sábado, octubre 25, 2008

Una crisis bursátil: Un medio para trastornar el estado de cosas

A pesar de una guerra mundial y de las revoluciones sangrientas en serie, los planes concebidos por nuestros modernos profetas parecen haber desembocado únicamente en un callejón sin salida.
Antes de reanudar la marcha hacia delante y de fomentar una nueva guerra, hay que asegurarse buenas posiciones de partida en la Europa occidental (ese será el papel de los frentes populares vía Moscú) y, para empezar, una base sólida en los Estados Unidos.

Del martes 22 al viernes 25 de octubre de 1929, un CRACK de una amplitud sin precedente estalla en la Bolsa de Nueva York, en la que 16.000.000 de acciones son lanzadas al mercado. ¿Cuáles son las causas? ¿Crisis de superproducción consecutiva a la Gran Guerra 1914-1918, cuando, diez años después, se ha efectuado la reconversación y el número de desocupados, rebajado de 5.000.000 en 1921 a 2.000.000 en 1924 y a 400.000 en 1929, no ha sido tan bajo y los salarios reales han aumentado en un 15% de 1919 a 1929. ¿Baja de los precios agrícolas? (Del índice 150 en 1926 a 137 en 1929, es decir, menos de un doceavo, y el tercio no será alcanzado hasta 1930, o sea, después del CRACK.

Desde luego, el crédito agrícola, mantenido bajo control de BERNARD BARUCH y de EUGÈNE MAYER (doce bancos federales de plazo medio, creados por la Agricultural Credit Act del 14 de marzo de 1923, prestando a las sociedades nacionales que agrupan en 1929 a 4.662 cooperativas), no ha logrado sanear la situación, ni poner coto a los abusos cometidos por los bancos hipotecarios privados, por acciones. ¿Exceso de disponibilidades, rescate de la prosperidad, concretada en el aumento del volumen de los depósitos (que han pasado de 43.000 millones de dólares en 1921 a más de 60.000 en 1929 en los bancos comerciales y de 4.900 millones en 1914 a 10.600 en 1919 en los bancos de ahorro, mutuales y por acciones, y en las Cajas de Ahorro? O, sobre todo, el desequilibrio entre el índice de los valores (que ha pasado de 105 a 220 desde principios de 1925 a principios de 1929), en otras palabras, o en conclusión, el abuso de la especulación, estimulada por el hinchamiento de los “call loans”, de los préstamos a la vista (las aceptaciones han pasado de 416 millones de dólares en marzo de 1922 a 1.730 a finales de 1929), de los anticipos a los agentes de bolsa, “brockers” (2 millones en 1922, 4, en 1927, 8,5 en septiembre de 1929), sobre fianza de títulos, de las facilidades de las Trust Cies (3.400 millones de dólares), de los bancos privados (600 millones), etc. Por su parte, los dividendos han aumentado de 7.000 millones en 1922 a 10.000 en 1929. Especulación tardíamente frenada de golpe por un lado, con el aumento del tipo de descuento del 5% - 6 para el “call Money” – al 8,5 entre julio de 1928 y septiembre de 1929, y por otro lado con la reducción de los créditos a disposición de la Bolsa, de 8.500 a 4.000 millones de dólares en dos meses.
Pero la crisis, de origen bursátil, recuerda singularmente la de 1907, que expulsó una primera vez a los republicanos del poder en 1911. Tanto más por cuanto, tras una primera recaída en mayo de 1930, será seguida en julio de 1932, en vísperas de las elecciones de noviembre, de una nueva sacudida todavía más reveladora. Hasta el punto de que OGDEN MILLS, secretario del Tesoro, y el propio EUGÈNE MAYER, nombrado gobernador del Federal Reserve Board en septiembre de 1930 y director de la Reconstruction Finance Corporation (creado en febrero de 1932), acusan a BERNARD MANES BARUCH de ser su creador. El senador WILCOTT, de Connecticut, hombre de confianza del senador RORNBACK y socio de una entidad, la Bonbright and Co., controlada por MORGAN , reclamaba una comisión de encuesta (una cometa), que será enterrada ante la amenaza de una ola a la baja todavía más fuerte. De hecho, BERNARD M. BARUCH, que ha situado a uno de sus colaboradores, ALVIN BROWN, como adjunto del junto del joven DOUGLAS, director de Presupuesto, a fin de inspirar a este último unas brutales medidas de restricción, perfectamente advertido,, y con motivo, de la inminencia y, en marzo de 1930, de la larga duración de la CRISIS, ha escapado a las consecuencias del CRACK, lo mismo que su compadre y rival, PAUL WARBURG (Paul Warburg: miembro del Consejo consultivo del Federal Reserva Board desde 1921 hasta 1926, presidente del International Acceptance Bank y de la International Manhattan Cy, en la que hijo JAMES, socio del First National Bank de Boston desde 1919 hasta 1921, le secunda y le sucederá como vicepresidente desde 1922 hasta 1929, y como presidente, del primero desde 1931 hasta 1932 y de la segunda desde 1932 hasta 1935). Él ha puesto en guardia a sus accionistas por medio de una circular de fecha 8 DE MARZO DE 1929, al iniciarse la depresión de los negocios.

