sábado, abril 25, 2009

Ekaterimburg: De la historia a la leyenda (1)


I - Introducción a la Revolución Rusa

Para llegar a comprender el drama del exterminio de la familia imperial rusa en los sótanos de EKATERIMBURG, es preciso hacer primeramente una síntesis somero de los sucesos más importantes del siglo XX, cuyo desarrollo comienza con el vacilante gobierno provisional de ALEJANDRO FEODOROVICH KERENSKY, y termina con el triunfo del bolcheviquismo, bajo la férula de sus cabezas rectoras: VLADIMIR ULIANOV (LENIN), LEB BRONSTEIN (TROTSKY) y JOSÉ DJUGASHVILI (STALIN), integrantes del primer Consejo de Comisarios del Pueblo, instaurado después de la toma del poder el 7 de noviembre de 1917, que correspondía al mes de octubre, conforme al calendario ruso.

En tal Consejo, creado a título provisional hasta tanto se eligiera una asamblea constituyente para el gobierno de todas las Rusias, LENIN fue designado presidente; TROTSKY, comisario de Asuntos Exteriores, y STALIN, comisario de Nacionalidades.

En el copamiento de los sitios y lugares claves – tanto como estaciones ferroviarias, correos y telégrafos, central eléctrica y sedes gubernamentales – tuvieron destacada actuación los bien entrenados guardias rojos de LEÓN TROTSKY, que aprovecharon al máximo las enseñanzas dejadas por las maniobras invisibles, o sean los ensayos generales planificados y ejecutadas minuciosamente por OVSEENKO en los días anteriores.

KERENSKY, el otrora admirado líder popular, tuvo que huir disfrazado de enfermera, lo que hizo con tanta de propiedad, que hasta fue piropeado por los rebeldes, cuando los rudos marineros asaltaron el Palacio de Invierno.

Todo había comenzado el 3 de marzo de ese mismo año, cuando los obreros de la acería de Putilov se declararon en huelga por el despido de algunos compañeros, siendo rechazados sus demandas por la parte patronal, la que respondió con un lock-out que dejó en la calle a 30.000 personas. La protesta se extendió como una mancha de aceite a otros establecimientos, y pronto – apenas una semana después – millares de trabajadores abandonaban sus tareas y se lanzaban tumultuosamente en busca de alimentos.

Esta violencia no era más que el estallido de un problema subyacente, con motivo de los fracasos bélicos de los ejércitos imperiales zaristas en ocasión de su participación en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), signada por una serie de derrotas y devastaciones, sumiendo en la miseria al sufrido pueblo ruso con tanta o mayor intensidad en ocasión de la guerra ruso-japonesa de 1905. A ello se sumaba el hecho cierto de que el gobierno había quedado prácticamente en manos de la Emperatriz ALEJANDRA FEODOROVNA, , una princesa de la dinastía de los HESSE, a la que sus súbditos llamaban despectivamente la alemana, debido a su origen, a pesar de que se había rusificado integralmente; al margen que se le reprochaba la privanza que en la Corte Imperial había logrado GREGORY RASPUTÍN, un siniestro monje ortodoxo brutal y prepotente que tenía dominada a la Zarina, por cuanto había logrado convencerla de que él – solamente él – era capaz de mantener vivo al Zarevitch, víctima de la hemofilia que lo desangraba con periódicas hemorragias.

Y si bien este turbio personaje había sido asesinado un año antes por un grupo de nobles que se había conjurado para eliminarlo, el que estaba encabezado por el príncipe FÉLIX FELIXOVICHT YUSSUPOV, y del que también formaba parte el gran el gran duque DIMITRI, sobrino del zar NICOLÁS II; la nefasta influencia que el santón ejerciera sobre la familia reinante y sus más íntimos allegados, había enajenado ya la paciencia de gobernantes y gobernados, siendo ése otro de los factores desencadenantes del proceso histórico que estamos sintetizando.

NICOLÁS II era un hombre bueno, abúlico hasta el fatalismo, y sin carácter; probo, un poco obcecado en su autocracia; amante del cultivo de las flores, y de modales finos y palabra mesurada. Residía casi permanentemente en su cuartel general, fuera de Petrogrado.

Al producirse la revuelta obrera, casi todas las características de una bien digitada gimnasia revolucionaria, el Zar ordenó al Comandante militar de la Capital del Imperio que la sofocara; pero el germen del disconformismo se había ya enseñoreado en las clases populares, e incluso en los representantes de la intelligentsia rusa, y la propaganda disolvente había prendido en fuertes núcleos de la tropa del ejército, pero muy particularmente en la siempre marinería de la base naval de Kronstadt, y así fue como soldados y marineros, lejos de prestarse a aplastar la rebelión, se plegaron a ella, después de fusilar a sus oficiales.

