martes, enero 20, 2009

Revisión: Revisando la historia para reestablecer la verdad


El revisionismo no es para nosotros ni una “moda” ni una “reivindicación” de un pasado muerto y bien muerto. Quienes se acercan a la historia con ánimos revanchistas, quienes eluden la verdad como consecuencia de incurables “tics” ideológicos, quienes hacen de un episodio una idílica Arcadia cometen un crimen intelectual de lesa humanidad de primera magnitud.
Hoy, en el 2009, la vista atrás ha de ser un acto de libertad que debe comportar un resuelta actitud de capacidad de análisis, comprensión y exposición de los hechos históricos sin anteojeras de ningún tipo. ¿Quién tiene miedo a la historia? ¿A quién le repugna la verdad? Precisamente a aquellos que tienen mucho que ocultar, los manipuladores de cerebros o aquellos otros que, impregnados de un sectarismo ridículo y a todas luces impresentable, se regodean en su propia ignorancia.

Con este Diario Pampero abrimos otro capítulo, “sine ira et studio” (LUCIO CORNELIO TÁCITO, dice “Me veo forzado a dudar si, entre la resistencia que compromete y el servilismo que deshonra, es lícito seguir un camino, distante a la vez de la bajeza y del peligro. Anales IV, 20. Por eso juzga vituperable, aún en tiempos de la tiranía, el sacrificio personal que no beneficia a nadie y prefiere la obediencia silenciosa, digna y altiva, la misma que predica SAN PABLO, que puede beneficiar a todos.), dentro del revisionismo histórico de la Segunda Guerra Mundial 1939-1945. Nuestra misión será la difusión de la Verdad Histórica, algo que en otros se viene realizando desde hace muchos años, por medio de historiadores, investigadores e incluso simples entusiastas, pero todos con la misma meta: restablecer la Verdad.
Aunque aquí en Sudamérica existen editoriales que difunden trabajos y estudios importantes (como “El informe Leuchter”, “¿Murieron realmente 6 millones?, “El mito de Auschwitz” de T. Christophersen, “Holocausto: ¿judío o Alemán? De S. E. Casan, “Absolución para Hitler?” de G. Honsik, “La fábula del Holocausto” de A. Butz, y otras más tratando directa o indirectamente esta cuestión, quaestio disputada. No somos originales y si entusiastas revisionistas, pues ya otros amigos revisionistas lo vienen haciendo desde hace tiempo.

El revisionismo se ha transformado en un movimiento “peligroso” para los “exterminacionistas” es decir, aquellos que apoyan la tesis del Holocausto), porque sistemáticamente a través de estos años ha ido demostrando punto por punto la falsedad de la mayoría de las acusaciones inventadas por los vencedores. Los motivos de todo esto ha sido descripto con gran certeza por al autor británico RICHARD HARWOOR: “Pero la alegación de que murieron seis millones de judíos durante la última guerra mundial tiene, sin embargo, para los ciudadanos de todo el mundo implicaciones políticas de mucho mayor alcance que las ventajas que procuró a la nación judía. Llegamos así a la esencia del problema: ¿Cuál es el porqué de esta mentira gigantesca? ¿Cuál es su objetivo? En primer lugar se ha utilizado para desalentar cualquier forma de nacionalismo. Cuando ciudadanos de cualquier país tratan de afirmar su patriotismo y de preservar su integridad nacional en esta época en que amenazada la existencia misma de las naciones, son de inmediato marcados con el sello infamante de “neo-nazis”. Porque naturalmente, en “nacional-socialismo” hay “nacionalismo”, y todos sabemos lo que entonces lo que entonces sucedió: ¡se exterminó a seis millones de judíos! Mientras este mito se mantenga, los pueblos de todos los países serán sus esclavos; la ONU les meterá en la cabeza la necesidad de la tolerancia y la comprensión hasta que la nacionalidad misma, verdadera garantía de la libertad – sea suprimida”.

Por otra parte es bueno destacar que hay judíos que no apoyan al Sionismo y no creen en el “Holocausto”, como el rabino Elmer Berger, expresidentes del Consejo Americano para el Judaísmo; Haviv Schieber, exalcalde Beer Scheeba y camarada de armas de Menahem Begin y Mosche Dayan y que ahora está viviendo como un refugiado de la persecución sionista en Washington DC; Benjamín Freedman, exsecretario de H. Morgenthau Sr. y quien vió en persona las maquinaciones de los sionistas en la Primera y Segunda Guerra Mundial, además de los miles de judíos acídicos que protestan contra el Sionismo y el Estado de Israel por ser “obra del Diablo”. Tal como lo dijera Ernest Zündel, el gran luchador alemán-canadiense por la Verdad, la Libertad de Expresión y la Justicia, “no todos los Judíos son Sionistas y no todos los Sionistas son Judíos”.

