sábado, octubre 25, 2008

Comentarios y reflexiones sobre la revolución rusa

Tres viajeros juzgan al comunismo soviético 1918-1924

Revolución de octubre: 24-25 de octubre de 1917 (6-7 de noviembre de 1917) en Petrogrado (1917-2008: 91 años).


1918: El bolchevismo se hallaba, a la sazón, en lo más recio de su lucha por mantenerse y consolidarse en el poder mediante el terror organizado. ROBERTO VAUCHER, corresponsal de la Illustratión Française, después de dar un largo y accidentado rodeo por el mar Glacial Ártico, logró penetrar en Rusia, a mediados de abril de ese año, armado de su máquina fotográfica y unas decenas de placas. A su regreso a Francia, VAUCHER publicó las anotaciones de su diario de viaje con el nombre El Infierno Bolchevique, traducido al castellano y editado por Seix y Barral, Barcelona, 1920.

1920: Guerra civil, terror y hambre. En junio de ese año, comienza un viaje a la Rusia Soviética el economista alemán ALFONSO GOLDSCHMISDT. Sus comentarios fueron publicados en forma de libro y traducidos al inglés, a las lenguas escandinavas y al “idish”. En castellano se editó en Buenos Aires por M. Gleizer, en 1923.

1922-1924: Un paso atrás, dos adelante. La NEP (Nueva Economía Política). Hambre y terror. JULIO ÁLVAREZ DEL VAYO, español, miembro de la comisión de ayuda a Rusia dirigida por el explorador y sabio noruego doctor NANSEN, estuvo en Rusia dirigida en 1922 y en 1924. No oculta sus simpatías por el régimen soviético. Sus impresiones fueron publicadas con el título de La Nueva Rusia. (Manejo una edición argentina sin fecha, pero que por sus características tipográficas debe haber sido impresa entre 1927 y 1930).
Rusia cayó bajo las garras del bolchevismo no como consecuencia de causas internas sino como objetivo de un meditado plan, financiado por la banca judía internacional, apoyado por los desaciertos – dirigidos desde las sombras – de la política alemana y de la diplomacia británica. Es por ello muy cierta la cita de ÁLVAREZ DEL VAYO 8recordando la frase con que comienza PHILIPS PRICE su libro sobre Rusia): La Revolución de marzo vino como un ladrón en la noche.

La revolución de marzo de 1917 fue el resultado inmediato de un pedido al “Gobierno para que se preocupase un poco más del suministro de víveres “que degeneró en rebelión apoyada por algunos regimientos de Petrogrado. Las fuerzas ocultas habían trabajado y carcomido todos estamentos. Por eso, “acabó el Zarismo sin que apenas nadie hiciera nada por derrocarlo”, comenta ÁLVAREZ DEL VAYO. “Pero la revolución de octubre, en cambio – prosigue el mismo autor -, es el resultado de una táctica continua, ejercida con férrea voluntad, por un partido consciente de sus medios y fines”. Los bolcheviques, con la audacia que desde entonces los caracterizan utilizaron, para ganar al proletariado de la capital, la “táctica de prometer al pueblo todo aquello que el Gobierno de entonces no acertada a darle”. “Prometían – nos dice ÁLVAREZ DEL VAYO – con reservas mentales, pero prometían. Prometieron terminar la guerra, y, en efecto, la terminaron. Prometieron convocar la Asamblea Constituyente tan pronto como subieran al poder, y en efecto… uno de los primeros actos fue disolverla al encontrarse dentro de ella en minoría”.

“Medio millón de hombres – leemos en GOLDSCHMITDT – son los que mandan de hecho en la inmensa tierra del soviet. Y si digo medio millón de hombres, todavía exagero, porque buena parte de los comunistas, la mayor parte, acaso, están en el frente. En Moscú hay muy pocos comunistas. Nunca antes se detentó el poder con tan mínima cantidad de hombres” en una población de más de 150 millones. “Sin embargo, de esto, el Partido Comunista Ruso es el que domina ya que no las almas, sí todo el aparato administrativo y el ejército de Rusia”. Más adelante el mismo autor sostiene que en Rusia se ha impuesto la dictadura del proletariado, pero “es estrictamente la dictadura proletaria ejercida por el Partido Comunista”.

