miércoles, enero 21, 2009

Antisemitismo romano. Lo que calla la historia


El general POMPEYO sujetó la Judea al Imperio en año 66 a.C., más no por ello disfruto de paz duradera, pues pocos años después de la muerte de JESÚS se manifiesta en el pueblo judío una impaciencia feroz contra la dominación latina, la cual se resolvía en insurrecciones seguidas de grandes matanzas de hebreos, como lo prueban las ejecuciones sangrientas de VARO, campaña del ejército de VESPASIANO, la toma de Jerusalén por TITO y el incendio del segundo templo, como trágico epílogo de tan cruel guerra en el año de nuestra era.

En tanto que los demás pueblos asiáticos y europeos, se resignaban a la postre a la dominación latina, decididamente el pueblo judío no podía soportarla. En el año 116 de nuestra era vuelve a registrarse otra furiosa insurrección, la cual no sólo sacudió Palestina, sino también envolvió las colonias israelitas de Mesopotamia, Egipto, Alejandría y Damasco; pero las legiones romanas las ahogaron en sangre, dando muerte a miles de judíos. En la Historia Universal compilada or GUILLERMO ONKEN leemos que sólo en Damasco fueron encerrados en e gimnasio y acuchillados diez mil hebreos. (Historia Universal compilada por Guillermo Onken, trad. Nemesio Fernández Cuesta, Barcelona, 1890, t. 3, p.529).

Como las rebeliones se sucedían las unas a las otras, ya que el espíritu nacional judío es incapaz de sujetarse a una autoridad extranjera, el emperador ADRIANO quiso resolver definitivamente el problema que la rebelión permanente de los judíos planteaba a Roma, para lo cual decretó su expulsión en masa, volcándolos desde Judea sobre el resto del mundo.
Con mayor acierto que NABUCODONOSOR, no los trasladó a la capital del Imperio, ni los llevó en masa a otras ciudades, en las que muy hubieran vuelto a conspirar contra Roma. Consideró que los judíos dispersos entre los diversos pueblos, pronto desaparecerían como raza, absorbidos por el poder de asimilación de las demás naciones, como había acontecimiento a los caldeos, a los cartagineses, a los fenicios y a otos pueblos; pero los arcanos de la Historia reservaban a la humanidad la sorpresa de enfrentarse a una raza extraordinaria, incapaz de ser asimilada por los demás grupos étnicos.

Antes de que las conquistas fulgurantes de Roma en la Judea despertasen tan vivamente el odio israelita contra el Imperio Romano, ya en el interior de éste se habían registrado movimientos antisemitas. A principios del siglo I a. J.C., en la época de MARCO TULIO CICERÓN, nos refiere BERNARD LÁZARE en su obra “El Antisemitismo”, importante investigación, que se levantaron en Roma persecuciones contra los hebreos, las que vuelven a presentarse el año 22 de nuestra era, motivadas por la escandalosa explotación de los potentados judíos avecinados en la ciudad imperial.
ARÍSTIDES ASTRUC, Gran Rabino honorario de Bélgica, en conferencia que sustentó en 1884, al hablar de las grandes actitudes impolíticas de los judíos en la Historia, confiesa los motivos del antisemitismo registrado en Roma en el año 22 de nuestra era. Refiere ASTRUC que una alta dama romana envío ricas ofrendas al templo de Jerusalén por conducto de cuatro prominentes judíos radicados en Roma, quienes guardaron para sí tales dádivas; pero habiendo conocido ese fraude el emperador TIBERIO, expulsó de Roma a todos los judíos. El propio STRUC comenta en seguida el hecho en estos términos:

“¿Por qué los judíos son objeto en Roma, tan tolerante para todos, de prejuicios vivaces, de odios profundos, y por último ley de excepción. Es este uno de los problemas más curiosos y complicados de la Historia. Relata en seguida que en Roma como en Alejandría, había cierto número de malos judíos, príncipes de alta y baja categoría, ávidos de goce y los que no se detenían ante las intrigas, ni ante los escándalos, ni influía sobre ellos, siquiera el pensamiento del perjuicio que podía causar a sus hermanos. Agrega que se toleraba al doctor que vivía apartado en el retiro de su escuela y hasta el rabino que se encerraba en el recinto de su sinagoga, pero el odio se avivaba sobre todo contra los aires llamativos, las existencias ruidosas y aventureras, de esos seres híbridos que, como todos los Herodianos, eran romanos en Roma y judíos en Judea, que no imponían el respeto a sus creencias por la austeridad de su vida y que tampoco satisfacían a los paganos por la defensa forzada que de ellos hacían a manera de limosna”. (Cit. por OSCAR DE FERENZY, en “Los judíos y Nosotros los Cristianos”, edic. cit. págs. 155 y 156).

Como lo confiesa a medias ASTRUC, los romanos veían a los judíos como un pueblo revoltoso, intrigante y corrompido, pues no otros eran los conceptos de los más altos exponentes de la cultura romano-latina. SAN AGUSTÍN DE HIPONA cita un pasaje de SENECA en el que éste se lamenta de que las costumbres judías, en particular la observancia del sábado, hayan invadido a Roma, diciendo textualmente: “Han cundido y prevalecido tanto las costumbres y método de vivir de esta malvada nación (Israel), que están ya recibidos por todas las provincias de la Tierra, y, siendo ellos los vencidos, han dado leyes a los vencedores”. (Citado por SAN AGUSTÍN en “La Ciudad de Dios”, libro IV, cap, XI, p. 395 del tomo I, edit. Librería de Perlado, Paéz y Cia., año 1913).
Tenía razón SÉNECA para quejarse de esta invasión de las costumbres judías, pues como escribe el hebreo moderno EBERLIN, mientras “los intelectuales helenos buscaban el punto de contacto entre la República de PLATÓN y el ideal de MOISÉS, los hombres del pueblo en Grecia, y en Roma, tomaban a los israelitas el sábado, la alimentación ritual y también, en la época republicana, la circuncisión”. (“Los judíos de hoy” por E. EBERLIN, edit. Cit. p. 111).

Para LUCIO CORNELIO TÁCITO eran los judíos gente despreciable y vil, pues los llama “TAETERRIMA GENS”, gente corrompida y torpe, en tanto que para AMMIANO MARCELINO son gente que hiede y apesta en cuanto al cuerpo e intrigantes siempre en el mundo del espíritu: “FOETENTIUM JUDAEORUM ET TUMULTUANTIUM”.

Análisis general del antisemitismo romano

ISRAEL siempre despertó en todas las naciones paganas, así en Egipto como en Babilonia, en Persia como en Jonia, en Antioquía de Siria como en Cirenaica, en Siria como en Mesopotamia en Alejandría como en Roma, olas de indignación y de protesta, y tras éstas radicales medidas antijudías.

Es ésta una valiosa comprobación, pues generalmente el judío actual, cuando el conocimiento de sus contradictores le imposibilita a negar el sordo programa israelita de destrucción de la civilización actual replica tratando de arrojar la responsabilidad histórica de su política anárquica, ya a los príncipes cristianos del Medioevo por sus “prejuicios antijudíos”, ya al “oscurantismo del Tribunal de la Inquisición” y hasta a la Iglesia Católica misma, olvidando intencionalmente que muchos siglos antes de que surgiesen los llamados “prejuicios cristianos”, las antiguas naciones paganas que convivieron con ISRAEL desarrollaron un antisemitismo feroz, ante el cual palidece el antijudaísmo moderno.

El antisemitismo egipcio decretando el infanticidio para destruir a los hebreos, los ninivitas destruyendo a Samaria y haciendo desaparecer a diez tribus de las tribus de Israel, los babilonios arrasando a Jerusalén hasta sus cimientos, AMAN decretando el degüello general en Persia, ANTIOCO IV EPÍFANES persiguiendo el judaísmo con crueldad feroz, TITO destruyendo nuevamente a Jerusalén y pasando a cuchillo a cientos de miles de judíos, practicaron sin duda un antisemitismo incomparablemente más violento que los reyes cristianos de la antigua Inglaterra, que los Reyes Católicos de España, que los zares de Rusia Imperial, y mucho además, y mucho más también que el antijudaísmo que desarrolla la Alemania nacionalsocialista a partir de 1933.