Además de lo dicho se viene registrando un fenómeno con los historiadores como DAVID INVING y JOHN TOLAND, que poco a poco van pasado a la línea del revisionismo a partir de haber visto la gran cantidad de documentos que han ido apareciendo en los últimos años, cambio que lógicamente les ha acarreado serios problemas con el Establishment. En Francia ya existe una legislación “antirrevisionista” que impide poner en duda el “Holocausto” como si el mismo fuera un “dogma” y no un hecho histórico a ser comprobado. Esto parece increíble en un mundo hoy se puede cuestionar la existencia de Dios, la legalidad de las drogas, o de la homosexualidad. Todo menos el “Holocausto”.
El Revisionismo en todo el mundo va creciendo y golpea como las gotas de agua que horadan la piedra. Aquí en la Argentina, luego de casi un siglo y medio, los revisionistas argentinos pudieron hacer sus trabajos sobre Rosas y su época aunque se sigue imponiendo en algunos sectores de estudios la historia oficial. El revisionismo del “Holocausto” y la Segunda Guerra Mundial avanza con mayor rapidez y fuerza debido a las grandes implicancias que conlleva el tema en sí mismo. Pero todos los resultados obtenidos hasta ahora han sido gracias a la persistencia, voluntad y objetividad de todos –historiadores, investigadores, editores y entusiastas en general – han puesto en esta obra. Imitemos el ejemplo porque ¡sólo la Verdad nos hará libres!

LA MENTIRA MÁS GRANDE JAMÁS CONTADA

Arturo SCHOPENHAUER, en el siglo XIX, en una frase lacónica y certera, había condensado de forma lapidaria todo un argumento, una sentencia inapelable: “el judío es el maestro de la mentira”. Pero la mentira creada en olor de holocausto, en torno a la fábula de los “seis millones” de judíos muertos durante la Segunda Guerra Mundial, ultrapasa todos los límites de la imaginación y, por su volumen y tamaño, no dudamos en catalogarla como la mayor y más pertinaz mentira que jamás se haya contado, la tergiversación histórica más sobresaliente y, en cualquier caso, la falsedad que terminará por denigrar al pueblo que la inventó.

LA RAÍZ DE LA SINARQUÍA ES LA MENTIRA. Ahora bien, “Cuando Jesús dijo estas cosas, muchos creyeron en él. Decía, pues, a los judíos que creían en él: Si perseverareis en mi doctrina, seréis verdaderamente discípulos míos, y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Tal el testimonio de San Juan Evangelista, artista, místico y profeta en el cap. VIII, vv. 30 – 59. Ver Sagrada Biblia de ELOINO NACAR FUSTER y ALBERTO COLUNGA CUETO O.P. B.A.C. ; La Santa Biblia, versión de Mons. JUAN STRAUBINGER, 2 vols. Club de Lectores.

Con insistencia enfática, se ha repetido hasta la saciedad, que SEIS MILLONES DE JUDÍOS FUERON GASEADOS O INCINERADOS VIVOS EN HORNOS CREMATORIADOS DURANTE EL ÚLTIMO PERÍODO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL (1944-1945), pero lo cierto y verdad es que en el período de mayo de 1942 a junio de 1944 los propios interesados – los JUDÍOS – no tenían información alguna sobre exterminios masivos, los cuales, de haberse producido, no pudieron haber sido ocultados por mucho tiempo. La conclusión es de una simplicidad infantil: NO HUBO INFORMACIÓN SOBRE EXTERMINIOS DURANTE EL LLAMADO PERÍODICO CRÍTICO y no hubieran podido mantenerse en secretos exterminaciones masivos, POR LO QUE NO LOS HUBO.

Tanto los documentos surgidos durante la guerra, como el compartimiento de los judíos en la Europa ocupada por Alemania, DEMUESTRAN QUE LOS JUDÍOS NO TENÍAN NINGUNA INFORMACIÓN REFERENTE A UN PROGRAMA DE EXTERMINIO (solución final). La resistencia a la deportación era algo raro, y que los judíos se dejarán transportar a los distintos campos, sin ninguna sospecha de que iban a ser exterminados, es algo que ha venido sabiéndose muy bien durante muchos años. Para enfocar el caso de un solo hombre que, ciertamente, tendría que haber estado muy bien informado, tenemos al rabino LEO BAECK “venerada cabeza de la judería alemana”. El rabino demostró, a través una carta que escribió en noviembre de 1942, que no tenía conocimiento algunos de que los deportados judíos estuvieran siendo matados. Además, por sus propias declaraciones de postguerra, se sabe que no previno a otros judíos, porque tales imaginarias matanzas no existían. Es de destacar que las acusaciones existentes durante la guerra, lo que evidencia una mentira urdida en el odio de la revancha.

