miércoles, mayo 27, 2009

Notables palabras de Belgrano

Se ocupaba BELGRANO de la idea de fortificarse en Tucumán (12 de septiembre de 1812), quiso tentar el último esfuerzo antes de decidirse a emprender la retirada hacia Córdoba. En consecuencia, desde la altura de la Encrucijada, despachó a aquella ciudad de acuerdo con DIAZ VÉLEZ, al Teniente Coronel Don JUAN RAMÓN BALCARCE, con el objeto de despertar el entusiasmo de los tucumanos y ver si era posible organizar nuevos cuerpos de caballería para aumentar su ejército y en tal caso contramarchar rápidamente y volver sobre el enemigo, caso que no hubiera éste reconcentrado aún sus fuerzas. Así le decía a BALCARCE: “En el trance apurado en que nos hallamos y que con sobrados fundamentos sabemos que el enemigo intenta atacarnos, es necesario que podemos oponerle una fuerza respetable, para contener sus pasos por nuestras maniobras y acaso para arruinarlo”.
En su correspondencia al Gobierno (7 de septiembre), le decía hablándole de esto: “Es muy doloroso tener que ir retrogradando y no ver el término de esta campaña, cuando las tropas han tomado un fuego y una energía extraordinaria con la acción del 3, que de necesidad debe resfriarse con la retirada, no estando a su alcance la razón de ella y así es que se me han empezado a desertar desde que emprendí mi marcha. Yo quisiera hacer prodigios por la patria y por el honor de sus armas, pero no veo camino si el enemigo no me da tiempo. Entre la mucha gente, apenas contaré 600 a 700 hombres útiles y en cuanto a armas, me hallo con muchas descompuestas. Sin embargo de todo, veré si puedo estimular a los tucumanos para aumentar el número de caballería con lanzas y si logro poder montar a todos los hombres de armas y si lo logro poder contramarchar con rapidez y conseguir alguna victoria sobre las divisiones del enemigo, cargándolo con el todo de mis fuerzas, lo que acaso nos sacaría de apuros y libertaría de retirarnos tanto”.
Los tucumanos respondieron a las esperanzas del General. En presencia del peligro se despertó súbitamente su entusiasmo, poderosamente estimulado por el influjo de la familia de los ARÁOZ una de las más respetables y conocidas de aquel distrito. Todos ofrecieron a BALCARCE sacrificarse con tal de que no se abandonara su territorio y en este sentido fueron diputados varios vecinos cerca del General BELGRANO. Este, aún antes de ver convertidas estas promesas en realidades, se resolvió definitivamente a dirigirse a Tucumán, a inmediaciones dio de la ciudad, dio cuenta al Gobierno de su resolución, con fecha 12 de septiembre: “Son muy apuradas las circunstancias y no hallo otro medio que exponerme a una nueva acción: los enemigos vienen siguiéndonos. El trabajo es muy grande; si me retiro y me cargan, todo se pierde, y con ello nuestro total crédito. La gente de esta jurisdicción se ha decidido a sacrificarse con nosotros, si se trata de defenderla y de no, no nos seguirán y lo abandonarán todo: pienso aprovecharme de su espíritu público y energía para contener al enemigo, si me es dable, o para ganar tiempo a fin de que se salve cuanto pertenece al Estado. Cualquiera de los dos objetos que consiga es un triunfo y no hay otro arbitrio que exponerse. Acaso la suerte de la guerra nos sea favorable, animados como están los soldados y deseosos de distinguirse en una nueva acción. Es de necesidad aprovechar tan nobles sentimientos, que son obra del cielo, que tal vez empieza a protegernos para humillar la soberbia con que vienen los enemigos, con la esperanza de hacer tremolar sus banderas en esta capital. NADA DEJARÉ POR HACER; NUESTRA SITUACIÓN ES TERRIBLE Y VEO QUE LA PATRIA EXIGE DE NOSOTROS EL ÚLTIMO SACRIFICIO PARA CONTENER LOS DESASTRES QUE LA AMENAZAN”.