Por eso BERNARD LÁZARE en su obra “El antisemitismo, su Historia y sus Causas”, después de reconocer esta animadversión general hacia el judío, señala sus causas como sigue: “¿Qué virtudes o qué vicios valieron al judío esta universal enemistad? ¿Por qué fue a su tiempo igualmente odiado y maltratado por los alejandrinos y por los romanos, por los turcos y por las naciones cristianas? Porque en todas partes y hasta en nuestras días, el judío fue un ser insociable. Porque jamás entraron a las ciudades como ciudadanos, sino como privilegiados. Querían ante todo, habiendo abandonado Palestina, permanecer judíos y su patria era Jerusalén. Consideraban impuro el suelo extranjero y se creaban en cada ciudad una especie de territorio sagrado (el ghetto). Se casaban entre ellos; no recibían a nadie. (L´Antisémitisme por Bernand Lázare, edic. cit. p. 43 y el texto en castellano: Bernard LÁZARE, El antisemitismo. Su historia y sus causas. Ediciones La Bastilla, Buenos Aires, 1974, pp, 317).

Lo mismo opina el escritor judío KADMI-KOHEN cuando en su libro “Nómades”, expresa: “ La sangre corre por sus venas (las de de Israel) ha conservado su fuerza primitiva, y la sucesión de los siglos no hará sino reforzar el valor de la raza…La historia de este pueblo, tal como está consignada en la Biblia, insiste en todo instante en la prohibición de aliarse con extranjeros… Y en nuestros días como hace treinta siglos, la vivacidad de este particularismo de raza se justifica y se mide por la escasez de matrimonios entre judíos y no judíos. El pueblo es una entidad autónoma y autógena, que no depende de un territorio, NI ACEPTA EL ESTATUTO REAL (LA CONSTITUCIÓN NACIONAL de la R. A.) DE LOS PAÍSES DONDE RESIDE. Y es igualmente ese formidable valor así conferido a la raza, el que explica este fenómeno único y exclusivo: de entre todos los pueblos, uno sólo, el pueblo judío, sobreviviéndose a sí mismo, prolonga una existencia paradójica, continúa una dirección ilógica y, para decirlo todo, impone la fulgurante claridad de la unidad, el signo resplandeciente de la eternidad y la supremacía de la idea, a pesar de todos los asaltos, de todas las desmembraciones y de todas persecuciones ordenadas. Un pueblo ha sobrevivido a pesar de todo… Desde la dispersión (Diáspora o Galut), la historia judía es una paradoja y un reto al buen sentido. Es una monstruosidad vivir durante dos mil años en rebelión permanente contra las naciones donde se vive, E INSULTAR A SUS COSTUMBRES, A SU LENGUA Y A SU RELIGIÓN POR UN SEPARATISMO INTRANSIGENTE. ( “Nómades” – Essai sur l´áme juive – por KADMI-COHEN, edic. F. Alcan, 1929, págs. 26. 28, y 58).

El mito judío de la superioridad racial de Israel, su ideología agresiva e intransigente, sus costumbres exclusivistas, la prohibición de entrar el alianzas con las demás naciones, el imperativo de casarse entre sí, su afición desmedida al comercio y a la usura, su espíritu sutil e intransigente y el desprecio sistemático de la religión (ateísmo) y leyes de los demás pueblos y naciones, son las causas principales del antisemitismo pagano. Y si a ellas agregamos el odio satánico que, a partir de JESUCRISTO, sintieron contra su doctrina y contra la civilización en ella fundado, habremos conocido las causas fundamentales del antisemitismo cristiano.
Esta insociabilidad judía la encontramos tanto en el antiguo Egipto cuando los israelitas se aislaban en la fértil comarca de “Gessen”, como cuando en el Medievo los vemos encerrarse en los “ghettos” de las ciudades cristianas en la baja edad media, o cuando en nuestros días se agrupan en los populosos barrios de las metrópolis modernas. Han sido y serán siempre los mismos.