Ningún gobierno aliado ni sus funcionarios actuaron durante la guerra con la más mínima sospecha de que ningún “holocausto” se estaba produciendo y sus servicios de inteligencia e información nunca produjeron información de ninguna que corroborara tales asertos. El propio Foreign Office (ministro de Relaciones exteriores inglés) nunca creyó las acusaciones de extermino y en el Colonial Office un funcionario las denominó como “material lacrimógeno de la Agencia Judía”. El Gobierno suizo lo consideraba como “propaganda extranjera de rumores de la peor calaña”.

Tampoco el Vaticano creyó jamás las acusaciones de exterminio. La naturaleza amplia y extensa de las operaciones de la Iglesia Católica hubiera sabido de inmediato lo que estaba sucediendo a los judíos. No obstante, no hubo ninguna condena inequívoca referente a extermino de judíos que saliese del Vaticano, incluso después de que los alemanes abandonaron Roma, ni tampoco después de la derrota alemana. Y ello, a pesar de las fuertes presiones impuestas al Vaticano por los Aliados a los efectos de obtener una declaración en que ese sentido de PÍO XII.

No existe un solo documento oficial incautado a Alemania que hable de exterminio alguno, ni existe orden escrito de HITLER para matar judíos, ni hay el más leve atisbo de documento o borrador referente al diseño y a la construcción de cámaras de gas. Para cualquier ingeniero, está completamente fuera de cuestión la posibilidad todos los documentos históricos normales que necesariamente acompañan a proyectos de envergadura, tales como los que forzosamente deberían haber culminado en la construcción de grandes cámaras de gas. Los planos no solamente deben ser dibujados, sino también distribuidos a un número considerable de individuos encargados de ciertos detalles. No hay otro modo de lograr la coordinación indispensable. Incluso si los documentos más importantes son controlados muy de cerca, los distintos individuos intervinientes en el proyecto, reunidos en conjunto, tendrían que poder suministrar detalles – de un modo u otro – y estos detalles compilados, deberían ser coherentes creíbles. Carecemos de esta coherencia en todo lo relativo al llamado holocausto.

A mayor información la resistencia alemana a HITLER, incluyendo a la que estaba enquistada en el aparato de la inteligencia militar alemana, no tenía conocimiento, en modo alguno, de un programa o plan para exterminar a los judíos.

La Leyenda negra acerca de que se había decidido “gasear” a todos los judíos de Europa es tan falsa que ni los propios judíos pueden creer en ella. El Centro Mundial de Documentación Judía Contemporánea en Tel Aviv, Israel no ha tenido más remedio que admitir y reconocer públicamente que nunca existió una “ORDEN DE EXTERMINO”. Pero, por si fuera poco, también hay otros datos sumamente reveladores. El mundialmente conocido historiador inglés DAVID IRVING ofreció diez mil dólares a cualquiera, en condiciones de PROBAR que HITLER supo de una orden o haya emitido personalmente una orden, cualquiera que fuese su texto, para “GASEAR” a una sola persona. Los 10.000 dólares nunca fueron cobrados. El Instituto of Historial Rewiew de los Estados Unidos HA OFRECIDO 50.000 DÓLARES a cualquiera que pueda probar que los “nazis gasearon a una sola persona”. La oferta sigue en pie hasta el día de hoy. El profesor francés PAUL RASSINIER, que no sólo no fue pro-nazi, sino que estuvo detenido en los campos de concentración de Buchenwald y de Dora, pasó años enteros viajando por toda Europa para localizar a alguien que, durante la guerra, hubiese visto realmente una sola cámara de gas; no encontró a nadie.
Siguiendo a JOAQUÍN BOCHACA, quien vive actualmente en Barcelona, NO PUDIENDO REALIZAR NINGUNA ACTIVIDAD son respecto al tema, que ha estudiado a fondo el problema y ha llegado a conclusiones irrefutables, los llamados modernos medios de información que, en honor a la verdad histórica, debieron ser apodados de “Desinformación” han presentado una imagen convencional del problema. El contencioso hermano-judío ha sido fallado por ser la Historia Oficial de la Postguerra de manera totalmente maniquea. Los nazis y, por extensión, los alemanes en su totalidad, eran unos brutos salvajes que encerraban a los judíos de ALEMANIA y de los países que lograron ocupar militarmente en unos campos de concentración de prisioneros o presos, con la finalidad de exterminarlos o hacerlos desaparecer en crematorios y en cámaras de gas gigantescos. Los judíos eran unas inocentes criaturas, que se dejaban llevar mansamente al matadero, entonando a coro el Cantar de los Cantares. Esa imagen ha sido reiterada y repetida ad náuseam, en revistas y periódicos y en todo tipo de expresión escrita, por la radiotelefonía y televisión, en el cinematografía y por todo expresión llámese Internet y las agencias de información, de todos los países del mundo, beligerantes o no en la ultima segunda guerra mundial 1939-1945… Decenas, centenares de filmes, han aparecido y aparecen, aún pasados cincuenta y tres años del final de la contienda, repitiendo obsesivamente el mismo leit motivv: ALEMANES ESTÚPIDOS, NAZIS ASESINOS, JUDÍOS INOCENTES, Y HOLOCAUSTO INFERNAL DE ¡SEIS MILLONES DE PERSONAS!, PERPETRADO CON REFINAMIENTOS DE CRUELDAD INCONSEBIBLES EN SERES QUE SE SUPONEN CIVILIZADOS.
El planteamiento correcto del problema de lo que no damos en calificar como “EL MAYOR FRAUDE HISTÓRICO DE TODOS LOS TIEMPOS” es el siguiente:

