sábado, octubre 18, 2008

El humanismo político del Justicialismo

Este ensayo del fundador de La Hostería Volante Dr. CARLOS ALBERTO DISANDRO fue redactado en 1973, cuando nuestra Patria y nuestro pueblo vivían horas de victoria y consolidación política.

1.- El liberalismo se funda específicamente en una noción incompleta de libertad. Pero la libertad es una posibilidad, no es una realidad. De allí la famosa evangélica: la Verdad os hará libres. La grave confusión entre la libertad metafísica, libertad ética y libertad política, produjo en el racionalismo liberal las consecuencias que sabemos.
En el espacio conflictivo creado por las deficiencias del liberalismo, transcurren las divergencias argentinas, y adviene el humanismo justicialista, en el mismo en que ese vacío conceptual pugnaba por llenarse del contenido marxista. Esto da la medida de la Tercera Posición peronista, que no sólo es de carácter internacional e ideológico; esa tercera posición se funda precisamente en los caracteres del humanismo político, que construye su propio espacio, permite renovar el panorama americano y crear un movimiento nacional insertado en la problemática americana y por ende en la problemática de un mundo en ruinas por un vasto conflicto destructivo.
La noción de libertad que entraña el Justicialismo está pues en relación con la justicia que pasa a ser, como en los grandes clásicos del pensamiento occidental, el eje ordenador en la estructura de la sociedad y del Estado. El humanismo justicialista, frente al liberalismo (que durante un siglo gobierna la sociedad argentina) permite entrever la posibilidad de superar las antinomias entre libertad y sociedad justa, por un lado, y entre justicia y ordenamiento político, por otro lado.
Las falsas antinomias entre libertad y autoridad, entre sociedad y persona, entre bien común y bien individual, generadas por la prédica liberal, promueven el advenimiento de una sociedad industrial en pleno desenvolviendo, la aparición del marxismo-comunismo y su famoso Manifiesto Comunista de 1848. Precisamente las falencias en la noción de libertad, en el liberalismo, traerán las falencias en el orden de la sociedad y la autoridad en el comunismo. Pero esas falencias a su vez se apoyan en distorsiones profundas que se refieren a la naturaleza del hombre. El supuesto humanismo marxista reconoce pues fundamentos equívocos y falsos.
Digamos dos palabras sobre esta cuestión.
En primer lugar, el marxismo afirma como premisa categórica el materialismo dialéctico, lo que equivale a subrayar que la sociedad, los Estados y las naciones están sujetos a una ley inexorable que arranca de las características de la materia en proceso de expansión.
Es en consecuencia un materialismo ateo que hace de la historia una suerte de flujo fatal, condicionado por supuesto por las determinaciones de la ideología marxista. En consecuencia, el hombre está insumido en este materialismo dialéctico, ateo, cuya cúspide evolutiva sería el Estado comunista, donde la autoridad despótica es sinónimo de justicia: se trata de una justicia fáctica, que nace de la revolución sangrienta y del despojo. Para lanzar alcanzar ese despojo, esa revolución y esa cúspide, el marxismo-leninismo explota las contradicciones de la sociedad liberal democrática, o las contradicciones entre autoridad y justicia, en los Estados concentracionistas. De esas condiciones sobresale el panorama de la lucha de clases, erigida por el leninismo en suprema herramienta bélica.

