jueves, enero 29, 2009

El chantaje, un arma diplomática


Por Raúl Scalabrini Ortiz

“Luego, bajo la acción de la buena bebida, la conversación se extendió y se distendió. Al día siguiente el capitán PATRÓN LAPLACETTE fue designado interventor de la C. G. T. y El Líder comenzó a quedar prácticamente desintegrado. Me propuse contar esta anécdota y hacer pública la denuncia implicada en ella, arrostrando el peligro de ser encarcelado, para evitar que el mantenimiento en secreto estos hechos, si existieron realmente, pudiese ser aprovechado por la diplomacia extranjera para doblegar la resistencia que las autoridades pudieran ofrecer a las exigencias de los que habían prueba de esa ayuda, si la tenían. El chantaje es una de las armas de la diplomacia y del periodismo. El conocimiento público que daba lugar al desmentido, a la rectificación o a la aclaración, contribuiría a eliminar uno de los puntos débiles del gobierno revolucionario, ya débil por su origen antipopular. La falta de tribunas verdaderamente libres, fue dilatando hasta esta ocasión el relato de la anécdota. Cualquiera haya la sido la ayuda proporcionada, si es que lo fue, con seguridad más importante que la ayuda como elemento de cohesión, es el temor a la difusión del conocimiento de esa ayuda. ¿Será el temor la causa genitora de los nombramientos para los cargos de mayor responsabilidad en los que han sido designados siempre empleados, subordinados, profesionales adscriptos a las antiguas empleados ingleses? Desde este punto de vista, RODOLFO hizo obra de bien al denunciar como posible causa de los desaciertos la posibilidad de que exista un compromiso o de que se esté negociando en el silencio cómplice a costa de la salud y de las conveniencias nacionales, porque ha dado a las autoridades una ocasión para aclarar. Por otra parte, suponemos que el doctor ALENDE ha guardado una copia del contenido de los alambres que por duplicado entregó a las autoridades. La primera vez que ofreció el testimonio, insinúo que ellos testificaban la intervención de la escuadra norteamericana, puesto que se refirió a frases pronunciadas en inglés con típico acento de esa nación. La Cámara de Diputados entendió y toda la ciudadanía con ella, que las grabaciones magnéticas probaban la intervención de la escuadra norteamericana que había llegado para sostener a PERÓN.
La versión de don RODOLFO IRAZUSTA – que coincide con la de corresponsales de Time y Life – demostraría justamente lo contrario: que la escuadra británica intervino para colaborar con el movimiento revolucionario. ¿A cambio de qué? Tal es la pregunta ansiosa que se formula el país. ¿Existió realmente esa ayuda? ¿En qué consistió? ¿Qué compromisos se adquirieron? ¿Quienes suscribieron el compromiso, si existió? ¿El compromiso era específico, taxativo o genérico, indiscriminado y librado a la eventualidad de las circunstancias? ¿Alguien se comprometió a nombrar en los cargos de responsabilidad solo a los viejos allegados a las empresas británicas, como el doctor LAUREMCENA y los ingenieros DANTE ARDIGÓ y MANUEL F. CASTELLO? ¿Alguien se comprometió a dar el IAPI, a trazar la frontera del paralelo 42, a aceptar la asesoría del doctor PREBISCH, a desvalorizar la moneda para que el público argentino no se diera cuenta de inmediato, de la caída de los precios de sus productos de exportación, carne, trigo, etc.? Es absolutamente imprescindible y improrrogable que el doctor ALENDE publique el contenido de su grabación, si como es lógico suponer, ha guardado un duplicado. Y es también imprescindible y improrrogable que el gobierno acuerde una amplia explicación al país, porque no son solamente los dos mil millones de dólares a que se refiere IRAZUSTA los únicos valores disipados.
Hemos perdido el respeto de las otras naciones y hemos despertado apetitos y codicias que permanecían aletargados en expectativa. Hasta ayer solamente elogiaban al gobierno revolucionario los diarios británicos. Ahora han empezado a elogiarlo las publicaciones norteamericanas. ¿Estarán por repartirnos como presas de un pollo. ¿La pechuga para uno, las patas para otros? ¿Carne y trigo barato para Gran Bretaña? ¿Bases para Estados Unidos? Abramos los ojos antes los ojos antes de que sea demasiado tarde. Un hombre decidido y valiente vale más, aunque sólo este armado con un palo de escoba, que un cobarde e indeciso provisto de un fusil de último modelo.
Está comenzando a llegar la hora en que las argumentaciones deberán ceñirse a la verdad de los hechos. No es posible aceptar en silencio y sin protesta que el general ARAMBURU quiera justificar el descenso del nivel de vida del pueblo argentino con el pretexto que “el país esta viviendo a un nivel superior al que permitían sus recursos económicos”, lo cual es absolutamente erróneo (Clarín, 13-6-57).
El pueblo argentino siempre en toda su historia, ha vivido muy por debajo del nivel que le hubieran permitido sus condiciones de trabajo y de inteligencia y los recursos económicos del país, porque desde su nacimiento ha sido explotado por la habilidad de la diplomacia y del comercio extranjeros, predominante británicos. En relación al pasado inmediato, el nivel de vida argentino ha descendido en la medida en que nuestros aportes han contribuido a hacer subir el nivel de vida y los consumos de Gran Bretaña, transfusión económica que es fácil demostrar. Lo que difícil explicarse son las causas que han llevado a las autoridades argentinas a permitir esa transfusión, porque los argumentos verbales y aparentemente doctrinarios sólo pueden engañar a los que creen que con ellos engañan a alguien. La sabiduría del pueblo ya dice que aquí comemos menos y mal para que los británicos coman más y mejor. Y esta es otra de las razones que, junto con los dos mil millones de dólares de que habla IRAZUSTA, deben decidir al gobierno a proyectar un poco de luz sobre estos oscuros antecedentes. No es cuestión de hundir a la República por un poco de petróleo y unas espoletas que pudieron fabricar “los dentistas de Bahía Blanca”.

Raul Scalabrini Ortiz

(Revista QUÉ, nº 135, 18 de junio de 1957, p. 10)

Cátedra de la Argentinidad: VICENTE D. SIERRA, maestro de la historiografía argentina en su monumental “Historia Argentina” y, además, “Historia de las Ideas Políticas en la Argentina”.

Editó Gabriel Pautasso
Diario Pampero Cordubensis nº 179

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