martes, enero 27, 2009

Alberdi, verdadero y único precursor de la claudicación


Por Julio Irazusta

“Agradezco a Dios Todopoderoso lo que ha hecho por mí, pongo el destino de mi carrera en sus manos, y le pido haga por mí país más aún de lo que hizo al dárnoslo tan hermoso y tan rico, para que reparemos el daño que le hicimos al manejarlo tan mal como ocurre en el presente”.
Julio Irazusta

(Discurso en la Academia Nacional de la Historia, “De la crítica literaria a la historia, a través de la política”, Buenos Aires, separata Boletín, 1971, p. 14).

Alberdi ha sido de preferencia estudiado en su aspecto de SOLÓN argentino , y la influencia de sus ideas en la organización institucional del país fue ya ampliamente señalada. Pero yo creo que hasta ahora no se ha establecido con precisión la fecha de su grandeza desde el pinto de vista de la personalidad que decide los destinos de una nación.
Para mí esa fecha no es la de 1852, en que redactó LAS BASES al enterarse en Chile de la caída de ROSAS, sino la de 1838, año en que emigró a Montevideo. El papel que desempeña en la época llamada de la organización nacional es preponderante, pero no es singular. Ya entonces las ideas que expone en LAS BASES habían ganado mucho terreno en la opinión del país. Habían tenido otros expositores tan brillantes o tan vigorosos, si no tan claros como él; el giro tomado por la revolución liberal contra ROSAS no dependía directamente de él, sino de hombres que tal vez ni lo conocían (aunque sufrieran por modo indirecto la influencia de su propaganda anterior). Es más. Quedan indicios (ya coordinados por GROUSSAC), de que, hacia el final de la dictadura, ALBERDI no veía con malos ojos los resultados obtenidos por el dictador, de que cualquiera fuese la fijeza de sus objetivos políticos fundamentales (que jamás variaron), su manera concebir la oportunidad no era la de aquellos que se puede llamar sus correligionarios.
En 1838, al emprender en Montevideo la campaña política que debía provocar la alianza de la emigración argentina con las autoridades de la escuadra francesas que bloqueaba el puerto de Buenos Aires, ALBERDI está sólo. Ningún argentino, entre los peores enemigos de ROSAS, ha pensado todavía en acudir al extranjero europeo en busca de auxilio; ningún patriota prestigioso se ha atrevido a desafiar la opinión nacional aplaudiendo la intromisión de Francia en América. De sus compañeros de generación, que luego habían de formar con él la pléyade de la Argentina liberal, ninguno ha cobrado todavía importancia. ECHEVERRÍA es la personalidad poética, no política. SARMIENTO es un tímido principiante que apenas ha hecho sus primeras armas, MITRE no ha salido de cascarón estudiantil. Y así de los demás. Cuando ALBERDI adopta una su trascendental política de 1838, ningún mayor le da un ejemplo autorizado, ningún contemporáneo suyo lo acompaña. Está en el destierro, después de abandonar voluntariamente una patria en la que ya ha triunfado, no sin duda como él lo deseara, pero entre los suyos al fin. Para colmo de dificultades cuando llega al medio ajeno que en adelante será el de su acción, las novedades aportadas por él a la lucha antirrosista contrarían las negociaciones con ROSAS iniciadas por RIVERA, y en el lugar de la acogida que sin duda esperaba de la circunstancias favorables dadas en la situación internacional rioplatense, fue atacado en su calidad de extranjero por la prensa oficiosa de Montevideo, que así desautorizaba su prédica internacionalista.
Midiendo la acción de ALBERDI por los obstáculos que venció con su tesón y su capacidad intelectual, por las dramáticas circunstancias en que la empezó, el joven emigrado de 1838 es indudablemente más grande que el hombre maduro de 1852. Y como esa acción fue trascendental para los destinos de nuestro país, me ha parecido indispensable no dejar que la fecha de su centenario pasara sin un recuerdo.
Hoy, en 1938, se palpan las consecuencias últimas de la política extranjerizante cuya adopción decidió ALBERDI con su campaña de 1838. Para los partidarios como lo adversarios de esa política, ninguna figura de hace un siglo puede ser en estos momentos más digna de estudio que la de ALBERDI. Así los primeros colocarán sus admiraciones, y los segundos asignarán las responsabilidades, con más justicia. Otras conmemoraciones bullangueras e inoportunas celebradas este año parecen destinadas a confundirlo todo, a extraviar a los unos sobre el verdadero autor de la política aún imperante, y a los otros sobre sus verdaderas consecuencias.

“Por lo que reza con el editor de su correspondencia sólo diré para terminar, que la distinción de que se lo hacho objeto en este cuerpo académico, es mayor que la que puede jamás esperar. Mentiría si dijera que no ambiciono nada. Pero los fracasos políticos o la falta de renombre literario no me produjeron el resentimiento de la ambición decepcionada. Entré en la vida con el privilegio de poder dedicar todo mi tiempo al estudio. Y aunque trabajé toda mi vida con escasa recompensa, por más que trabaje como hasta ahora, jamás devolveré a la sociedad lo que de ella he recibido.
El voto de mis lectores, las distinciones que me otorgaron mis compañeros de causa en el revisionismo histórico, la solidaridad de mis correligionarios políticos en todo el país, sobran para colmar la ambición de quien, en el terreno del espíritu, no necesitaba otra satisfacción que la que procura el estudio en sí mismo”. Ibiden. p. 14.

Cátedra de la Argentinidad: JULIO IRAZUSTA, fue el único miembro del Instituto ROSAS, en ingresar a la Academia Nacional de Historia, 1971-2009, nosotros con el Diario Pampero lo recordamos así.

Editó Gabriel Pautasso
Diario Pampero
nº 152 Cordubensis

Cátedra de la Argentinidad: RP JOSÉ MARÍA LIQUENO, NEMESIO GONZÁLEZ, MONS. AUDINO RODRÍGUEZ Y OLMOS, SOFANOR NOVILLO CORVALÁN, RODOLFO MARTÍNEZ ESPINOSA, MANUEL RÍOS, FRANCISCO J. VOCOS, FRAY MARIO PINTO O.P., FRAY ALBERTO GARCÍA VIEYRA O.P., EMILIO GOUIRÁN, ANGEL T. LO CELSO, RP FRANCISCO COMPAÑY, MANUEL GONZALO CASAS.

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