES QUE ESTÁN EN ESTAS BARRANCAS Y DETRÁS DE ELLAS, SON VILES Y COBARDES. DEMOSTRAREMOS EN ESTA MAÑANA HISTÓRICA DE NOVIEMBRE QUE AQUÍ LOS ARGENTINOS SABEMOS LUCHAR POR LA PATRIA HASTA MORIR! ¡DE LOS VALENTES SEA LA VICTORIA! ¡MUERA EL IMPERIALISMO EXTRANJERO”. ¡VIVA LA PATRIA!...

De inmediato algo se eleva sobre encima de aquella férrea y resuelta masa de ponchos colorados colocaros, algo indescriptible algo brota de la entraña misma de la tierra y de los hombres, y de los hombres, algo que se extiende con la gravedad de un mito litúrgico en la atmósfera, en los montes, en las barrancas, en la costa, en las aguas y hasta en la atmósfera que vienen surcando el Paraná. Es el Himno Nacional, la augusta canción PATRIA que brota de emocionadas gargantas, ofreciendo un refulgente y heroico escudo de gloria al dorado sol de esa mañana inmortal.

De pronto llega la orden esperada: ¡FUEGO! Los cañones argentinos servidos con coraje servidos con coraje y eficacia, atacan a la escuadra. La fragorosa contestación no tarda en llegar. El humo y el polvo prestan un ropaje denso, irrespirable, a los combatientes federales. Los barcos de guerra se cubren con fogonazos mientras se colocan en línea de batalla. Un impacto certero levanta llamaradas en el “Dolphin”, uno de los barcos enemigos. Gritos de júbilo, imprecaciones brutales, alaridos de gozo, hacen vibrar el alma de los argentinos.

Las baterías federales rugen; los anglo-franceses centuplican con sus cañoneos esos rugidos. Los pajonales resecos arden furiosamente. La metralla astilla con sauces. La sangre criolla comienza a correr, cálida y roja como la vestimenta de los combatientes. Una más. El combate enardece cada vez más a los hombres. La pólvora, la muerte, los gritos, el estruendo, ponen torbellinos en sus venas. El enemigo se ve muy cerca, casi se distinguen los extranjeros rostros. Una granada explosiva, novísimo invento que aplica una espoleta a la bomba estalla sobre las cabezas de los servidores de una pieza argentina. Esta contesta con un magnífico cañonazo que arranca parte de la arboladura del “FAIREBRAND”. Los buques se acercan. Preparan el desembarco de la marinería. Brillan en los puentes las bayonetas caladas, irisadas por el sol. Los invasores habían fracasado hasta entonces, en la tentativa de cortar las tres vueltas de cadenas que cerraban la vuelta del río. Se hunde el bergantín “El Republicano”, volado por s comandante después de haber disparado la última bala que le quedaba. El enemigo a pesar de sus cien cañones y de sus granadas con espoleta, no puede aún forzar la gloriosa Vuelta de Obligado.

La fusilería federal rompe las cabezas de los engalonados capitanes HOTMAN y TREHOURT. Transcurre otra hora de lucha. Una lancha inglesa con ocho hombres en ella, avanza, acercándose a las fuertes cadenas que, a flor de agua, penden de los pontones argentinos.

Un cañoneo nutrido y descargas de fusilería protegen a los marinos ingleses que, al mando del comandante HOPE reman hasta llegar entre humo y fuego a las cadenas, las que a fuerza de yunque y martillo, son cortadas. ¡El enemigo podrá seguir aguas arriba!

Ante la irremediable fatalidad, llega la orden de abandonar las baterías y esperar el desembarco de los extranjeros. Llega el momento. Carga la infantería federal. El choque es brutal. Disparos, bayonetasos, puñaladas, puñaladas, heridas. El enemigo queda asombrado. No esperaba esta carga de hombres que centellaban como rayos, que se mueven empujados, sacudidos y envueltos por un torbellino enloquecedor… hombres de bota de potro y además resuelto, que en el revuelo de sus gorros, chiripaes y ponchos rojos se asemejan a endiabladas figuras que caen una y otra vez sobre el invasor, enfrentando a la muerte con un coraje maravilloso, volcando el alma en la pelea. Nuevas tropas anglo-francesas desembarcan y entran en lucha.

Banderas, clarines, órdenes en lengua extranjero. Más sangre, más muertos. Los facones federales abren sendas en las compactas filas enemigas y por esas sendas, la Patria respira aires de coraje. El ardor criollo, hace milagros, pero se ahoga entre la poderosa fuerza enemiga.

Ya creen los extranjeros alcanzar sus objetivos. Se agitan sus banderas, suenan sus clarines. Y de pronto algo inesperado: cincuenta, cien federales escogidos veteranos de las campañas libertadoras, casi todos canosos ya, al mando del General MANSILLA saltan como jaguares de la verde maraña. Parecen los muertos de la batalla que hubieran resucitado Es trágico el aspecto de aquel rugiente puñado de hombres. Están iluminados por una bárbara pasión y acicateados por un coraje que se desborda a borbotones. Es un ataque por sorpresa, vibrante, encendido como una luz en la oscura noche de la posible derrota. L acompaña una música de descompuestos alaridos. Atacan como potros encabritados de hirviente sangre. Saltan, trepan hasta las gargantas blancas de los invasores infames. Gritan y muerden abriendo bocas de fieras hambrientas. No piden ni dan cuartel… Los enemigos perturbados por esa carga inesperada y terrible, retroceden mientras se desploma el General MANSILLA al recibir en el estomago una herida de metralla.