LOS FRAILES y BELGRANO

… Ya era tiempo, pues, de que BELGRANO se presentará. Desde que estableció su cuartel general en Potosí se contrajo con afán a la doble tarea de remontar y disciplinar la administración del Alto Perú, de la que estaba encargado en su calidad de Capitán General. Hizo hacer una recluta en las provincias de Potosí y Chuquisaca, con lo cual llenó los claros de sus batallones; dispuso que ZELAYA pasara a Cochabamba a levantar allí un nuevo regimiento de caballería, y poner orden en su milicia: estableció un tribunal militar para reprimir a los enemigos interiores, que no dejaban de trabajar subterráneamente; dividió en 8 provincias el Alto Perú, que hasta entonces sólo había tenido 4 y colocó a su cabeza gobernadores del temple de ARENALES, de Don FRANCISCO ORTIZ E OCAMPO y otros, que cooperaban eficazmente a sus medidas; arregló la hacienda pública, estableciendo la pureza en su manejo; rehabilitó el Banco y la Casa de Moneda de Potosí, convirtiendo estos establecimientos en fuente de renta; en fin, se preparó a vivir a costa del país ocupado, sin expoliar a los pueblos, haciéndoles por el contrario sentir los benéficos efectos del orden y de la moralidad y así recuperó la revolución, en la opinión general, todo lo había perdido en las revoluciones anteriores.
Un suceso singular, que tuvo lugar por este tiempo, dará una idea del modo de proceder de BELGRANO en las circunstancias en que era conveniente conciliar los deberes de su posición con las preocupaciones del pueblo. Habiendo la Comisión Militar sentenciando a muerte a 3 desertores, éstos puestos en capilla. Al día siguiente (agosto 4de 1813) se hallaba BELGRANO en misa, los prelados de los religiosos con sus comunidades, seguidos de un inmenso pueblo, y con las imágenes de Nuestra Señora de las Mercedes, Santo Domingo y San Francisco, se dirigieron a su casa a pedir la gracia por los reos. No lo encontraron, dejaron allí sus imágines y pasaron adonde se hallaba, haciéndole presente la súplica que dirigía el pueblo bajo los auspicios de los referidos santos. BELGRANO se negó a acceder y mandó que en el acto se restituyeran las imágines a sus Iglesias; pero pocos después supo, que a pesar de lo ordenado, un clérigo había alborotado a una parte de las comunidades y del pueblo, para que se llevara la procesión de las imágines hasta la casa donde el General se hallaba de visita después de oír misa. En el acto que tal intento llegó a su noticia, mando salir de Potosí al clérigo en término de cinco minutos, recomendando al gobernador del Obispado lo pusiese en un convento. En seguida hizo arrestar al Comendador de la Merced, al Superior de Santo Domingo y a otros frailes más, poniéndolos a todos incomunicados. Así se apaciguó el tumulto (o motín o pueblada) ; pero reflexionando que hacía 2 días que había tenido lugar otra ejecución por aquel motivo; que los condenados pertenecían a una familia patriota de Salta y que en el hecho, había más que malicia, una mala entendida piedad, y que su negativa, a pesar de la intercesión de la Generala del Ejército, NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES, podría dar lugar a acusaciones de herejía en el pueblo humilde, perdonó a los reos al tiempo de salir al suplicio, salvando así los respetos de la autoridad y concilió la humanidad con las preocupaciones del pueblo.
Con motivo de este suceso escribía BELGRANO al Gobierno: que la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes había entrado a casa con colores, y que no habiendo conseguido lo pedido, salió descolorida y llorosa. ¿Se puede oír cosa semejante? Educación, educación es lo que necesitan estos siquiera estos pueblos para ser virtuosos e ilustrados como corresponde, siquiera en los principios de nuestra religión, de no, jamás seremos nada”.