La situación se hizo insostenible, y el 15 de marzo de 1917 NICOLAS II abdicada a favor de su hermano, el gran Duque MIGUEL; pero éste se negó a aceptar el tambaleante trono de los ROMANOFF, a menos que el pueblo le manifestara su adhesión mediante un plebiscito; cosa utópica, dado el desarrollo dinámico de los acontecimientos.
Se hizo cargo del poder un gobierno provisional, actuando como premier ALEJANDRO FEODOVITCH KERENSKY, un socialista moderado, fogoso orador apasionado del liberalismo, y que no alcanzó, por falta de sagacidad política, a vislumbrar que habría de ser derribado meses después – en noviembre de ese mismo año – por el accionar de los bolcheviques, maquiavélicamente manejados primero desde el extranjero y luego desde la propia Rusia por LENIN y TROTSKY.

Respecto al primero, WLADIMIR ILLITCH ULIANOV por derecho propio, y conocido políticamente como NICOLAI LENIN, había usado en su largo exilio por varios países de Europa, hasta recalar en Suiza, diversos apodos o nombre de guerra avalados por pasaportes falsos: MEYER, JORDANOFF, etc.; pero entre sus fanáticos seguidores era conocido como STARIK, o sea EL VIEJO, debido a su pronunciada calvicie desde que tenía apenas veintidós años. Pues bien; LENIN se apresuró a regresar a Rusia, para aprovechar la debilidad del nuevo régimen; y lo irónico e incomprensible es que lo logró por la ayuda de sus más enconados enemigos: los alemanes. Éstos lo llevaron desde Suiza, atravesando Alemania y hasta Estocolmo, en un vagón de ferrocarril con sus puertas y ventanillas cerradas y selladas, con la finalidad de ocultar la identidad del peligroso pasajero y las motivaciones reales de su viaje.

En la capital de Suecia, el líder revolucionario, sus familiares y un selecto grupo de bolcheviques que lo acompañaban, trasbordaron a otro tren, para arribar por fin a Petrogrado, de fueron objeto de un apoteótico – por lo bien orquestado – recibimiento de sus adeptos.

Esta extraña actitud de los alemanes obedeció a los deseos del mariscal ERICH VON LUDENDORFF de provocar el triunfo del bolcheviquismo – fracción reducida del socialismo – mediante el asalto violento del poder, como un medio activo de atomizar al ejército imperial zarista, y restar así su esfuerzo bélico a la causa Aliado. VON LUDENDORFF sería luego acremente juzgado por su apoyo al viaje de LENIN, que no hizo más que atizar las llamas del incendio que estaba devastando a Rusia y preparando las bases de la dictadura del proletariado. Pero es evidente que no hubo otra causa motora en la decisión del Mariscal, que la puramente estratégica, ya que no podía ser acusado de promarxista, por cierto, quien como él era un militar profesional, de rancia prosapia, héroe de las campañas de Lieja (Bélgica) y de Tannenberg (Alemania), y artífice y factor del cerco y destrucción del ejército de Samsonow (Rusia), y de tantas otras hazañas como jefe de estado mayor del Mariscal HINDENBURG. Para mayor certeza sobre su posición personal frente al comunismo, señalemos que en ocasión de llevarse a cabo en noviembre de 1923 el famoso putsch nazi de HITLER en Munich, VON LUDENDORFF estaba a su lado, siendo procesado junto con el futuro Führer del Tercer Reich por haber participado en sus intentos de crear el Nuevo Orden.

Por otra parte, no era solamente LUDENDORFF quien se dedicaba a contemporizar con los bolcheviques, ya que se llegó a acusar abiertamente al gobierno del Kaiser de haber facilitado 10.000.000 de dólares a LENIN, para que pudiera proseguir su acción revolucionaria, destinada a derrocar a los Romanoff, no obstante ser la Zarina PRIMA HERMANA del Emperador GUILLERMO II de Alemania.

Y ahora, previo esta introducción, señalemos cuál era la composición del núcleo principal de la última dinastía reinante en Rusia: el zar NICOLÁS II – NICOLÁS ALEXANDROVITCH ROMANONOFF - , primo hermano del rey JORGE V de Inglaterra; su esposa la zarina ALEJANDRA FEODOROVNA, antes princesa ALICE de HESSE, cuyo parentesco con el KAISER es conocido; y sus cinco hijos, las grandes duquesas, OLGA, de veintitrés años; TATIANA, de veintiuno; MARÍA, de diecinueve, ANASTASIA, de diecisiete, y el zarevitch ALEXIS NICOLAIEFF, de trece años, único varón de la descendencia y heredero de la corona.

Libros:
- LOMBARD, JEAN: La cara oculta de la historia moderna, crisis, guerra, revolución. Fuerza Nueva, Madrid, 1976.
- MALAPARTE, CURZIO: Técnica del golpe de Estado. Plaza & Janes editores, Barcelona, 1965.
- BORREGO, SALVADOR: Infiltración mundial, 2ª edición, México, 1970.


Editó Gabriel Pautasso
gabrielsppautasso@yahoo.com.ar
DIARIO PAMPERO Cordubensis Nº 248

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