1) La tradicional amistad entre Sionismo y el Pangermanismo quedó quebrada cuando a mediados de 1917, aquél traicionó una alianza fáctica, de hecho, y propició el ingreso de los Estados Unidos de América (USA) en la Primera Guerra Mundial 14-18, al lado de los Aliados, lo que originó la derrota de Alemania imperial (junto a el Impero Otomano o Turco, el Imperio Ruso de los Romanov) y el infausto Tratado de Versailles, en cuya redacción participaron numerosos e influyentes judíos, en muchos casos nacidos en Alemania imperial, que como una de las cláusulas de del Tratado fueron liquidados: Alemania, Turquía y Rusia, por la revolución judeobolchevique de 1917-hasta 1993, la famosa implosión de la Unión Soviética, de las 15 repúblicas socialistas y populares.
2) La masiva participación de los judíos en las rebeliones o insurrección de masas modelo Bogotazo, madre de los cordobazos, ocurridas en Alemania entre 1917 y 1925, así como su papel de líderes de los movimientos disolventes y antinacionales, culminando todo ello con una posición con una posición de preponderancia política y económica contribuyó poderosamente al triunfo electoral del Nacionalsocialismo, cuyo programa preveía la asimilación de los judíos alemanes al estatuto de los extranjeros.
3) Los judíos del mundo entero, incluyendo los nativos de Alemania y Austria, declararon de hecho y oficialmente, la guerra mundial al Tercer Reich, no sólo a ADOLFO HITLER, SINO A TODO EL PUEBLO ALEMÁN, y a la NACIÓN ALEMANA.
4) En el transcurso de la guerra, diversos judíos con pasaporte norteamericano, inglés, francés, o apátrida (ex alemanes) coadyuvaron al endurecimiento bélico contra Alemania y a la entrada de Estados Unidos de América en la contienda.
5) Las actividades de los judíos en los diversos movimientos de resistencia, es decir, de francotiradores que combatían sin uniforme, han sido tan voceadas por los propios historiadores de los judíos que no puede extenderse sobre ello. En dichos movimientos de lucha ilegal según las las Convenciones de Ginebra y La Haya, no se olvide, los judíos eran legión.
6) En tales circunstancias, y atendidas los citados precedentes, los civiles constituían, tanto en Alemania, como en los territorios que sucesivamente fue ocupando el ejército alemán en el curso de la guerra, un peligro potencial. Por consiguiente se hizo necesario, en determinados casos, su internamiento…
7) Ese internamiento tuvo que realizarse en campos de concentración de personal enemigo, improvisados en plena guerra, pues los construidos en la pre-guerra para albergue de marxistas y elementos antisociales no bastaban. Con la masiva llegada de prisioneros, especialmente procedentes del frente del Este, la situación en los campos de concentración empeoró, aumentó la tasa de mortalidad, ya normalmente elevada en los campos de prisioneros.
8) La tesis oficial pretende que, mediante gaseamientos, crematorios, fusilamientos en masa y servicios de todo clase, no menos de SEIS MILLONES DE JUDÍOS FUERON DELIBERADAMENTE EJECUTADOS POR LOS NAZIS, SIGUIENDO UN PLAN OFICIAL DEL GOBIERNO ALEMÁN.
9) NUNCA existió NINGÚN programa oficial de EXTERMINIO, no existieron cámaras de gas, y los crematorios tenían como única finalidad la incineración de cadáveres.
10) El “mito de los seis millones” es artificiosamente mantenida en vida por el interés mancomunado y convergente del Sionismo internacional y la Unión Soviética. Para el Sionismo, la pervivencia del mito representa la seguridad de poder continuar contando con Alemania (antes con la República Federal de Alemania) como avalista de los permanentes déficits del Estado de Israel (1948). Es curioso, pero nadie parece sorprenderse del hecho de que sólo se exigían reparaciones de guerra por los supuestos judíos exterminados, al Estado de la Alemania Federal (occidental) y no a la titulada y no a la titulada República Democrática Alemana (oriental), controlada por los comunistas y no-comunistas. Un hecho tan sencillo y a la vez tan sorprende parece haber escapado a todo el mundo.