MANUEL BELGRANO

MANUEL JOSÉ JOAQUÍN DEL CORAZÓN DE JESÚS BELGRANO, nació en Buenos Aires el 3 de junio de 1770, siendo sus padres Don DOMINGO BELGRANO y PERI, oriundo de Oneglia, Italia, donde naciera en 1731 y Doña MARÍA JOSEFA GOMZÁLEZ CASERO, porteña. MANUEL fue el septimo hijo de este matrimonio.
Cursados las primeras letras, ingresó al Colegio de San Carlos, donde siguió los cursos de Latín y Filosofía, pasando más tarde, en el año 1786, a España, para seguir sus estudios superiores en la famosa Universidad de Salamanca. Allí se graduó de bachiller en 1789; cuatro años después de abogado en Valladolid. En las distintas materias que debió cursar para obtener el título, ninguna estimuló tanto su aplicación como las lenguas vivas, el derecho público y la economía política. Para esta última ciencia, sobre todo, guardó una afición especial que acrecentó después en Madrid, donde publicó un tratado de economía política, que precidió de una notable introducción.
Poco tiempo después de su residencia en Madrid, se expidió la Real Cédula creando el Consulado en Buenos Aires, y con fecha 6 de septiembre de 1793 se le nombraba secretario perpetuo del mismo. Poco después de nombrado BELGRANO se embarcaba en Cádiz para su ciudad natal. El Consulado se instaló solemnemente el 2 de junio de 1794 y desde su instalación, el fogoso secretario estuvo en pugna con los comerciantes que nada sabían fuera de su monopolismo, sosteniendo con brillo y valentía las novedosas ideas del comercio libre: “El comercio - decía – debe tener libertad para comprar donde más le acomode, y es natural que lo haga donde se le proporciona el género más barato para poder reportar utilidad”. Sus trabajos en este sentido han hecho decir a sus biógrafos, que BELGRANO y MORENO, secundados por VIEYTES y CASTELLI fueron los promotores de la revolución económica del comercio libre que había de preceder a la revolución política. Uno de los consularios, Don FRANCISCO ANTONIO DE ESCALADA, aceptó las doctrinas económicas, finacieras y comerciales del Doctor BELGRANO, e hizo oír su voz en contra de la prosecución del monopolio, presentando un escrito en cuyas conclusiones abogaba francamente por el comercio libre. Sin embargo, el estado de cosas no se modificó.
El Virrey MELO le había conferido en su administración el empleo de capìtán de milicias urbanas, cargo que desempeñaba en la primera invasión, ad honorem. EL PELIGRO DE LA PATRIA LO HIZO SOLDADO; al frente de sus compañías recibió el bautismo de fuego en la Barranco de Marco, pero las tropas coloniales molestaron tan poco a los invasores que BELGRANO llamó “Fuegos fatuos” a las descargas de sus compañeros de armas. El improvisado soldado se replegó con la fuerza a la ciudad, al ordenarse la retirada. Luego para no verse obligado a prestar juramento a las autoridades británicas, partió para la otra banda del río, y se aprestaba a incorporarse a las filas de los reconquistadores, cuando supo que el éxito había coronado la empresa. Regresó a Buenos Aires en los momentos en que se organizaban a gran prisa los batallones de milicias que tan brillante papel debían desempeñar en el rechazo de la segunda invasión. Bajo su influencia, la legión patricia en que se afilió, nombró por comandante a Don CORNELIO DE SAAVEDRA, siendo BELGRANO elegido sargento mayor de la misma y desde aquel momento, la táctica y el manejo de las armas, fueron su preocupación dominante y su tarea favorita. Tanto empeño puso en esta instrucción, que el discípulo pronto se hizo maestro y el Cuerpo de Patricios tuvo en el sargento mayo BELGRANO un excelente instructor para inculcarles las virtudes marciales que debían permitirles afrontar con ventaja la embestida a que estaba amenazada la ciudad de Buenos Aires por nuevas tropas británicas. Más tarde una parte del cuerpo de Patricios fue enviada en auxilio de Montevideo, pero LINIERS no permitió que con ella marchase BELGRANO a causa del temor de la oficialidad de que pudiera ocurrir alguna desorganización en su ausencia. Sin embargo, poco después abandonaba el cargo, disgustado por las intrigas que se tramaban, volviendo entonces a sus tareas del Consulado…

…Conseguida la escarapela y a los fines manifestados, se propuso crear también las bandera nacional. La oportunidad no podía serle más propicia con motivo de inaugurarse las baterías del ROSARIO, que ya calculadamente había bautizado con los nombres de “Libertad” e “Independencia”,
“Siendo preciso enarbolar banderas, dice, y no teniéndola, mándela hacer “celeste y blanca” conforme a lo colores de la escarapela nacional”. Llegado el solemne momento de enarbolarla, montó a caballo, y desvainando su espada, dirigió la siguiente breve pero ardorosa proclama: SOLDADOS DE LA PATRIA: EN ESTE PUNTO HEMOS TENIDO LA GLORIA DE VESTIR LA ESCARAPELA NACIONAL; EN AQUEL (señalando la batería “Independencia”) NUESTRAS ARMAS AUMENTARÁN SUS GLORIAS”.

“JUREMOS VENCER A NUESTROS ENEMIGOS INTERIORES Y EXTERIORES Y LA AMERICA DEL SUR SERÁ EL TEMPLO DE LA INDEPENDENCIA Y DE LA LIBERTAD, EN FE DE QUE ASÍ LO JURÉIS, DECID CONMIGO: ¡VIVA LA PATRIA”.


Editó Gabriel Pautasso
gabrielsppautasso@yahoo.com.ar
DIARIO PAMPERO Cordubensis nº 225

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