¿Y con qué otra poderosa organización compara GOLDSMICHDT al bolchevismo soviética? Leemos: “Trae a la memoria la orden de los jesuitas, la que tampoco aparentemente cede en principio alguno, pero concede en cláusulas complementarias, que permiten meter mano en la lucrativa realidad concreta. Así el Partido Comunista es rígido en los principios y elástico en la práctica; en nombre de los principios ataca a quien le parezca adverso y con la autoridad de las cláusulas que miran a lo necesario y contingente se concilia con sus enemigos? ¡La coexistencia pacífica en su faz prístina!

Con respecto a la Tercera Internacional, donde se concentraba toda agitación comunista en el mundo, era “una organización centralizada en que se cifrada - nos dice el mismo realidad – todos los efectos revolucionarios y desde entonces esos efectos obran con carácter simbólico y doctrinario. En esto – sostiene - las revoluciones son como las religiones”. “La historia de la Tercera Internacional de Moscú – prosigue – es quizá la más interesante de las historias: en ella abundan los sacrificios, los triunfos y las deserciones. La única historia comparable a ésta acaso sea la del Papado”.

¿Eran rusos los que hicieron y dirigieron la revolución bolchevique? ¿Qué nos dice al respecto ROBERTO VAUCHER, corresponsal de la Illustratión Française? “Cuando se vive en contacto con los funcionarios que están en servicio del gobierno bolchevique, un hecho singular es sorprende en seguida: todos, o casi todos, son judíos”. El corresponsal aclara que no es antisemita, no hace más que constatar lo que ve con sus propios ojos. “En todas partes – prosigue – en Petrogrado, en Moscou, en provincias, en los ministerios, en los cuartelillos de barrio, en Smolny y en el mismo autor: “Cuando más se observa esta segunda revolución rusa – s refiere a la octubre – tanto más se advierte que el bolcheviquismo es un movimiento judío”.

Todos los judíos que tomaron el poder en Rusia – por otra parte – habían camuflado bajo patronímicos rusos sus verdaderos nombres, y – sostenía VAUCHER – “sus fisonomías en su mayor parte son desconocidos en el extranjero”. “Me será muy difícil presentar a los personajes que componen el mundo bolchevique de Petrogrado, pues la mayoría son ilustres desconocidos”. Y continúa: “A pesar de mis pesquisas, que han durado varios meses, todavía no he conocer los antecedentes de ANTONOF, un judío que manda el ejército rojo del frente noreste; de JOFFE, judío también, embajador actual de la República de los
Soviets en Berlín; y de STEINBERG, ítem judío, comisario de justicia”. Cita a continuación a los amos del día. En primer lugar, por supuesto, coloca a LENIN, nacido el 10 de abril de 1870. Nos da su verdadero nombre, WLADIMIRO ILLITCH ULIANOF, aunque – quizá por desconocimiento – no da su origen judío por parte de madre. A continuación coloca a “su lugarteniente LEIBA DAVIDF BRONSTEIN, llamado NICOLAS (SIC) TROTZKY, , judío, nacido en 1877”. En tercer lugar coloca a ZINOVIEF, judío, nacido en 1883, cuyo verdadero nombre ee ALFELBAUM RADOMILKSKY OVSEY GUERCHON ARONOF”. “El presidente del Soviet de los Sovits rusos, JACOV MOVCHEF SVERDLOF – agrega – es un farmacéutico judío nacido en Ninji-Novgororod. ZORÍN, presidente del Tribunal revolucionario, es judío”.