11) Por otra parte, las alegaciones de exterminación masiva de civiles judíos no tuvieron eco destacado en la prensa de los países Aliados. Solamente a finales de 1944 recrudeció la campaña de acción psicológica sobre los campos de exterminio, pero siempre en noticias de segunda página. Toda acusación del campo Aliado iba seguida de un desmentido alemán, con invitación a la Cruz Roja Internacional a que comprobara la falsedad de tales acusaciones. Acusaciones de unos y desmentidos de otros, son normales dentro de los condicionantes de la guerra psicológica. La mayor virulencia se alcanzó una vez terminada la guerra, con el vencido adversario ya amordazado.
12) Analizando, el terrible fraude histórico, dos consideraciones se presentan de inmediato a la mente de cualquier observador imparcial: a) ¿Para qué matar a los judíos? B) ¿Para qué matarlos de esa manera, precisamente? En efecto, ¿para qué matarlos? Cuando el problema del Tercer Reich era, al enfrentarse a fuerzas muy superiores en número, el de la mano de obra. Parece, pues, muy raro, que disponiendo de tantos judíos, los alemanes los matarán en lugar de utilizarlos, precisamente, como de mano de obra. Las técnicas alemanes de aprovechamiento de trabajo de producción en cadena permitían, además sacar partido de cualquier obrero, débil o robusto, hombre o mujer, en mayor o menor grado. ¿Para que matarlos de esa manera precisamente? La técnica de exterminio, según la versión oficial, consistía, pongamos por caso, en capturar a un judío en Burdeos, llevarlo a Alemania, y, desde allí, vía Bergen-Belsen, Dachau, y Mauthausen, transportarlo a Auschwitz, donde era ya gaseado e introducido en un horno crematorio. ¿Por qué tantas complicaciones? ¿Por qué utilizar trenes, emplear guardianes del ejército alemán, servicios burocráticos y de intendencia, haciendo pasear por media Europa a aquellos cadáveres? ¿Quién se beneficia de esa monstruosa estafa de los “seis millones”? El fraude debe ser mantenido incólume a toda costa, ya que el presupuesto del Estado de ISRAEL que es deficitario, solamente puede ser de nuevo puesto en pie gracias a las indemnizaciones alemanas. Pero para sustentar la perpetuación de este fraude, carente de pruebas que evidencien su realidad, es preciso crear una atmósfera emocional que justifique, a los ojos de las masas ignorantes, las nuevas punciones, necesarias para la supervivencia de Israel y los intereses políticos de tantos estados. Si fuera mínimamente cierto que los nacionalsocialistas ejecutaron de hecho a seis millones de judíos, el Judaísmo solicitaría subsidios y más subsidios para fomentar las investigaciones sobre supuesto genocidio e ISRAEL pondría sus archivos a disposición de los historiadores. Ni el Judaísmo, ni el Estado de Israel lo ha hecho así. Muy al contrario, a todo aquel que ha intentado estudiar el problema investigando seriamente lo han saboteado moral y materialmente. LA ESTAFA DE LOS “SEIS MILLONES” SE MANTIENE A BASE DE “PELÍCULAS” Y DE “NOVELAS” PARA TOCAR LA SENSIBILIDAD DEL PÚBLICO PERO NO LLEGAR A LA VERDAD HISTÓRICA.

Cátedra de la Argentinidad: LUCIO CORNELIO TÁCITO, historiador de Roma.

Editó Gabriel Pautasso
Diario Pampero Cordubensis
nº 161

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