LA CONNOTACIÓN DE LA PALABRA “ANTISEMITISMO”

En lenguas modernas aparece la palabra “antisemitismo”, para denotar e sentimiento de hostilidad de los no judíos hacia Israel; pero es revelador que en nuestros diccionarios no figure, a la recíproca, un nombre que denote el espíritu agresivo que milenariamente ha tenido el pueblo hebreo hacia las demás razas. La voz “antisemitismo” debería racionalmente existir acompañada de un sustantivo usual que significase el sentimiento “antiario”, “antilatino”, “antiromano”, “antisudamericano” o “sudaca”, etc., o mejor dicho, “antihumano” en general, que Israel ha alimentado siempre .

La ausencia dicho vocablo ha servido bien a la causa judía, ya que a la menor medida que se toma en su contra se lo califica de “antisemita”, con lo cual de antemano esta condenada. No se distingue, al propinar tal calificativo, si hubo fundamento o no para dictar la medida que molesta a Israel, ni tampoco si se trata de una pacífica actitud de prevención del peligro judío o del uso de medios violentos en su contra. Todo lo que no conviene al pueblo judío es antisemitismo, y de allí que este concepto proteiforme sirva también admirablemente a la causa judía. La Santa Sede ha incurrido en imprecisión de lenguaje al no definir el concepto el concepto de antisemitismo, ni distinguir las dos especies que dentro de él existen.

A mi entender hay dos clases de antisemitismo, el uno irreflexivo y violento, y el otro pacífico y sensato: el primero es el que partiendo del mito de la superioridad racial de tal o cual pueblo, como el nacionalsocialista, desprende de allí una serie de medidas vejatorias para los hijos de Israel; el segundo, pacífico y racional, se reduce a prevenir mediante medidas legislativas sensatas y con instrucción documentada y serena, el peligro que corre la religión nacional, la familia, y la patria, de ser absorbidas por el internacionalismo materialistas y ateo de los judíos. Esta última especie de antisemitismo, reivindica una justicia elemental hacia nuestra patria, nuestra cultura y nuestra civilización, las que trata de aniquilar el mesianismo internacional de Israel.

El criterio judío califica de antisemitismo toda medida, aún legislativa, que perjudica a los hebreos, por lo que dentro de concepto tan amplio y general, quedan comprendidas hasta las disposiciones canónicas que han vedado el matrimonio entre cristianos y judíos, las incapacidades dictadas contra éstos por diversos Pontífices Romanos para que pudieran desempeñar los judíos cargos importantes en la curia romana.

URGE por lo tanto precisar nuestro lenguaje y definir los términos del antisemitismo lícito y del antijudaísmo inmoral.

“Señor, sed Rey, no sólo de los fieles que no se han alejado nunca de vos, sino también de los hijos pródigos que os han abandonado. Haced que vuelvan pronto a la casa paterna para que ni perezcan de miseria y de hambre.
“Sed Rey de los que viven en el error o que la discordia ha separado de Vos; devolvedlos al puerto de la Verdad y a la unidad de la Fe para que no haya más que un solo rebaño y un solo Pastor.
“Sed Rey de todos los que están todavía extraviados en las tinieblas de la idolatría o del islamismo y no rehuséis atraerlos a todos a la luz de vuestro reino.
“Mirad, en fin, con misericordia a los hijos de ese pueblo que antiguamente fue vuestro preferido; que también sobre ellos descienda, pero ahora en bautismo de vida y de redención, la sangre que otro tiempo reclamaron sobre sus cabezas…”*.

ACTO DE CONSAGRACIÓN compuesto otrora por LEÓN XIII y completado por SAN PÍO X.

Editó Gabriel Pautasso
gabrielsppautasso@yahoo.com.ar
Diario Pampero Cordubensis nº 170
Instituto Emerita Urbanus

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¡Dios y ellos te salven, ARGENTINA! enero de 2009.


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