Lo que vio el corresponsal de la Illustratión Française en las calles de Petrogrado, es testimonio de una realidad que puede repetirse entre nosotros y venir como un ladrón en la noche si nos quedamos con los brazos cruzados. “En el puente de la Fontanka – leemos – vi un espectáculo doloroso y característico: a un lado, un voluntario del ejército rojo dándose el gustazo de hacerse limpiar las botas; y a otro, varios soldados ciegos, descalzos, implorando limosna. Estos se batieron como héroes, aquél no ha estado nunca en el frente”. Más adelante VUACHER nos habla del hambre en Petrogrado (como medio de dominación) , “provocada por los doctrinarios irreductibles y sostenida por especuladores sin alma”.
¿Cómo se sostuvieron y dominaron Rusia los judíos bolcheviques?: Mediante el terror. Un decreto, de fecha 20 de diciembre de 1917, crea la Comisión Extraordinaria Panrusa de Lucha contra la Contrarrevolución (en abreviatura: CHEKA), y pone en manos de FÉLIX DZERCHINKI, un judío polaco, el instrumento legal necesario para la seguridad del nuevo régimen y de cada uno de sus hombres. “A partir de ese momento – comenta ÁLVAREZ DEL VAYO – en él se concentran todas las actividades de la justicia revolucionaria. Juez instructor, acusador público, Tribunal de apelación, verdugo “. “Puesto que hay que matar – se dice a sí mismo DZERCHINFI - ¿qué importa que los ejecutores sean asesinos? Al contrario, cuanto más asesinos, más en su papel. Chinos, letones, finlandeses licenciados de presidio, antiguos agentes de la policía secreta zarista, prostitutas, ningún antecedente penable les invalida – sostiene ÁLVAREZ DEL VAYO – para entrar en la CHECA. Al admitirlos en ella todo se les perdonaba de antemano, todo menos que tuviesen un segundo de flaqueza en la lucha contra la contrarrevolución”. “Por toda Rusia – agrega el mismo autor – se extiende como una maldición la fama macabra de la CHECA. Las dos calles en que tiene sus oficinas centrales, la Lubyanka de Moscú y la Gorochowaya, de Petrogrado, adquieren pronto trágico renombre. El público las evita”. ¿Quién recuerda hoy el número 2 de la Gorochowaya? “Basta pronunciar estas pocas letras para provvocar en cualquier parte – dice VAUCHER - un impresión de terror. Es un edificio que pasará a la historia en virtud de los horrores que en él se han cometido, desde hace algunos meses, en nombre la justicia.

La CHECA de Petrogrado era dirigida por “MOISÉS SALOMONOVITTCH URITZKI, nacido el 2 de enero de 1873, hijo de un tendero israelita. Después de haber vivido pobremente bajo el régimen zarista – leemos en VAUCHER - URITZKI muere millonario, en pleno régimen de terror”. Fue asesinado por un estudiante de veintidós años, “judío, llamado LEÓNIDAS AKIMOVITCH KANIGUISEN”. “Los organizadores del ceremonial que ha de servir para los funerales de URITZKI – leemos en VAUCHER – han tomado una hábil medida. Para que al lado del ejército rojo figuren todavía unos proletariados, han declarado que hoy solamente se dará pan a los que asistan a los funerales hasta su terminación”.

Dice el Padre Prbo MIGUEL PORADOWKI en obra “El imperio marxista de la fuerza frente a la fuerza de la justicia” que “La revolución marxista recibe una nueva dimensión, la dimensión popular; ya no es solamente la obra de los “revolucionarios profesionales”, es decir, del partido, sino de todo el “pueblo”, de toda la población envilecida por el crimen, corrompida por la envidia y el odio; el “pueblo” asume la función del verdugo, de un verdugo muy eficiente, pues, en pocos años asesinó torturando más de 150 MILLONES DE PERSONAS. Ergo: el comunismo mundial fue el responsable directo de la muerte sobre la tierra de 150 millones de personas, desde su inicio en el siglo XX hasta nuestro tiempo en el siglo XXI.