2.- Tendríamos que referirnos de una forma híbrida de supuesto humanismo, llamado en la terminología moderna desarrollismo, que sería la planificación de las condiciones políticas y socioeconómicas, según una noción tecnocrática que olvida precisamente el hombre, el Estado, las naciones y que hace la humanidad un vasto campo de ensayo para los poderes mundialistas. El marxismo es una mezcla del estado tiránico, impuesta en las condiciones dejadas por el liberalismo; el desarrollismo en cambio es una mezcla de liberalismo y tecnocracia, que suele tener la suficiente destreza como para hacer a los ciudadanos que abandonando la justicia y la libertad en manos de los tecnócratas tendrán asegurados el pan y la vida. Por esto los mejores desarrollistas son criaturas híbridas: una contaminación liberal-marxista imprime una curiosa modalidad maquiavélica, que, en definitiva, termina por acelerar el deterioro del Estado.
En una palabra, frente al liberalismo, ya en ruinas como dije, el Justicialismo erige una nación de armonía entre libertad y justicia; frente al comunismo-leninismo erige una noción entre bien común y bien individual, entre autoridad y justicia, entre libertad e instauración del Estado. La revolución justicialista es, pues, una revolución del orden y la justicia, no un revolución del despojo, la esclavitud y la sangre. Se trata, pues, de una segunda revolución americana que, en la línea de la independencia política advenida en el siglo XIX, procura establecer la independencia espiritual de los Estados, la instauración de una nueva comunidad americana y la consolación de un hombre más justo y más consciente de su ubicación política y cultural.
Finalmente, conviene subrayar, por las especiales condiciones del presente, que el humanismo justicialista no es clasista, porque no perfecciona la noción de hombre sobre el contenido o marco de una clase social, sino que construye la sociedad política en la antigua noción romana de populus, de donde deriva res publica, res populi. Por tanto no existe para el peronismo, el fundamento de un proletariado, que daría a su vez el fundamento del Estado clasista. Si existe en la realidad social un proletariado como consecuencia de las distorsiones del liberalismo, el Justicialismo procura erradicarlo sobre los poderes de la burguesía, es también nefasta la pretensión del marxismo de fundarla en los desposeídos. Lamentablemente la crisis religiosa de Occidente ha contagiado importantes sectores del clero de ideología marxista-leninismo (lo que era impensable hace treinta años (1973-1950-2008) y ha promovido la aparición de otros factores ciertamente difíciles. Me refiero en especial a la pretensión de hacer del Evangelio un estatuto revolucionario de los pobres (opción de los pobres de los jesuitas), olvidando la norma la norma evangélica “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

3. En una curva, he descripto la ubicación del Justicialismo entre las ruinas del liberalismo, el empuje del marxismo y la corrupción teológica de un tercermundismo que distorsiona los verdaderos fundamentos de la Tercera Posición justicialista, que es metafísica, humanística y por ende política.
He señalado, con brevísima trámite las notas que urge realizar en la específica resolución política, que entraña el vínculo del Estado como conciencia histórica de la Nación. Aquí está la magna cuestión de la reconstrucción del Estado que sugieren los últimos mensajes de general PERON. Pues un humanismo político que no concretara en el acto de de gobernar de gobernar, administrar, instaurar y educar, sería consenso de vanas premisas. Recordemos aquellas nobles palabras que TUCÍDIDES pone en boca del conductor político. Cuando PERICLES hace el elogio de Atenas, en su famoso discurso al comienzo de la Guerra del Peloponeso, describe el temperamento de los griegos y de los atenienses, en palabras que han que han quedado como modelo de equilibrio y sabiduría política y pedagógica:

“SOMOS AMANTES DE LA CULTURA SIN LUJO – dice – Y CULTIVAMOS EL PENSAMIENTO SIN INCLINACIÓN A LA MOLICIE. LA RIQUEZA CONCRETA DE NUESTRAS ACCIONES EQUILIBRA LA POMPA DE NUESTRAS PALABRAS. UNA DIGNA POBREZA NO TIENE NADA DE VERGONZOSO, LO PEOR ES CAER EN ELLA POR UNA RENUENCIA AL TRABAJO. Y ENTRE LOS ATENIENSES, LOS CIUDADANOS NO SÓLO SE OCUPAN SE LOS ASUNTOS PRIVADOS, SINO QUE LO MÁS DIGNO ES EL CUIDADO DE LA VIDA POLÍTICA. ENTRE LOS GRIEGOS, SOMOS LOS QUE CONSIDERAMOS AL CIUDADANO QUE SE ALEJA DE LA ACTIVIDAD POLÍTICA, NO COMO UN HOMBRE PACÍFICO, SINO COMO UN SER INÚTIL. NUESTROS JUICIOS Y NUESTRAS ACCIONES SUELEN SER JUSTAS, PUES CREEMOS QUE LO QUE DAÑA NO ES LA PALABRA, SINO EN EL HECHO DE NO ESTAR SUFICIENTEMENTE INSTRUIDO POR ELLA ANTES DE ACTUAR…