Para la economía norteamericana, aquella crisis es verdaderamente CATASTRÓFICA. Para los agricultores, cuyos productos siguen vendiéndose mal y que, incapaces de pagar sus deudas, resisten a veces con el empleo de fuerza las ejecuciones con que les amenazan los bancos hipotecarios en 1930, en tanto que el gobierno se esfuerza en socorrerles con una ayuda de 45 millones de dólares en enero de 1931, y con un aumento a 125 millones del capital del Federal Land Bank. Para los industriales, cuyas empresas periclitan (el índice de producción desciende de 120 a 57 y el producto de 104 a 58 millones de dólares entre 1929 y 1932). Para los obrero, reducidos al paro (de 400.000 en 1929, el número de los tienen trabajo asciende a 4.639. en octubre de 1930, 7.778.000 en 1931, 11.586.000 en 1932 y 13.000-000 a principios de 1933). Para el comercio exterior: las exportaciones se hunden de 5.241 millones en 1929 a 1.611 millones en 1932, y las importaciones de 4.339 a 1.323, lo que provoca un alza de las tarifas aduaneras (la media “ad valorem” de la tarifa Hawley-Smot del 17 de junio de 1930 es de 40,59 en vez de 33,38 % para Fordney-Mac Cumber del 27 de septiembre de 1922 y de 21 bajo la tarifa Underwood). La restricción de los créditos al extranjero (17.000 millones de dólares en 1929) entraña como corolario en la Europa central en mayo de 1931, una moratoria sobre las deudas propuestas por el Presidente HOOVER y las conclusión del plan YOUNG. Para los pequeños bancos, cuyas quiebras son numerosas (6.987 de 1920 a 1930, más de 2.294 en 1931 y 1.456 en 1932), a pesar de la ayuda que el gobierno incita a los mayores establecimientos a procurarles por mediación de la National Credit Corporation, y luego de la Reconstruction Finance Corporatión, cuyo director (sólo durante seis meses), de un capital de 500 millones de dólares, aumentado a 3.300 millones finalmente por la Emergency Relief Act del 21 de julio. Para las finanzas públicas, finalmente, que registran (mientras unas leves reducciones del impuesto sobre la renta, con escalonamiento de las tasas para los particulares del 0,5 al 4% y para las sociedades del 11% al 12%, tratan, el 2 de diciembre de 1929, de reanimar los negocios) serios déficits: 903 millones de dólares para el ejercicio terminado el 30 de junio de 1931, 2.885 millones en 1932, más de 3.000 en 1933, y cuya deuda aumenta de 16.750 millones a 19.500 en el curso del mismo período. En conjunto, R. LEWINSOHN calcula que el CRACK ha amputado la fortuna bursátil en ¡30.000! millones de dólares, y FOSTER RHEA DULLES (Labor in America), que la renta nacional se ha reducido a la mitad en tres años (40.074 millones de dólares, en vez de 82.885; e incluso 87,2, según GEORGE SOULÉ y ROSENSTOCK-FRANCK, en 1929).

PREPARANDO EL ADVENIMIENTO DE ROOSEVELT

¿En beneficio de quien? De los especuladores en primer lugar, a cuyos jefes de lista conocemos. De sus aliados, ROOSEVELT y su “trust de cerebros” demócrata a continuación, delante del cual se abre, con las avenidas del poder, la posibilidad de reanudar la obra de estatización de tendencia socialista, iniciada durante la guerra y provisionalmente interrumpida por unas elecciones adversas. La crisis acaba con el partido republicano y el escrutinio de 8 de noviembre de 1932 permite a FRANKLIN DELANO ROOSEVELT, designado como candidato en la cuarta vuelta por la convención de Chicago en junio, entrar en la Casa Blanca con una cómoda mayoría (22.813.000 votos y 472 electores, contra 15.759.000 y 59 para HOOVER), mayoría reforzada en marzo de 1933 con la presencia de 59 demócratas contra 36 representantes en e Senado, y 313 contra 117 en la Cámara de Representantes. (Véase, JOHN T. FLYNN, “El mito de Roosevelt, Editorial Mateu, Barcelona, 1962, 286 páginas, que por último, concluye el autor, “La figura de ROOSEVELT, tal como aparece proyectada ante nuestros ojos, fue una imagen ficticia. No fue el hombre altruista, tenaz, sabio, magnánimo, ni tampoco el filósofo, el filántropo, ni el guerrero artificiosamente creado por la propaganda y cuya fantasmal memoria aún quiere aprovecharse, para sus diabólicos fines, una reducida pandilla de ciudadanos norteamericanos).

EL CRACK DESTRUYE EL EDIFICIO DEL PLAN YOUNG

Pretexto y ocasión para una intervención del Estado sobre la economía norteamericana, la crisis bursátil, desencadenada el 29 de octubre tuvo también repercusiones en Europa.
Desde principios de año, los banqueros, dueños de las finanzas mundiales, deseosos de acelerar la reanudación de los negocios, multiplicaban los contactos, esforzándose al mismo tiempo la carga de las reparaciones de la Primera Guerra Mundial y crear entre ellos un organismo permanente de enlace.
Sobreviene el CRACK, y todo aquel edificio, apenas bosquejado, se hunde bruscamente. La retirada de los capitales norteamericanos de Europa (11.000 millones de dólares), iniciada en 1928, se intensifica en el curso del año 1930.

(Véase, JEAN LOMBARD COEURDEROY, “La cara oculta de la hisoria moderna”, tomo III, Editorial Fuerza Nueva, Madrid, 1977, 681páginas).

Editó Gabriel Pautasso
Diario Pampero
nº 98 Cordubensis
Córdoba de la Nueva Andalucía, 26 de octubre de Penthecostés del Año del Señor, en la Fiesta de Cristo Rey

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