Con respecto al campesino y la revolución, es interesante señalar lo que escribe ÁLVAREZ DEL VAYO:”Con recordar que las siete décimas partes de la población rusa es rural queda señalada la importancia que tiene el campesino en la vida del país. Por algo la revolución comunista, que no respeta castas ni clases y que se apoya inmediatamente sobre el proletariado industrial, coloca, sin embargo, al frente del Comité Ejecutivo panruso como Jefe de Estado a KALININ, un campesino…”. Siempre los bolcheviques han colocado como Presidente de la Unión Soviética es decir, su figura decorativa de escaparate, a un ruso; y si en este caso colocaron a un campesino, ello fue debido a que el campesino era el enemigo potencialmente más peligroso – mucho más que el burgués – para implantar la dictadura bolchevique Fue una táctica de captación. “La gente del campo – nos dice ÁLVAREZ VAYO – no se interesa por el comunismo. El campesino ruso no acepta – agrega – más propiedad que la suya. En ese sentido fue un factor revolucionario cuando se trató de quitar las tierras a los grandes terratenientes”. “Padrecito, a ti te queremos, pero líbranos de los comunistas”. Así dicen – según ÁLVAREZ VAYO – que le hablaban a LENIN, en 1920, las delegaciones de campesinos que iban a Moscú a protestar contra las requisiciones El campesino ruso “evolucionaba – según el mismo autor – hacia una gran democracia campesina”, “TROTZKI percibió en seguida el peligro que esto suponía para el régimen soviético”. En 1921, según la táctica de LENIN: Un paso atrás, dos adelante, el régimen cedió, cuando “toda la agricultura rusa anunciaba ruina”, devolviendo al campesino “el incentivo del mercado”.

Quedarían truncos estos comentarios y reflexiones de viajeros sobre la Revolución de Octubre, si no recordáremos que, años más tarde, muerto LENIN y defenestrado TROTZKI, el judío georgiano IOSPH DAVID VISSARIANOVICH DJUGASSHILI-KOCHBA, vulgarmente como JOSÉ STALIN “HOMBRE DE HIERRO”, habiendo ya liquidado a los burgueses y completado los engranajes del aparato represivo, impuso la colectivización forzosa del campo. ¡Fue espantoso! Más de diez millones de campesinos rusos murieron de hambre o fueron víctimas de los comisarios judíos, para el triunfo de la doctrina marxista-leninista fuera una inhumana y satánica realidad.

Conclusión:

Debemos considerar dos obras: 1) de SERGIO DE CHESSIN, “La locura Roja Aspectos y escenas de la revolución rusa (1917-1918) Traducción de GAZIEL, 2ª edición Sex y Barral, Barcelona, 1921, 326 páginas.
2) de LEÓN DE PONCIS, “Las fuerzas secretas de la Revolución Francmasonería y Judaísmo, Ediciones Fax, Madrid, 1928, 263 páginas, que incluye la Plegaria de S. A. I. GRAN DUQUESA OLGA asesinada en Ekaterinburgo el 17 de julio de 1918.
El comunismo bolchevique siempre es tema de actualidad y hoy más que nunca. Su triunfo en Rusia y su expansión por el mundo no ha sido consecuencia de circunstancias sociales que con carácter fatal así lo han determinado. Es el fruto de un plan metódico elucubrado durante siglos por esoteristas judíos, al sólo efecto de dominar utilizando como palanca el enfretamiento y lucha de los contrarios. Esa sutil y diabólica dialéctica ha penetrado y carcomido ya el cono sur del continente americano, resultado no de un ideólogo trasnochado sino de un empírico coronel de las pampas argentinas, surgió una doctrina, profundamente cristiana y profundamente, que es la antitesis del comunismo bolchevique, del trotkismo guerrillero y del socialismo internacionalismo: resultado todo del marxismo, pseudo-doctrina filosófica, judaica, materialista y ateo, de dominación. Su nombre es sonoro y claro como la Patria: JUSTICIALISMO. El enemigo pretende hoy sutilmente desvirtuarlo y convertirlo en compañero de ruta, después de haber denigrado y escarnecido, desde que surgiera en 1943, no solamente la doctrina, sino también a su creador y a la inmensa mayoría del pueblo argentino, su fiel sostenedor. Y aquí cabe una pregunta: ¿Puede la doctrina justicialista, en este momento en que hasta el cristianismo se ha judaizado, vencer a la doctrina marxista? Quizá en fuerza diabólica de la dialéctica de los contrarios esté el germen de la destrucción de ésta, y la soberbia judaica se desmorone ante la sola permanencia prístina e incorruptible de aquélla.

*Las imagenes son del libro de JEAN LOMBARD COEURDEROY, “La cara oculta de la historia moderna”, tomo III, página 65, Editorial Fuerza Nueva Madrid, 1977. 661 páginas.

Editó Gabriel Pautasso
Diario Pampero
nº 110 Cordubensis

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