Nosotros pretendemos trasladar esta magna lección al marco argentino y americano, y solicitados por impostergables realizaciones, en el conflicto de nuestra Segunda Guerra de la Independencia, pretendemos concretar la magna obra de un Estado justo, el nuevo Estado Argentino. Esta Segunda Guerra de la Independencia es ahora más sutil y más difícil, pues transcurre contra todos los poderes mundialistas, cuyas metas conocemos perfectamente.
He subrayado las connotaciones del humanismo justicialista para contraponer a las formas liberales, marxistas, desarrollistas y plantear entonces el contenido positivo de un humanismo cristiano que a nivel político implica que el Estado y el hombre representan la más alta norma de instauración espiritual y creadora, en el marco de una justicia que hace más libre, de un libertad que hace más justos. Sin esta armonía pues, los caracteres de una revolución cultural que solapadamente quiere instrumentar al peronismo podrían establecer una nefasta confusión y además podrían destruirse los valores eminentes del hombre argentino, relegarse las pautas de soberanía e independencia y abatir la construcción de una justicia social que siendo requisito del Estado es al mismo tiempo fundamento de un hombre más apto, más justo y más noble. En esta controversia donde el Justicialismo tiene todos los caracteres helénicos y socráticos de una búsqueda del bien, y donde el Estado tiene todos los caracteres de la vieja Roma que hace de la ley común la única norma que cohesiona las partes, sólo debemos aplicar y por supuesto conocer las premisas y sus inferencias más importantes. Pero esta controversia, la de la justicia humanística en el mundo es tan vieja como el hombre y tan nueva como las urgentes coyunturas en que nos encontramos: por vieja esta magistralmente resuelta en la respuesta que SÓCRATES da a TRASÍMACO en un diálogo famoso, cuando el personaje le propone instaurar un Estado que no haga distinción entre justicia y la injusticia, y más aún que utilice a esta última, pues la injusticia – dice – es más fuerte, más libre y más poderosa que la justicia, que ésta se vuelve del lado más fuerte y la injusticia se orienta hacia su propio interés y en su propio provecho. Pero SÓCRATES sin retroceder ante el discurso terrible de TRASÍMACO, aplasta sus argumentaciones, para concluir que es tal la naturaleza de la injusticia que encontrándose en un Estado, o en una comunidad cualquiera, reducirá esa sociedad a la absoluta impotencia de emprender nada en virtud de las querellas y disensiones que en su seno suscite; y en segundo ligar la tornará en enemiga de sí misma y de todos los que no quieran la injusticia, es decir, de los hombres de bien. El ejemplo que traigo se aplica en su vieja resonancia al presente contradictorio. Pues en el mundo la doctrina de TRASÍMACO inspira y fundamenta la rapacidad de los imperialismos, la injusticia internacional de la Sinarquía; en tanto que la doctrina justicialista, como lo he demostrado representa el lado socrático, la instauración del bien en la justa libertad, y el ansia de libertad en la irrestricta justicia para todos. A nivel nacional hemos vivido también la destrucción ocasionada por los diversos TRASÍMACOS de turno que intentaron doblegar la voluntad humanística del peronismo y la claridad doctrinal y estratégica de su conductor. Frente a tales TRÁSIMACOS EL GENERAL PERÓN resulta pues como SÓCRATES: enseña con el diálogo oportuno, amonesta con la severidad del que conduce y abre las perspectivas de una renovación que en línea de la Patria perenne reasuma la conducción política p del Estado.
En estas perspectivas, que por eso he llamado socráticas, nos corresponde consolidar un trasvasamiento que no sea meramente biológico sino que en la primavera irrenunciable de una vida fecunda se cumpla también la irrenunciable lumbre de la más alta condición de hombres, colmados de fidelidad, verdad, y sacrificio, para que los jóvenes reaprendan el heroísmo de una vida sencilla y disciplinada y los mayores reasuman las graves responsabilidades de conducir y enseñar con autoridad, humanidad y claro designio formativo.
Tal es la síntesis el horizonte de este humanismo: advenido en América, tiene un destino americano; pero advenido en una difícil coyuntura del mundo tiene un destino universal, siempre que los argentinos despertemos a la obra gigantesca que nos espera: CREAR UN ESTADO POLÍTICO, con prudencia y eficacia; y siempre que sepamos construir esa magna obra de arte, admiración de los que vienen o nos rodean, a fin de que pueda decirse con verdad y entusiasmo: HE AQUÍ UNA PATRIA, JUSTA Y SOBERANA.

Este ensayo del fundador de La Hostería Volante Dr. CARLOS ALBERTO DISANDRO fue redactado en 1973, cuando nuestra Patria y nuestro pueblo vivían horas de victoria y consolidación política. Como corolario doctrinario-político, su autor lo expuso en la sesión de clausura del Primer Congreso de Abogados Peronistas de la República Argentina.

Editó Gabriel Pautasso
Diario Pampero
nº 101 Cordubensis

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