Del cielo, resbalando por etéreas carreteras, bajan nubes torrentosas El cansancio y el calor hinchan las venas y enturbian el cerebro de los hombres que luchan…

Así se combatió hasta que los argentinos le alcanzaron los hombres y las balas, pero los extranjeros comprendieron, ya que no parecían saberlo, que habían enfrentado a una raza de varones indomables a los hijos de un pueblo nuevo, fuerte, y rabiosamente argentino.

* * *

La noche es tibia y en la atmósfera de noviembre, el cielo se ha cubierto de estrellados trofeos azules para los héroes que están muertos, allá abajo. Un centenar de sombras están tendencias junto a los matorrales.

Es una parte del ejército que defendió la VUELTA DE OBLIGADO, junto a ellas, descansan del combate, vencidos por la fatiga tremenda y envueltos por la noche soldados de ropas destrozadas. Amanece. El día se presenta con calor. Ya no están los extranjeros: llevándose sus muertos han proseguido su marcha. Los soldados argentinos bajan a la costa, teatro de la fogosa lucha del día anterior. La emoción golpea con fuerza el corazón de estos hombres curtidos de luchas y sacrificios.

Después de sepultar a los hombres, el comandante ordena el regreso. Una caravana de hombres haraposos, sucios, hambrientos, se pone en marcha. En seis carretas van los heridos. Rechinan los ejes sorteando los baches del largo y penoso camino. Uno que otro pájaro se posa en los toldos de las carretas. Cruzan montes, pantanos, ríos, verdes soledades. Parece un paisaje bíblico en medio de la pampa argentina.
Sombras confusas que se pierden entre todos leves y lejanos.
Ni cantos, ni guitarras.
ARNALDO WIDEL

Apuntes Históricos Revisionistas nº 1, pág. 6-8. Ediciones de la Estirpe, Buenos Aires, 1965. 1967.
Director HÉCTOR NICOLAS ZINNI.


*LA VUELTA DE OBLIGADO por MIGUEL BRASCO*

“Al producirse el bloqueo anglo-francés al Río de la PLATA DON PASCUAL ECHAGÜE, GOBERNADOR DE SANTA FÉ, fortificó algunos pasos estratégicos del Río Paraná, a fin de impedir la navegación de los barcos floqueadores. Uno de los COMBATES más cruentos, entre las tropas de la Confederación Argentina y los navíos extranjeros, se libró en Santa Fe el 4 de junio de 1846. Las baterías de la costa, al mando del General LUCIO MANSILLA, causaron enormes destrozos a la formación de más de noventa buques mercantes y veinte de guerra, en la ANGOSTURA DEL QUEBRACHO, situada entre Timbúes y San Lorenzo”.
Como puede advertirse, tanto la canción como la notícula aluden no precisamente al combate de Obligado sino al de la ANGOSTURA DE QUEBRACHO, una de las tantas acciones en realidad conectadas al ciclo guerrero de VUELTA DE OBLIGADO, posiblemente, de todas ellas, la que tuvo mayores resonancias dentro y  fuera del país.  

“cruzaste el río con una cadena
en donde tascaron el freno que aquí nada tenían que hacer”.
 (Prologo a Cancionero de Vuelta de Obligado).

Ellos fueron el alba y el germen
En edad solitaria y sombría…
¡Ay, no olvides a tus hijos que duermen
Porque tanto te amaron un día!
(CARLOS OBLIGADO)

Los barcos ingleses formaron en línea;
Se oyó en las orillas un grito: “¡Jamás!”
¡La Patria de Rosas llamaban a sus leones
Y un sordo rugido se oyó contestar!
(HÉCTOR PEDRO BLOMBERG)

La literatura de la Vuelta de Obligado por LUIS SOLER CAÑAS en la revista del Instituto Juan Manuel de Rosas de Investigaciones Históricas, Año II, Segunda época, abril de 1969, nº 4. págs. 15-18.
 
*Se trató:

*Como lo expresó DON ERNESTO PALACIO, patriarca del Movimiento Revisionismo Histórico argentino,  en su equilibrada Historia Argentina, de, nada más y nada menos,  una artillería montada montonera, inédita táctica de la guerra montonera terrestre contra una formación naval extranjera. 

*Diario Pampero Cordubensis  nº 122
Instituto Eremita Urbanus
20 de noviembre de 2008 en conmemoración del Combate de la Vuelta de Obligado
Córdoba de la Nueva Andalucía, en su año 1845-2008 y en el 70ª Aniversario del Instituto Rosas. ¡VIVA LA PATRIA! *

¡VAE VICTIS”.
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